Compras un manojo de perejil o de cilantro, usas cuatro hojas y, cuando lo vuelves a buscar, ya ha perdido buena parte de la frescura. Los tallos se han ablandado y las hojas cuelgan, aunque solo han pasado un par de días. Para evitarlo, conviene preparar las hierbas antes de guardarlas: retirar las partes dañadas, recortar los extremos y proteger el manojo con papel ligeramente húmedo. El objetivo es conservar un poco de humedad alrededor de las hojas sin dejarlas empapadas ni acumular agua dentro del recipiente.
Una decepción muy habitual al comprar hierbas frescas para los platos de casa
Un manojo limpio e hidratado antes de entrar en la nevera
Comienza revisando las hierbas y separando las hojas amarillas, oscuras o aplastadas. Si las dejas mezcladas con las otras, se deteriorarán dentro del mismo paquete. Recorta un poco la base de los tallos con un cuchillo o unas tijeras limpias y agrúpalas en un ramo pequeño, sin apretarlo mucho. Así será más fácil manipularlas y repartirlas después dentro de la bandeja, evitando que queden amontonadas y que las hojas más delicadas se aplasten.
Si el manojo está un poco decaído, pon los extremos de los tallos en un vaso con agua fresca durante un rato para que se rehidrate. No es necesario sumergir todas las hojas. Si tienen tierra y las quieres lavar antes de guardarlas, hazlo suavemente con agua fría y escúrrelas bien. Después extiéndelas sobre un trapo limpio o papel de cocina y sécalas con delicadeza. Deben conservar frescura, pero no quedar cubiertas de gotas cuando las pases al recipiente.
Prepara una bandeja o una fiambrera ancha con papel de cocina en la base. Humedécelo con un poco de agua y escúrrelo si has puesto demasiada: debe quedar húmedo al tacto, sin gotear. Coloca las hierbas en una capa poco gruesa y cúbrelas con otra hoja de papel también ligeramente húmeda. Este envoltorio ayuda a limitar la pérdida de agua, mientras el recipiente protege las hojas del contacto directo con otros alimentos.
Papel húmedo, pero sin agua acumulada
Guarda el recipiente tapado en la nevera, en una zona donde las hierbas no queden pegadas a la pared del fondo ni se puedan congelar. Revísalas cuando vayas a utilizarlas: si el papel se ha secado, humedécelo un poco; si está demasiado mojado o presenta suciedad, sustitúyelo. Si ves condensación abundante, seca el recipiente y ajusta la humedad. La señal de que hay que corregir algo es encontrar hojas pegajosas o agua acumulada debajo.
Este sistema es especialmente práctico para hierbas tiernas como el perejil o el cilantro, pero la conservación varía según la especie y el estado inicial del manojo. La albahaca, por ejemplo, es sensible al frío y acostumbra a conservarse mejor con los tallos en agua, fuera de la nevera y lejos del sol directo. En cualquier caso, saca solo la cantidad que necesites y vuelve a guardar el resto enseguida. Prepararlas bien el primer día ayuda a mantenerlas aprovechables y evita que acaben olvidadas dentro de una bolsa húmeda.
