En el libro The Dogs Bark, podemos encontrar una autoentrevista que se hizo Truman Capote el año 1972. Cogiendo aquellas preguntas y pasándolas por el filtro gastronómico, hemos creado un cuestionario que solo hemos sabido bautizar como El Test(olletes). Para esta pieza inaugural, tenemos el honor de hacer pasar el test a Joan Pera. El actor catalán, que actualmente está en el Teatro Condal con la comedia Junior bajo la dirección de Joel Joan, nos recomienda a continuación sus restaurantes predilectos, los platos que lo vuelven loco y los momentos inolvidables vividos en torno a una mesa.
Para mí, una comida significa compañerismo, reunión, te permite ofrecer a los otros aquello que tú tienes
Si lo que le resta de vida, solo pudiera cenar o comer en un único restaurante, siempre el mismo, ¿qué restaurante sería?
El Racó del Navegant, a Caldetes.
¿Es usted tragón?
No. La comida la disfruto más en poca cantidad, soy bastante parco.
¿Le gusta cocinar en su tiempo libre?
Sí, me gusta mucho.
¿Qué plato no se atreve a cocinar?
La zarzuela. Es un plato que me gusta mucho, pero que me cuesta mucho que me quede bien.
¿Le gusta recibir gente en casa? A comer, quiero decir.
Muchísimo. Para mí, una comida significa reunión, compañerismo, te permite ofrecer a los otros aquello que tú tienes.
El hecho de que, por moda, se quiera disfrazar el sabor de un producto, me saca de quicio
¿Qué cualidades busca en un buen anfitrión?
Que sea discreto y que el protagonismo lo tenga el invitado. Dejar que la gente saboree bien cada plato, cada palabra, cada frase.
¿Qué plato lo hace disfrutar?
Una paella; un arroz a la catalana bien hecho. Es de las cosas que comería siempre. Y la escudella catalana. Como decía Néstor Luján, me arrodillaría delante de una buena escudella.
¿Qué plato no soporta?
Aunque me gusta mucho, soy un poco alérgico al pescado. Procuro comer poco, y más bien pescado de concha que pescado de playa.
¿Hay alguna moda gastronómica que le saque de quicio?
Hay un dicho que dice que la buena cocina lo es cuando las cosas tienen el sabor de aquello que son. Entonces, el hecho de que, por moda, se quiera disfrazar el sabor de un producto, me saca de quicio. Las cosas tienen que tener el sabor de aquello que son.

Si tuviera que trabajar en un restaurante, ¿qué cargo le gustaría ocupar?
El de capitán mandón, supongo. De chef. Pero que las cebollas las corte otro, porque yo me harto de llorar cada vez que corto una.
¿Barra o mesa?
Mesa. La barra es solo para llenar el estómago. No es para matar el hambre. En cambio, la mesa es una fiesta.
¿Refresco o cerveza?
Cerveza.
¿Vino tinto o vino blanco?
Últimamente, el vino tinto tiene que ser muy bueno, muy poco ácido, para que no me haga daño. El blanco, en cambio, pasa muy bien.
¿Carne o pescado?
¡Los dos! La única cosa que pido es que estén en aquel punto donde tengan sabor, porque tanto la carne como el pescado, solos, los encuentro muy sosos.
Me gustaría ser chef, pero que las cebollas las corte otro, porque yo me harto de llorar cada vez que corto una
¿Postres o café?
Café. Un buen café después de comer, no demasiado largo, es una cosa extraordinaria.
¿De entre todas las del mundo, y aparte de la catalana, qué gastronomía destacaría?
La china. Yo encuentro que los chinos tienen el tempo exacto de cocción. Hacen que la carne y el pescado tengan el punto exacto. Tienen mucha paciencia al cocinar.
¿Tiene alguna intolerancia alimentaria?
Las judías me hacen venir pedos. Y los quesos, aunque me gustan mucho, me cuestan mucho de digerir.
¿Mataría un animal para comérselo?
En principio, no. Yo no mataría a nadie, y menos para comérmelo. Aquello que hacen los animales en los vídeos de National Geographic; yo nunca. Ahora, una vez me lo como, sí que pienso "pobre bestia..."
La gastronomía, lo que compramos y comemos, ¿es política?
En el mundo de la alimentación hay intereses económicos que, desde el ámbito político, se favorecen por contentar a las multinacionales. Hay aquel dicho de "el buen paño, en el arca se vende".
Yo no mataría a nadie, y menos para comérmelo. Aquello que hacen los animales en los vídeos de National Geographic; yo nunca. Ahora, una vez me lo como, sí que pienso "pobre bestia..."
Gastronómicamente hablando, ¿cuál sería su placer culpable?
Tengo dos. Uno son las angulas porque, claro está, te estás metiendo allí una cantidad de criaturas... El otro serían las navajas: cuando pienso cuánto cuestan, me siento culpable de estar gastándome aquella pasta.
Imagine que se está ahogando. ¿De entre todas las que le pasarían por delante como si fueran una película, qué vivencia gastronómica recordaría con más estima?
Una vez me invitaron a un club privado londinense, donde se ve que a menudo comía a la reina. Aquella sopa que me trajeron; todo de señores con corbatín y frac sirviéndome aquel plato real, es una de las cosas más especiales que recuerdo.