El transporte ferroviario de Rodalies, Regional y Media distancia, el más utilizado a diario por cientos de miles de catalanes para gestionar su día a día, volvió a funcionar este viernes. Los maquinistas hicieron un voto de confianza a Renfe, Adif y el Govern, sus tres interlocutores en esta crisis, y reanudaron de manera inestable el funcionamiento de los trenes. La gran mayoría tuvieron retrasos, en algunas zonas del norte y sur del país no salieron, pero fue el primer día en que la compañía pudo garantizar un servicio que la víspera no había podido ofrecer al Govern catalán por la inasistencia de los maquinistas. Evidentemente, es un retorno enormemente frágil, ya que el agua caída ha sacado a la luz pública unas deficiencias en la red que la larga sequía había mantenido en un segundo plano.

Ahora no es así y la falta de inversiones durante muchos años de los diferentes gobiernos españoles ha quedado al descubierto. Como sucede siempre, la política convierte en un pim-pam-pum la responsabilidad de unos y de otros. Pero hay un dato incuestionable. Desde el 1 de junio de 2018, Pedro Sánchez es presidente del gobierno tras ganar una moción de censura y desplazar a Mariano Rajoy. Dentro de unos meses, por tanto, hará ocho años que el dirigente socialista llegó al palacio de la Moncloa. Una situación que recorta el escapismo clásico de Sánchez, ya que no solo ha estado estos últimos años, sino que ya lleva más tiempo gobernando que su antecesor. De hecho, desde 2004, los socialistas han gobernado algo más de quince años, entre Zapatero y Sánchez, por algo más de seis Rajoy.

La desinversión no solo deja a los diferentes gobiernos de España como egoístas, insolidarios y ruines con Catalunya, sino que su actuación roza la de un comportamiento criminal por las consecuencias que puede llegar a tener

La tregua de aparente normalidad tampoco duró todo el día, ya que un desprendimiento de tierras, gráficamente muy exagerado, en la línea R1 de Rodalies obligó a interrumpir completamente la circulación ferroviaria entre las estaciones de Maçanet-Maçanes y Blanes. Todo quedó, por suerte, en un susto. Si no hubiera habido el accidente de Gelida y la suspensión de trenes de estos días, quién sabe lo que hubiera podido acabar pasando, ya que la velocidad del tren era de 30 km/h cuando lo normal es, según aseguran los maquinistas, de 100 km/h. La lentitud de este viernes permitió frenar sin problemas el tren, pero la sensación de que la red tiene problemas ha aumentado la preocupación de todos. Desde viajeros a maquinistas y desde Renfe o Adif al Govern catalán y a la conselleria de Territori.

También el malestar de los maquinistas, que improvisaron en Sants una protesta tras el incidente de Maçanet. Las previsiones de nuevas lluvias este sábado quizás obligue a tirar atrás algunas de las líneas que han funcionado este viernes. En cualquier caso, es evidente que la situación que han generado las lluvias ha abierto en canal el debate de Rodalies: ya no se trata de sus crónicos retrasos y de que no hay día sin incidencia. Ahora, ha emergido un problema mucho más grave: la línea no es segura. La desinversión no solo deja a los diferentes gobiernos de España y a los ministros de Transportes o Fomento, como se llamen en cada momento, como egoístas, insolidarios y ruines con Catalunya, sino que su actuación roza la de un comportamiento criminal por las consecuencias que puede llegar a tener.