Dormir más el fin de semana suele verse como una costumbre poco saludable, especialmente entre adolescentes. Pero un estudio reciente sugiere que hacerlo puede tener beneficios reales para su bienestar mental. En concreto, los jóvenes que logran recuperar parte del sueño perdido durante la semana muestran un menor riesgo de desarrollar síntomas de depresión.
Según los expertos, los adolescentes que durmieron más durante el fin de semana tuvieron un 41 % menos de riesgo de presentar síntomas depresivos en comparación con quienes no compensaron ese déficit. Así que, por mucho que parezca una excusa para quedarse en la cama, puede que en realidad estén haciendo algo bueno por su salud.
El sueño perdido entre semana se acumula
Durante la semana, la rutina adolescente es todo menos tranquila. Entre clases, deberes, actividades, vida social y, en muchos casos, trabajo, el tiempo para dormir se reduce. Además, el cuerpo en esta etapa no ayuda: los cambios en el ritmo biológico hacen que les cueste dormirse temprano, aunque tengan que madrugar igual.
Dormir entre 8 y 10 horas cada noche es lo recomendado, pero no es lo habitual. Por eso, muchos adolescentes llegan al fin de semana con sueño atrasado. Y ahí es cuando dormir un poco más puede convertirse en una forma natural de recuperar el equilibrio.
Dormir más el fin de semana no es malo
Lo que se conoce como sueño de recuperación no significa pasarse el día en la cama. Con dormir una o dos horas más ya se puede notar la diferencia. El descanso extra no solo sirve para estar más despejado, también ayuda a proteger la salud mental.
En el estudio, los jóvenes que lograron alargar el sueño en sábado y domingo mostraron menos síntomas depresivos. Se sentían menos tristes, menos irritables y, en general, más estables emocionalmente. No se trata de una cura, pero sí de una ayuda sencilla y al alcance de cualquiera.
El cuerpo adolescente tiene su propio ritmo
Durante la adolescencia, el reloj biológico cambia. El cuerpo empieza a funcionar con un horario más tardío: les cuesta dormir temprano y necesitan levantarse más tarde. No es pereza ni falta de disciplina, es un proceso natural.
El problema es que los horarios escolares no están pensados para esto. La mayoría de institutos empiezan temprano, obligando a los adolescentes a madrugar incluso cuando su cuerpo aún no está listo. La falta de sueño acumulada puede afectar al estado de ánimo, a la concentración y al rendimiento diario.
Dormir también es cuidarse
En resumen, dejar dormir un poco más a los adolescentes los fines de semana no es mal hábito, ni los convierte en vagos. Si durante la semana no han podido dormir lo suficiente, permitirles recuperar el sueño puede ser una forma sencilla y eficaz de cuidar su salud emocional.
Así que si un sábado por la mañana siguen dormidos a las diez, puede que estén haciendo algo más valioso de lo que parece: recuperando energía y cuidando su bienestar mental.
