El juego no es un mero entretenimiento: es una herramienta educativa esencial. Esta es la firme convicción de Paco López, profesor con amplia experiencia en educación infantil y primaria, que lleva años defendiendo en charlas, talleres y redes sociales que “no hay una mejor manera de enseñar que jugar”. Su visión no es una intuición, sino una síntesis de décadas de investigación en desarrollo infantil y práctica pedagógica diaria.
¿Quién es Paco López y por qué su voz es relevante?
Paco López es docente reconocido en el ámbito educativo por su trabajo innovador en metodologías centradas en el alumno. Ha desarrollado proyectos de aula donde el juego es el eje de todas las experiencias de aprendizaje, integrando conocimientos académicos con habilidades socioemocionales. Su enfoque parte de un principio básico: los niños aprenden mejor cuando están motivados, activos y emocionalmente conectados con lo que hacen.

Para Paco, el juego no se limita a los momentos de recreo, sino que es un vehículo natural para explorar, interactuar y construir conocimiento. Su metodología se apoya en teorías pedagógicas contemporáneas que ubican el juego como puente entre la experiencia y el aprendizaje significativo.
El juego como motor del desarrollo
En cada etapa del crecimiento, el juego cumple funciones específicas:
En la primera infancia (0–5 años), el juego sensoriomotor permite a los niños descubrir su cuerpo, sus capacidades y las propiedades del entorno. Jugar con objetos, correr, saltar y manipular materiales facilita la coordinación, la percepción y el desarrollo neural.
En la etapa preescolar (5–7 años), el juego simbólico (hacer “como si…”) y el juego social comienzan a estructurar el pensamiento lógico y la comunicación. Aquí, los niños practican roles, experimentan empatía y construyen narrativas que organizan su mundo.
En edades escolares (7–12 años), el juego competitivo o colaborativo sirve como espacio para aprender reglas, estrategias, resolución de problemas y trabajo en equipo. A través de juegos de mesa, deportes y simulaciones, el alumnado internaliza normas sociales y mecanismos de cooperación.

Valores y aprendizajes que solo el juego puede enseñar
El juego no solo socializa: enseña valores clave para la vida. Paco López destaca que, jugando, los niños:
Aprenden a respetar reglas y a entender consecuencias.
Desarrollan habilidades sociales, como turnarse, negociar y resolver conflictos.
Fomentan la creatividad al imaginar escenarios, reglas o roles propios.
Practican la resiliencia, pues el juego implica ensayo, error y adaptación.
Fortalecen la autoestima, al experimentar logros autónomos.
Además, el juego promueve el pensamiento crítico. Cuando un niño decide “cómo” jugar, está planteando hipótesis, evaluando opciones y ajustando estrategias, habilidades que son pilares del aprendizaje académico y de la vida adulta.
Conclusión: jugar para aprender, aprender jugando
Para Paco López, el juego no es un lujo ni una recompensa: es la forma más natural de enseñar y aprender. Cuando los niños juegan, están explorando el mundo, interactuando con otros y construyendo significado. En un contexto educativo que a menudo prioriza contenidos memorísticos, recordar que jugar es aprender puede transformar no solo las aulas, sino también la manera en que concebimos el crecimiento de nuestros hijos.
Porque, como dice Paco, el juego no es solo diversión: es educación en movimiento.