El bizcocho de yogur es una de las recetas más clásicas de la cocina casera. Es fácil, admite pocas complicaciones y tradicionalmente se prepara utilizando el mismo vaso del yogur como medida. Pero que sea sencillo no significa que siempre quede igual. Demasiada harina, unos minutos de más en el horno o una masa excesivamente batida pueden convertir un bizcocho tierno en un resultado seco. En esta versión, pensada para un molde redondo de unos 20 centímetros, el detalle determinante es combinar yogur griego con aceite de oliva y, sobre todo, retirarlo del horno tan pronto como el centro esté cocido. Esto permite conservar la humedad interior y conseguir una miga esponjosa durante más tiempo.
Una receta perfecta para poder hacerla en casa sin complicaciones
Las proporciones para que quede tierno y húmedo
Para prepararlo necesitaremos tres huevos de tamaño L, 165 gramos de azúcar, un yogur griego natural de 125 gramos, 120 gramos de aceite de oliva virgen extra de variedad arbequina, la ralladura de media naranja, 225 gramos de harina de repostería y 16 gramos de impulsor químico. Aunque la receta tradicional permite medirlo todo con el vaso del yogur, pesar los ingredientes ayuda a evitar pequeñas desviaciones que pueden alterar la textura final.
Comenzaremos batiendo los huevos con el azúcar hasta que la mezcla quede más clara y ligeramente aireada. No es necesario montarlos completamente, pero sí incorporar un poco de aire para que el bizcocho tenga una miga más ligera. Añadiremos después el yogur griego, el aceite y la ralladura de naranja. El aceite de arbequina es especialmente adecuado porque aporta grasa y humedad sin dominar la receta con un sabor demasiado intenso.
La harina y el impulsor se incorporan al final, preferiblemente tamizados. En este punto conviene dejar de batir enérgicamente y mezclar solo hasta que desaparezcan los restos de harina. Si trabajamos demasiado la masa, desarrollaremos más gluten y el resultado puede quedar menos tierno y un poco más compacto.
El verdadero secreto es no pasarse con el horno
Abocaremos la masa en un molde de 20 centímetros previamente engrasado o forrado con papel de horno y la coceremos a unos 175 °C, con el horno ya caliente. El tiempo acostumbra a estar entre 35 y 40 minutos, aunque cada horno funciona de manera diferente. Por eso es mejor empezar a controlarlo unos minutos antes que seguir ciegamente el reloj.
El punto correcto llega cuando el centro ha subido, la superficie está dorada y un palillo introducido en el medio sale sin masa cruda, pero aún puede conservar alguna miga ligeramente húmeda. Esperar que salga completamente seco acostumbra a significar que el bizcocho ya ha perdido más agua de la necesaria y comenzará a secarse al enfriarse.
Una vez fuera del horno, lo dejaremos reposar unos diez minutos antes de desmoldarlo. Después se puede dejar enfriar encima de una rejilla. El yogur griego aporta cremosidad, el aceite mantiene la miga tierna y la cocción justa evita que toda esta humedad desaparezca. El resultado es el bizcocho de siempre, con aroma de naranja, pero más esponjoso, jugoso y difícil que quede seco.
