El fisioterapeuta, Oliver Lou, ha puesto el foco en un problema cotidiano que muchas personas subestiman: los roces en la parte interna de los muslos. Cuando caminar provoca irritación, es frecuente modificar de forma inconsciente la pisada, separar más las piernas o cargar el peso de manera desigual. Esa compensación puede terminar trasladando tensión hacia la cadera y favorecer dolor en la zona del trocánter, especialmente si se repite cada día y no se corrige a tiempo.
El problema no está en el roce por sí mismo, sino en lo que hacemos para evitarlo. Si una persona empieza a caminar con una postura forzada durante días o semanas, cambia la forma en que trabajan glúteos, pelvis y musculatura estabilizadora. Esa alteración biomecánica puede aumentar la carga sobre los tendones que rodean la parte externa de la cadera.
Caminar diferente puede terminar cargando la cadera
La llamada trocanteritis se engloba hoy con frecuencia dentro del síndrome de dolor trocantérico mayor, que puede afectar a los tendones glúteos y, en algunos casos, a la bursa de la cadera. Los expertos en fisioterapia explican que suele relacionarse con sobrecarga, debilidad muscular, cambios bruscos de actividad y una biomecánica deficiente.
Por eso, caminar de forma distinta para evitar que los muslos se rocen puede convertirse en un factor indirecto de riesgo. Al desplazar el peso hacia un lado, abrir demasiado las piernas o acortar el paso, determinadas estructuras empiezan a trabajar más de lo habitual. Si esa adaptación se mantiene, puede aparecer dolor lateral de cadera al andar, subir escaleras o tumbarse sobre ese lado.
Evitar el roce sin cambiar la forma de caminar
La prevención empieza por resolver la causa inicial sin modificar la marcha. Ropa que reduzca la fricción, prendas técnicas, mantener la piel seca y productos específicos contra las rozaduras pueden ayudar a evitar la irritación. Si ya existe dolor, también conviene observar si se está caminando diferente y recuperar progresivamente una mecánica natural, especialmente cuando la molestia lleva varios días.
Un fisioterapeuta puede valorar fuerza de glúteos, movilidad, apoyo del pie y patrón de marcha para detectar compensaciones. El dolor persistente en la parte externa de la cadera no debe atribuirse automáticamente a una bursitis, porque existen varias causas posibles. La idea importante es sencilla: el roce no genera directamente una trocanteritis, pero caminar mal durante tiempo para esquivarlo sí puede aumentar la sobrecarga de la cadera y favorecer que aparezca dolor, sobre todo cuando esa forma de caminar se mantiene durante semanas sin tratamiento adecuado.
