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Perejil, cilantro, menta, cebollino o albahaca pueden pasar de estar verdes y aromáticos a aparecer marchitos, oscuros o incluso negros en muy poco tiempo. A menudo, el problema no es que las hierbas sean especialmente delicadas, sino que se guardan mal. Dejarlas dentro de la misma bolsa de plástico con la que llegan del supermercado acostumbra a favorecer la condensación y el exceso de humedad, dos factores que aceleran mucho el deterioro. La buena noticia es que, con un sistema sencillo, se pueden conservar frescas durante más días y evitar tener que tirar medio manojo después de solo un par de usos en la nevera.

Unas hierbas frescas ennegrecidas no son nada agradables de comer

El papel de cocina ayuda a controlar la humedad

El primer paso es revisar bien las hierbas y retirar cualquier hoja que ya esté blanda, oscura o estropeada. Si las laváis antes de guardarlas, es muy importante secarlas bien. No deberían quedar gotas atrapadas entre las hojas, porque esta humedad favorece que se ablanden y se deterioren más rápidamente. Podéis utilizar una centrifugadora de ensalada o simplemente extenderlas sobre un trapo limpio hasta que estén prácticamente secas.

Albahaca. Foto: Pexels

Para el perejil, el cilantro, la menta o el cebollino funciona bien envolverlos suavemente con papel de cocina ligeramente húmedo. No debe estar empapado, solo tener suficiente humedad para que las hojas no se sequen. Después se pueden poner dentro de un recipiente o una bolsa reutilizable, evitando cerrarlos completamente si hay demasiada condensación.

Otra técnica muy práctica consiste en tratar algunas hierbas como si fueran flores. Se pueden cortar un poco los tallos y ponerlos en un vaso con un par de dedos de agua. El perejil y el cilantro responden especialmente bien a este sistema. Si se guardan en la nevera, se puede poner una bolsa suavemente por encima para proteger las hojas, pero conviene cambiar el agua cada dos o tres días.

No todas las hierbas se deben guardar igual

La albahaca es la excepción más clara. Es especialmente sensible al frío y, en muchos casos, la nevera hace que las hojas se ennegrezcan antes. Por eso acostumbra a conservarse mejor a temperatura ambiente, con los tallos dentro de un vaso con agua, lejos del sol directo y de fuentes de calor.

También es preferible no mezclar diferentes hierbas en un mismo recipiente. Algunas sueltan más humedad que otras y, si una empieza a estropearse, puede acelerar el deterioro del resto. Revisarlas cada dos o tres días y retirar las hojas tocadas ayuda mucho a alargar su vida útil.

Si aun así empiezan a perder firmeza, todavía se les puede sacar provecho. Se pueden utilizar para preparar pestos, salsas, aceites aromatizados o sofritos. También se pueden picar y congelar, solas o con un poco de aceite, dentro de una cubitera. El secreto es evitar la combinación más perjudicial: hojas húmedas, poco aire y condensación acumulada. Con un poco de cuidado, las hierbas pueden mantener el color, el aroma y la textura durante bastantes más días.