En una ciudad como Barcelona, donde la gastronomía forma parte del día a día y se mezcla con la rutina de quienes viven el fútbol desde dentro, no es extraño que entrenadores y jugadores encuentren sus propios rituales lejos del foco mediático. Eso es precisamente lo que le ha ocurrido a Hansi Flick, que ha integrado una costumbre muy concreta en sus días de partido, como lo parar en un bar de confianza antes de dirigirse al estadio. No es un gesto casual, sino parte de una preparación que va más allá del terreno de juego.
Hansi Flick tiene su bar de confianza antes del partido
Ubicado cerca del entorno del Spotify Camp Nou, el Bar Milagros se ha convertido en uno de esos lugares fijos para el técnico alemán. Lejos de restaurantes de lujo o propuestas más sofisticadas, Hansi Flick apuesta por un espacio de cocina mediterránea honesta, donde el producto y la ejecución marcan la diferencia y donde se dejan de estridencias innecesarias.
Uno de los grandes atractivos del local es su carta, centrada en recetas tradicionales con toques actuales. Sin embargo, hay platos que destacan por encima del resto y que han conquistado al entrenador, como la tortilla de gambas y los chipirones. Dos elaboraciones que resumen perfectamente la esencia del restaurante. La tortilla, en su versión abierta y acompañada de ingredientes como setas o incluso caviar, combina tradición y creatividad. Por su parte, los chipirones, ya sea en platos como los garbanzos, reflejan ese respeto por el producto fresco que define la cocina mediterránea.
La tortilla de gambas y los chipirones, los favoritos de Flick
Más allá de estos platos, el Bar Milagros ofrece una propuesta amplia donde también destacan opciones como la fideuá, las croquetas, el steak tartar o las vieiras. Todo ello con una base clara: ingredientes de primera calidad y una ejecución cuidada. Para alguien como Flick, acostumbrado a la exigencia y al detalle, este tipo de cocina encaja perfectamente. No se trata solo de comer, sino de encontrar un espacio donde desconectar antes de la presión del partido y poder llegar satisfecho al terreno de juego.
Ese equilibrio entre sencillez y calidad es lo que convierte al restaurante en algo más que un sitio donde comer. Es parte de una rutina, de una preparación mental que empieza mucho antes del pitido inicial. Porque en el fútbol de élite, cada detalle suma. Y en el caso de Hansi Flick, incluso una tortilla de gambas y unos chipirones forman parte del camino hacia la victoria.