La inteligencia artificial (IA) ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, transformando muchas facetas de nuestra vida cotidiana. Desde asistentes de escritura hasta herramientas que pueden responder preguntas complejas instantáneamente, estos sistemas ofrecen posibilidades que hace solo una década parecían ciencia ficción. La IA puede facilitar accesos rápidos a información, apoyar la resolución de dudas y proporcionar tutoría personalizada, lo que en teoría puede ser útil para estudiantes.
Sin embargo, esta misma utilidad puede convertirse en una trampa si se usa sin criterio, especialmente en educación. La pedagoga Nerea Riveiro lanza una advertencia clara: “No podemos utilizar ayuda externa para estudiar”. Su mensaje apunta a un problema creciente entre los estudiantes actuales: la dependencia de herramientas de IA para completar trabajos y tareas, que puede socavar el verdadero aprendizaje. Muchos estudiantes tienen acceso fácil a generadores de texto, resúmenes automáticos o respuestas completas —a menudo sin siquiera comprender lo que están presentando—, y eso puede generar una falsa sensación de conocimiento y competencia.
Boom de la IA: ventajas y riesgos para el estudio
La llegada de la IA a la educación tiene aspectos positivos innegables. Puede acelerar la búsqueda de información, explicar conceptos complejos con ejemplos accesibles o incluso adaptar explicaciones al nivel del estudiante. Este tipo de apoyo puede ser útil si se usa como complemento para entender mejor una materia o reforzar conceptos vistos en clase. Además, puede fomentar la autonomía en el aprendizaje al permitir al estudiante explorar temas a su propio ritmo.
No obstante, el uso de IA en el estudio también tiene varios efectos negativos que preocupan a educadores y pedagogos:
Dependencia excesiva: Muchos estudiantes comienzan a usar IA para redactar textos, resolver ejercicios o generar ideas completas, sin hacer el esfuerzo de aprender y comprender por sí mismos.
Disminución del pensamiento crítico: El aprendizaje profundo requiere analizar, sintetizar y evaluar información. Si se recurre a respuestas ya elaboradas por un sistema de IA, se pierde la oportunidad de ejercitar estas habilidades cognitivas esenciales.
Problemas de integridad académica: El uso de textos generados por IA como si fueran propios puede equivaler a hacer trampa, ya que no refleja el conocimiento real del estudiante.
Menor creatividad y autorreflexión: La IA tiende a producir respuestas homogéneas y genéricas, que no siempre estimulan la creatividad individual del estudiante.
Nerea Riveiro señala que esta facilidad de acceso a respuestas completas puede hacer que muchos jóvenes confundan “obtener una solución” con “aprender algo de verdad”. El estudio académico no debe convertirse simplemente en recopilar respuestas, sino en entender procesos, formular juicios propios y desarrollar habilidades que permitan pensar de manera independiente.
Uso responsable de la IA en el aprendizaje
La solución no es demonizar la IA, sino establecer límites éticos y pedagógicos sobre su uso. Algunos expertos recomiendan que los estudiantes utilicen estos sistemas como complemento, por ejemplo para aclarar dudas después de intentar resolver un problema, o para inspirarse pero siempre con criterio propio. Además, las instituciones educativas están empezando a incorporar políticas claras sobre el uso de IA, promoviendo la transparencia y exigiendo que cualquier aporte de IA sea citado y reflexionado críticamente por el estudiante.
En definitiva, como advierte Nerea Riveiro, no se trata de prohibir toda ayuda tecnológica, sino de preservar el propósito educativo real: que los estudiantes aprendan, desarrollen sus capacidades cognitivas y se formen de manera íntegra, sin depender exclusivamente de herramientas externas que puedan reemplazar el verdadero proceso de aprendizaje. Una IA bien empleada puede ser útil, pero usarla como sustituto del estudio pone en riesgo la adquisición de competencias fundamentales para la vida académica y profesional futura.
