Hay postres que no necesitan grandes complicaciones para funcionar. A veces, con pocos ingredientes y una buena idea, basta para conseguir una receta que guste a todo el mundo. Jordi Cruz lo demuestra con un pastel cremoso de nata y láminas de chocolate crujiente que tiene ese punto de postre de toda la vida, pero con una presentación mucho más cuidada. Es fresco, suave, fácil de comer y con un contraste muy agradable entre la crema y el crujiente del chocolate. Una de esas recetas que pueden acabar apareciendo en muchas mesas porque parece especial, pero se puede hacer en casa sin demasiado misterio.
Los pasteles helados son de esos postres que gustan a todo el mundo cuando hace calor
Un pastel sencillo con nata y chocolate
La base de la receta es muy clara: nata montada, azúcar glas, un poco de gelatina para dar estabilidad y láminas finas de chocolate negro. Para prepararla se necesitan 200 gramos de chocolate negro del 70%, un litro de nata con un mínimo del 35% de materia grasa, 200 gramos de azúcar glas, cuatro hojas de gelatina y 50 mililitros de nata extra para disolverla.
@jordicruzof Una tarta sencilla pero muy especial, con ese punto que recuerda a la infancia. Cremosa, fresca y con el contraste de láminas de chocolate crujiente que marcan la diferencia. Ingredientes: - 200 g de chocolate negro (70% cacao) - 1 litro de nata (mínimo 35% materia grasa, muy fría) - 200 g de azúcar glas (mejor si es aromatizado con vainilla) - 4 hojas de gelatina (2 g cada una) - 50 ml de nata (para disolver la gelatina) Elaboración: 1. Atempera el chocolate. Funde el chocolate al baño maría hasta unos 55 °C. Retira del fuego y enfría con pequeños choques térmicos (por ejemplo, acercándolo a frío) hasta bajar a unos 28-30 °C, trabajando bien la mezcla para que cristalice correctamente. 2. Forma las láminas. Extiende el chocolate en capas finas (unos 2 mm) sobre una superficie lisa y deja que cristalice. Obtendrás láminas crujientes para el interior de la tarta. 3. Hidrata la gelatina. Pon las hojas de gelatina en agua fría durante 5 minutos. 4. Monta la nata. Empieza a montar la nata fría. Calienta los 50 ml de nata, disuelve en ella la gelatina escurrida y añádela a la nata cuando esté a medio montar. 5. Añade el azúcar. Incorpora el azúcar glas poco a poco mientras sigues montando hasta obtener una textura firme y cremosa. 6. Monta la tarta. Alterna capas de nata con láminas de chocolate crujiente, construyendo la tarta con cuidado para mantener las capas bien definidas. 7. Reposo. Lleva al frío hasta que la tarta esté bien firme y lista para cortar. Una tarta fácil, con pocos ingredientes y un resultado espectacular. De esas que no fallan y que, con cada bocado, te devuelven a lo de siempre… pero mejor hecho. #cocina #tips #postres
♬ sonido original - Jordi Cruz
El primer paso es trabajar el chocolate. Se funde al baño maría hasta que llegue aproximadamente a los 55 grados. Después se deja bajar de temperatura hasta los 28 o 30 grados, removiendo y haciendo pequeños choques térmicos para que cristalice bien. Este detalle es importante si se quieren unas láminas brillantes, finas y crujientes. Una vez el chocolate está a punto, se extiende en una capa muy fina, de unos dos milímetros, sobre una superficie lisa. Cuando cristaliza, se pueden cortar o romper las láminas que irán dentro del pastel. Este es el gesto que marca la diferencia, porque convierte un postre de nata en una elaboración mucho más divertida.
La gelatina ayuda a mantener una crema firme
La nata debe estar muy fría antes de montarla. Mientras tanto, las hojas de gelatina se ponen en agua fría durante unos cinco minutos. Después se calientan los 50 mililitros de nata y se disuelve en ella la gelatina bien escurrida.
Cuando la nata principal esté a medio montar, se añade esta mezcla de nata y gelatina. Después se incorpora el azúcar glas poco a poco, mejor si es aromatizado con vainilla, hasta obtener una crema firme pero suave. La gelatina no debe hacer que quede dura, sino que mantenga la forma cuando el pastel repose en la nevera. El montaje es muy sencillo. Se van alternando capas de nata con láminas de chocolate, con cuidado para que queden bien repartidas y no se rompan demasiado. Después solo hay que llevar el pastel al frío hasta que esté bien firme y se pueda cortar sin perder estructura.
Así pues, este postre de Jordi Cruz tiene todo lo que gusta en casa: nata, chocolate, textura crujiente y una preparación más fácil de lo que parece. Recuerdan los postres sencillos de la infancia, pero con un acabado más elegante y más actual.