La Agencia Tributaria ha dado un paso adelante en su estrategia de control con la implantación de sistemas de inteligencia artificial destinados a reforzar la detección de irregularidades fiscales. La digitalización del control tributario se ha convertido en uno de los ejes centrales del modelo actual, especialmente ante el crecimiento exponencial del volumen de datos económicos y financieros que maneja la administración.
El nuevo enfoque tecnológico permite a Hacienda analizar simultáneamente millones de registros procedentes de distintas fuentes. Ya no se trata únicamente de revisar declaraciones individuales, sino de cruzar información bancaria, patrimonial y de actividad económica para localizar patrones que puedan resultar incompatibles con la realidad fiscal declarada por los contribuyentes.
Un sistema que analiza comportamientos, no sanciona directamente
Uno de los aspectos más relevantes de este sistema es su función estrictamente analítica. La inteligencia artificial no impone multas ni inicia expedientes de forma automática. Su misión es identificar situaciones, señalar expedientes de riesgo y facilitar que los inspectores humanos concentren sus recursos en los casos que requieren una revisión más detallada y donde puede haber irregularidades.
Este matiz resulta clave para entender el funcionamiento del modelo. La última decisión siempre corresponde a un inspector, que evalúa el contexto concreto de cada expediente. La IA actúa como una herramienta de filtrado y priorización. El factor humano sigue siendo determinante en cualquier actuación administrativa.
Cruce masivo de datos y detección de incoherencias
La potencia del sistema reside en su capacidad para cruzar grandes volúmenes de información en tiempos muy reducidos. Hacienda integra datos procedentes de entidades financieras, facturación electrónica, registros patrimoniales, alquileres, consumos energéticos e incluso operaciones vinculadas a activos digitales. El objetivo es detectar incoherencias que antes pasaban desapercibidas. Entre los supuestos más habituales figuran ingresos no coherentes con el nivel de gasto, actividades económicas parcialmente declaradas, alquileres omitidos o movimientos inconsistentes.
Además de mejorar la detección, la automatización acelera los procesos de análisis y reduce la carga operativa de los órganos de inspección. Lo que antes exigía largas revisiones documentales puede ahora examinarse mediante algoritmos capaces de procesar información de forma continua. Esto permite a Hacienda actuar con mayor rapidez y precisión.
Así pues, la implantación de inteligencia artificial forma parte de un proceso más amplio de modernización fiscal que avanza hacia un modelo de supervisión cada vez más predictivo y sencillo para los inspactores humanos. La tecnología amplía la capacidad de análisis, pero la base sigue siendo igual, porque hay cumplir correctamente con las obligaciones tributarias y ni la IA ni la persona podrán sancionar.
