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Hay recetas que no inventan nada completamente nuevo, pero que cambian tanto la forma de presentar un plato conocido que parecen diferentes. Es el caso de estas hamburguesas rellenas envueltas en masa, una versión muy fácil de preparar que convierte la típica hamburguesa en pequeños panecillos cerrados, crujientes por fuera y jugosos por dentro. La idea es tan sencilla como coger una base de masa, colocar la hamburguesa en el centro y envolverla completamente antes de cocinarla. El resultado es una especie de brioche relleno que conserva todos los jugos de la carne y permite jugar con quesos, salsas y otros ingredientes sin que se caigan por todas partes.

Sin hacer ningún cambio demasiado grande se hace un plato que deja una sensación muy diferente

La clave es convertir la hamburguesa en un relleno

Para preparar esta receta se puede utilizar masa de pizza, masa de pan o incluso una masa tipo brioche si se quiere un resultado más tierno. Hay que dividirla en porciones y estirar cada trozo hasta formar una base lo suficientemente grande para cubrir completamente una hamburguesa pequeña. Lo mejor es no hacerlas muy gruesas, para que así se cocinen bien por dentro y la proporción entre masa y carne quede más equilibrada.

En el centro de cada base ponga una hamburguesa, preferiblemente no demasiado grande. A partir de aquí puede añadir lo que quiera: una loncha de queso, cebolla caramelizada, pepinillos, un poco de mostaza o una salsa espesa. Es mejor evitar rellenos demasiado líquidos, porque pueden dificultar el cierre de la masa y acabar saliendo durante la cocción.

Una vez preparado el relleno, lleve los bordes de la masa hacia el centro hasta cerrar completamente la hamburguesa. Pellizque bien las uniones para que no se abran y coloque cada pieza con la parte cerrada hacia abajo. De esta manera, durante la cocción mantendrán mejor la forma y parecerán pequeños panecillos individuales.

En el horno o en la airfryer, quedan dorados por fuera y jugosos por dentro

Antes de cocinarlos, puede pintar la superficie con huevo batido y añadir sésamo, semillas o un poco de queso rallado. En el horno, funcionan bien a unos 190 °C hasta que la masa quede bien dorada y la carne esté completamente cocinada. En la airfryer también se pueden hacer, reduciendo ligeramente el tiempo y vigilando que no se tueste demasiado rápido la superficie.

La gran ventaja de esta técnica es que la carne se cocina protegida por la masa. Los jugos quedan en el interior y se mezclan con el queso y el resto del relleno, de modo que cada bocado es mucho más intenso que en una hamburguesa convencional.

Además, es una receta especialmente práctica para compartir. En lugar de preparar hamburguesas grandes, podéis hacer piezas pequeñas y servirlas como aperitivo, cena informal o plato para un encuentro. Un formato sencillo que transforma completamente una receta conocida y que, una vez probado, cuesta mucho volver a comer de la misma manera.