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La sandía es una de las frutas más agradecidas del verano, pero casi siempre acaba servida igual: cortada en dados, en una bandeja fría o directamente en rodajas. El carpaccio de sandía es una manera mucho más vistosa de llevarla a la mesa sin complicarse nada. Solo hay que cortarla muy fina, añadirle queso feta y acabarla con una vinagreta rápida de miel, limón y aceite de oliva. En cinco minutos se puede tener un entrante fresco, ligero y con ese punto dulce, salado y ácido que hace que parezca una receta de restaurante.

Una simple sandía no hace un plato espectacular, pero hecha carpaccio es muy interesante

Una manera diferente de servir la sandía

La gracia de este plato es que no necesita cocción ni técnica complicada. La sandía hace de base, como si fuera un carpaccio clásico, pero sustituyendo la carne o el pescado por una fruta llena de agua, dulce y muy refrescante. Lo más importante es cortarla en láminas finas. No es necesario que sean perfectas, pero sí que conviene que queden lo suficientemente planas para que cubran bien el plato y absorban mejor la vinagreta.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El queso feta es el contrapunto que equilibra la receta. Como es salado, intenso y un poco desmenuzable, combina muy bien con la dulzura de la sandía. No hay que poner demasiado: con un poco repartido por encima es suficiente para que cada bocado tenga contraste sin tapar el sabor de la fruta. También se puede romper con los dedos para conseguir un acabado más natural y menos rígido.

La vinagreta es igual de sencilla. Se mezcla una cucharadita de miel con el zumo de media limón y una cucharada de aceite de oliva virgen extra. La miel redondea el punto dulce, el limón da frescura y el aceite aporta textura. El resultado no debe ser una salsa pesada, sino un aliño ligero que haga brillar la sandía y dé más profundidad al plato.

El truco para que quede fresco y equilibrado

Para que este carpaccio funcione de verdad, la sandía debe estar bien fría. Si se corta justo antes de servir, conservará mejor la textura y no soltará tanta agua en el plato. También es recomendable montarlo a última hora, para que la vinagreta no ablande demasiado la fruta ni diluya el sabor del queso.

Se puede terminar con pimienta negra, unas hojas de menta o albahaca, o incluso un poco de ralladura de limón si se quiere reforzar el aroma fresco. Son pequeños detalles, pero ayudan a convertir una receta mínima en un entrante mucho más completo. También funciona muy bien como plato para compartir, sobre todo en comidas informales, cenas en la terraza o días de calor en los que no apetece encender los fogones.

Lo mejor de esta receta es que juega con ingredientes muy simples y los presenta de una manera diferente. No hay que hacer nada complicado para que la sandía parezca nueva: cortada fina, aliñada con criterio y combinada con feta, casi sin esfuerzo, se convierte en un carpaccio muy refrescante, rápido y perfecto para aprovechar el verano sin pasar más de cinco minutos en la cocina cualquier día caluroso de verano.