La historia de Kike Ferrer es la de una caída profunda y una reconstrucción total. Durante un tiempo vivió en la calle, sin estabilidad ni horizonte claro, hasta que decidió agarrarse a lo único que sabía hacer desde pequeño, arreglar coches. Hoy es el dueño de Talleres Kike, gestiona dos garajes y asegura que sus negocios facturan alrededor de un millón de euros al año, una cifra que simboliza mucho más que éxito económico. Cuenta una historia de vida.
Kike explica que su vida estuvo marcada por decisiones equivocadas y una etapa personal muy complicada. Hubo un momento en el que no tenía nada. Sin embargo, incluso en los peores momentos, nunca perdió el contacto con la mecánica, un oficio que había aprendido desde joven y que terminó convirtiéndose en su salvavidas cuando todo lo demás falló, y de ahí, tocó el cielo.
De la calle a tener un taller propio
El punto de inflexión llegó cuando entendió que no encajaba en trabajos por cuenta ajena. “Me di cuenta de que no servía para ser empleado, yo había nacido para ser jefe”, afirma con rotundidad. Esa convicción le llevó a arriesgar, empezar desde abajo y abrir su primer pequeño taller, que acabó siendo una mina de oro. Con el tiempo, el negocio empezó a crecer. La clientela aumentó gracias al boca a boca y a una forma de trabajar basada en la cercanía, la transparencia y precios ajustados. Ese crecimiento permitió a Kike abrir un segundo garaje y profesionalizar la estructura del negocio, hasta convertirlo en una empresa sólida y rentable dentro del sector.
Hoy, sus talleres generan una facturación anual cercana al millón de euros, una cifra que contrasta radicalmente con la vida que llevaba años atrás. Pero Kike insiste en que el dinero no es lo más importante del camino recorrido..
Un empresario con valores
Kike asegura que el éxito también le obligó a cambiar como persona. “Dejé atrás al Kike malo”, reconoce, en referencia a una etapa marcada por malas compañías y decisiones impulsivas. Ahora se define como un hombre de familia, centrado en su negocio y en ofrecer estabilidad a quienes trabajan con él. En ese sentido, destaca que en Talleres Kike se pagan sueldos dignos y se cuida al equipo. “Si quieres que la gente responda, tienes que tratarla bien”, explica. Para él, el respeto y la responsabilidad son claves para mantener un proyecto a largo plazo.
Así pues, la historia de Kike Ferrer es la de alguien que tocó fondo y supo levantarse apoyándose en su oficio, demostrando que incluso desde la calle se puede construir un futuro sólido, siempre que haya trabajo, determinación y una oportunidad para empezar de nuevo.
