El regreso al trabajo tras una baja médica terminó en despido para una trabajadora que llevaba años en la empresa. La compañía decidió extinguir su contrato alegando supuestas faltas de disciplina cometidas antes de la baja, una excusa que acabó siendo desmontada en los tribunales. El caso ha terminado con una declaración de despido improcedente y una indemnización económica importante para la empleada.

La empresa comunicó el despido disciplinario el día después de que la trabajadora se reincorporara a su puesto. En la carta se mencionaban conductas irregulares anteriores a la baja, pero sin concreción ni pruebas. Para la afectada, el motivo del despido no era otro que su situación médica y el tiempo que había permanecido de baja.

Acusaciones sin base y sin coherencia

Durante el juicio, la defensa de la trabajadora puso el foco en que las supuestas faltas disciplinarias no habían sido sancionadas en su momento. La empresa nunca había advertido, amonestado ni abierto expediente alguno antes de la baja, algo que resultaba incompatible con la gravedad que después se intentó atribuir a esos hechos.

El juzgado consideró especialmente relevante que la compañía esperara al regreso de la baja para actuar. Según la resolución, si las conductas hubieran sido suficientes como justificar un despido disciplinario, la empresa debería haber actuado de forma inmediata y no meses después.  Además, el juez destacó la falta de proporcionalidad. Las acusaciones eran genéricas y no se apoyaban en pruebas. Tampoco se acreditó que la trabajadora hubiera incumplido de forma grave sus obligaciones laborales, requisito indispensable para un despido disciplinario válido.

El despido encubría la baja médica

La sentencia concluye que el despido no estaba justificado y que, en realidad, la baja médica había sido el detonante real de la decisión empresarial. Aunque no se calificó como nulo, sí se declaró improcedente, obligando a la empresa a indemnizar a la trabajadora conforme a la ley. La empleada llegó a un acuerdo beneficioso para ella, recibiendo una cuantía económica importante en función de su antigüedad y salario. El fallo recuerda que no es legal rescatar supuestas faltas antiguas para justificar un despido tras una baja, especialmente cuando nunca fueron sancionadas.

Este tipo de resoluciones refuerzan que las empresas no pueden utilizar despidos disciplinarios como vía para deshacerse de trabajadores que han estado de baja o que ya no interesen. Cuando no hay pruebas ni coherencia en los hechos, el despido acaba saliendo caro. Así pues, este caso sirve de advertencia tanto a empresas como a trabajadores, ya que la reincorporación tras una baja no puede convertirse en una excusa para un despido encubierto, porque los tribunales están dispuestos a corregirlo con indemnizaciones significativas.