La planificación deportiva del Barça para el próximo verano empieza a perfilar decisiones complejas que trascienden el simple rendimiento individual. Dentro del club existe plena conciencia de que la gestión de los minutos y el desarrollo de jóvenes talentos se ha convertido en uno de los grandes retos del proyecto de Flick. La competencia es feroz y obliga a tomar medidas que deben preservar tanto el equilibrio de la plantilla como la progresión de los futbolistas.
En este contexto aparece el caso de Roony Bardghji, uno de los perfiles con mayor proyección dentro del club. Su talento es indiscutible y en el cuerpo técnico nadie cuestiona su nivel. Sin embargo, la realidad del equipo introduce un elemento determinante como lo es la coincidencia posicional con Lamine Yamal, una pieza estructural del presente y del futuro del Barça.
Un talento atrapado en la competencia
La situación de Bardghji responde a un problema puramente estratégico. Flick valora su calidad y su capacidad para marcar diferencias, pero la estructura del once limita drásticamente sus oportunidades. Compartir espacio con Lamine Yamal hace que jugar se haya convertido en toda una quimera, porque, aunque Flick quiera, no le puede dar más tiempo de juego.

Dentro del club se asume que esta dinámica no cambiará de forma sustancial a corto plazo. Lamine es considerado un activo nuclear del proyecto, un futbolista alrededor del cual se construye buena parte del modelo ofensivo. Esta jerarquía condiciona inevitablemente la progresión de cualquier otro extremo con un perfil similar, independientemente de su potencial.
La salida como solución lógica
Es aquí donde emerge la reflexión que empieza a ganar peso en el conjunto blaugrana. Flick entendería que retener a Bardghji sin poder garantizarle minutos de calidad podría frenar su crecimiento y generar una situación perjudicial para todas las partes. La opción de una salida pactada aparece como una alternativa inteligente y pensada por el bien del jugador, que no se merece estar siempre anclado al banquillo. La cifra que se maneja en el Barça rondaría los 20 millones de euros, una cantidad que permitiría a los culés obtener un retorno económico muy importante mientras el jugador encuentra un escenario donde asumir mayor protagonismo.
Así pues, Hansi Flick entiende que no todos los talentos pueden convivir en el mismo equipo, y en ocasiones la mejor solución pasa por separar caminos. Bardghji es un jugador de enorme proyección, pero el Barça no le puede dar lo que merece.