Los cocineros están dejando de hervir la pasta así: el cambio es pequeño, pero el resultado es mucho mejor

Llenar una olla enorme, esperar a que el agua hierva y verter los macarrones es un gesto casi automático. Lo hemos visto hacer toda la vida y parece imprescindible para que la pasta quede bien. Pero la cantidad de agua se puede ajustar mucho más de lo que acostumbramos a pensar. El cambio consiste en cocer la pasta seca con menos agua y aprovechar después este líquido para acabar de ligar la salsa. Una modificación sencilla que tiene sentido cuando entendemos qué pasa dentro de la olla.

En la cocina, los pequeños detalles marcan muchas diferencias, también con los platos más básicos

Menos agua y un ingrediente que ya tenías

Los cocineros han hecho todo tipo de pruebas con diferentes volúmenes de agua: una olla muy llena no es imprescindible para obtener una pasta bien cocida. El agua permite concentrar el almidón que la pasta libera durante la cocción. Así, el líquido que a menudo acaba directamente en el fregadero se convierte en un recurso para mejorar el plato.

Bullir pasta. Foto: Pexels
Hervir pasta. Foto: Pexels

Este almidón ayuda a dar cuerpo a la salsa y a mantener unidos la grasa y el agua. Por eso, cuando añadimos un poco de agua de cocción y removemos, podemos conseguir una textura más cremosa y una salsa que recubra mejor la pasta. Si utilizamos una cantidad enorme de agua, el almidón queda más diluido. Con menos líquido, podemos aprovechar mejor el efecto sin tener que incorporar ingredientes adicionales para espesar.

Ahora bien, reducir el agua exige estar pendiente de la olla. La pasta debe quedar cubierta y hay que remover, especialmente durante los primeros minutos, para que las piezas no se peguen entre ellas. Este movimiento inicial es más determinante que disponer de una gran cantidad de agua. No se trata de apurar tanto que la pasta se quede seca, sino de evitar llenar la olla por costumbre.

El último minuto se juega con la salsa

El otro gesto decisivo llega antes de escurrir. Reserva una taza del agua de cocción y ten la salsa preparada en una sartén lo suficientemente ancha. Pasa la pasta cuando todavía le falte un poco para llegar al punto que te gusta y acábala de cocer con la salsa. Se recomienda este acabado durante uno o dos minutos, incorporando agua de cocción según sea necesario para que el conjunto quede bien ligado.

Añade el líquido poco a poco y remueve antes de decidir si necesita más. El objetivo es que la salsa envuelva cada pieza, con una textura fluida pero con cuerpo. Verter toda la taza de golpe dificulta controlar el resultado. Este acabado también permite comprobar la textura de la pasta mientras se integra con el resto del plato, en lugar de darla por acabada tan pronto como sale de la olla.

Finalmente, evita enjuagarla si la tienes que servir caliente con salsa: eliminarías parte del almidón que quieres aprovechar. Tampoco hay que añadir aceite al agua para impedir que se pegue. Remover durante la cocción y reservar un poco del líquido son gestos más útiles. La próxima vez que prepares macarrones, fíjate también en esta agua turbia: puede ayudarte a conseguir un acabado más cremoso.