El café con hielo es una de las bebidas más habituales del verano, pero también una de las más fáciles de estropear. Cuando el café caliente se vierte directamente sobre un vaso lleno de cubitos de hielo, estos se funden rápidamente y el agua diluye el aroma, el cuerpo y la intensidad de la bebida. Para evitarlo, muchos baristas recomiendan un truco muy sencillo: preparar cubitos de café y utilizarlos en lugar de los cubitos de agua. De esta manera, aunque se deshagan, no rebajan el sabor, sino que lo mantienen o incluso lo refuerzan.
Un truco muy sencillo para hacer un café con hielo lleno de sabor
Los cubitos de café mantienen la intensidad hasta el final
Para prepararlos, solo hay que hacer un poco más de café de lo que se va a consumir, dejarlo enfriar completamente y repartirlo en una cubitera. Una vez congelado, se puede guardar dentro de una bolsa hermética para que no absorba olores del congelador. Es importante que el café entre frío en la cubitera: poner líquido caliente puede generar condensación, favorecer cristales grandes y alterar la textura obtenida.
Cuando se quiera preparar la bebida, se llena el vaso con dos o tres cubitos de café y se vierte el espresso o el café filtrado. Como el frío ya es intenso, la bebida baja de temperatura rápidamente sin necesidad de añadir una cantidad excesiva de hielo. También se puede completar con leche, bebida vegetal o un poco de crema, según el gusto.
Otra opción es congelar café con leche, aunque en este caso conviene consumir los cubitos en pocos días y mantenerlos bien protegidos. Los de café solo son más versátiles y duran mejor. Además, permiten aprovechar el café que ha sobrado, siempre que no haya estado muchas horas a temperatura ambiente ni haya perdido completamente el aroma.
Enfriar el café antes también evita que el hielo se deshaga demasiado rápido
Si no hay cubitos de café preparados, los baristas recomiendan no verter el café recién salido de la máquina directamente sobre el hielo. Se puede dejar reposar unos minutos, pasarlo a una jarra metálica fría o removerlo con un solo cubito y retirarlo antes de servir. El objetivo es reducir la temperatura inicial para que el resto del hielo no se convierta inmediatamente en agua.
También importa la proporción. Un espresso corto y concentrado resiste mejor la dilución que un café largo. Si se prepara con cafetera italiana o filtro, conviene hacerlo un poco más intenso de lo normal. El vaso debe estar frío y los cubitos de hielo deben ser grandes, porque se funden más lentamente que los pequeños o rotos. La realidad es que el café con hielo no queda aguado solo por culpa del tiempo, sino por una mala combinación de temperatura y proporciones. Los cubitos de café resuelven el problema de una manera simple y práctica. Cuando se deshacen, la bebida mantiene el gusto, el cuerpo y el aroma, y cada sorbo conserva la misma intensidad que el primero.
