La decisión de la jueza Nuria Ruiz Tobarra de pedir la imputación del expresident de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón por su actuación negligente el día de la DANA, con el trágico resultado de 230 personas muertas aquel 29 de octubre de 2024, supone un restablecimiento, ni que sea pasajero, de la confianza en la justicia. Hay que esperar que, ahora que la instructora ha elevado una petición al Tribunal Superior de Justicia del País Valencià para que se investigue formalmente a Mazón, sus argumentos se mantendrán, porque son enormemente sólidos. Para empezar, el que es elemento nuclear de la imputación: la jueza cree que la exclusión voluntaria del entonces president de la Generalitat en aquella emergencia tuvo una repercusión decisiva en el resultado mortal y lesivo. Una omisión que considera equiparable a la acción.

Se sustancia, de esta manera, más de un año de larga investigación judicial entre mentiras de Mazón, cambio de versiones y ocultación de información. De hecho, ha costado Dios y ayuda ajustar su horario aquella funesta jornada y su interminable comida en un reservado del ya famoso restaurante de El Ventorro. Para la jueza, desde el momento en que entró en aquel comedor, la emergencia se detuvo y, en consecuencia, hay que imputar a Mazón por su negligencia en tres ámbitos: minimizó la gravedad de la emergencia, fue ajeno a la gestión de la DANA durante seis horas —el tiempo que se alargó la comida de El Ventorro y un periódo de tiempo de uso personal aún no explicado— y, finalmente, porque no constan decisiones relevantes en toda la tragedia. Como consecuencia de todo ello, existen, en opinión de la jueza Ruiz, indicios más que suficientes para poder hablar de una absoluta negligencia de Mazón en la coordinación y gestión de la emergencia en el nivel supremo de capacidad de decisión, que, según el Estatut y la ley del Govern, no es otro que el president de la Generalitat. 

Aquellas seis horas en las que Mazón estuvo ausente fueron un amplificador del número de muertes, ya que nadie se atrevió a adoptar decisiones que no eran suyas

Aunque el Partido Popular logró, finalmente, a principios del pasado mes de noviembre, que Mazón dejara su cargo, el tiempo transcurrido desde la tragedia —más de un año— y el respaldo que le ofreció no le deja en buena posición. Primero trató de ocultar la negligente actuación de Mazón, después puso el ventilador en marcha para que el problema abarcara a otra administración, en tercer lugar, intento moverle la silla, de manera tan suave, que el expresident se agarró a ella con tanta fuerza que los intentos de Alberto Núñez Feijóo fracasaron estrepitosamente. Solo las protestas contra el gobierno del PP en el Pais Valencià y la certeza de que Mazón podía no salir vivo de un proceso judicial llevaron a la dirección popular a dejarle caer. Fruto de todo ello, los conservadores aún no han recuperado sus posiciones electorales, habiéndole robado mucho electorado Vox y, por su flanco izquierdo, habiendo despertado a muchos electores de izquierda, que han dado fuerza en los sondeos electorales a Compromís.

En su exposición razonada de más de cien páginas, la juez parte de la siguiente tesis: existen elementos probatorios que mostrarían que dicha exclusión voluntaria de las funciones propias de la Presidencia de la Generalitat tuvo una repercusión decisiva en el resultado mortal y lesivo. Es decir, aquellas seis horas en las que estuvo ausente, sin comunicación telefónica con su equipo de la Generalitat Valenciana, fueron un amplificador del número de muertes, ya que nadie se atrevió a adoptar decisiones que no eran suyas, al menos, en primera instancia. Esa omisión tiene consecuencias penales que pueden ser consideradas a la realización de una acción, tanto en los fallecimientos como en las lesiones. No adoptó ninguna decisión, que, en la práctica, es equiparable a una actuación errada. En cualquier caso —añade la exposición razonada— no se puede banalizar la permanencia en el restaurante, en una sobremesa interminable, mientras la población sufría los desbordamientos, y ya había padecido un auténtico infierno.