Planoles (Ripollès) perderá la única panadería que aún quedaba en el pueblo. Can Quixal bajará la persiana por jubilación y Leonor Bernat, copropietaria del negocio, busca a alguien que tome el relevo para poder seguir dando servicio a Planoles y a los pueblos de alrededor. Bernat explica que ya hay interesados, pero aún no han cerrado nada. Por su parte, el alcalde del pueblo, David Verge, urge al Estado a "desatascar" 12 pisos cerrados en la collada de Toses para solucionar la falta de vivienda que sufre la comarca, principal escollo para los jóvenes interesados en tomar el relevo de Can Quixal
El último horno de Planoles
"Nuestra intención era cerrar el 31 de marzo, pero por respeto y por nuestra conciencia, trabajaremos hasta después de Semana Santa si no encontramos a nadie; lo que no podemos hacer es cerrar la puerta a la gente que nos ha dado tanto", afirma Leonor Bernat. La panadera de Planoles llegó al pueblo con solo 22 años, junto a su marido, Sebastià Quixal, que es hijo de panaderos. Cambiaron Sabadell por el Ripollès para montar su propia panadería. Bernat cree que el oficio se está perdiendo porque los horarios de un horno son al revés que los del resto de la gente. No obstante, subraya que ellos han sido felices y que la juventud puede ganarse la vida si trabaja.

Son muchos los que, desde que en el horno hicieron pública la jubilación, han ido a la tienda a expresar su tristeza por el cierre
En Can Quixal elaboran pan, pero también coca, magdalenas y otros dulces que llenan el vientre y el alma de los vecinos de la zona. Porque el horno no es solo un horno; es un punto de encuentro donde los vecinos hablan, se ponen al día y se cuidan. Son muchos los que, desde que en el horno hicieron pública la jubilación, han ido a la tienda a expresar su tristeza por el cierre.
La vivienda, el principal escollo
De momento nadie ha cogido oficialmente el relevo de la panadería, pero sí que ha habido algunas personas que se han interesado por el proyecto. El principal escollo, sin embargo, es la vivienda. Regentar la panadería de Planoles implica vivir allí, y encontrar un piso no es nada fácil. Para el alcalde, David Verge, este negocio es una gran oportunidad para atraer a una familia nueva que dé vida al pueblo. Explica que se han hecho esfuerzos para revertir la despoblación y en tres años han recibido a 50 vecinos nuevos. Falta, sin embargo, oferta de vivienda asequible. Actualmente, tienen 38 proyectos de viviendas, algunos de atascados y otros con un plazo de ejecución de entre 3 y 5 años. Entre estos, hay un edificio de la Sareb con seis pisos que han ofrecido a la Generalitat, pero que no han recibido respuesta. "Todo es lentísimo y tú dile a un joven o a los propietarios de la panadería que se esperen cinco años más para que se desencalle", denuncia Verge.
"Tenemos la triste particularidad de ser un micropueblo y tener 12 viviendas públicas cerradas desde hace 30 años y disponibles para ir a vivir"
"Tenemos la triste particularidad de ser un micropueblo y tener 12 viviendas públicas cerradas desde hace treinta años y disponibles para ir a vivir", explica, con relación a los pisos del collado de Toses. Denuncia que este es un tema con el que hace más de seis años que batallan con conversaciones con el Estado y Generalitat y nunca se acaba de resolver. Se deberían hacer un mínimo de reformas, dice, y sacar la maquinaria quitanieves que ahora mismo se guarda en los garajes. El alcalde aplaude la apuesta que ha hecho el gobierno de Illa por la vivienda social, pero pide más esfuerzos al mundo rural. "Es un tema muy urgente, no podemos esperar más", se queja.