En España existe una creencia extendida de que faltar al trabajo injustificadamente, aunque sea pocos días, da carta blanca a la empresa para despedir al empleado. Sin embargo, como se explica en el vídeo enlazado de Tu_Blog_Fiscal, un despido basado únicamente en siete faltas de asistencia injustificadas puede ser declarado improcedente por los tribunales. Esto significa que el empleador no aportó pruebas suficientes de una causa real y proporcionada para extinguir el contrato, por lo que la sentencia obliga a readmitir al trabajador o a pagar una indemnización.
Cómo funcionan los despidos justificados y cuándo son improcedentes
El Estatuto de los Trabajadores regula los despidos disciplinarios y establece que una empresa puede rescindir el contrato si el empleado incurre en un incumplimiento grave y culpable de sus obligaciones laborales. Entre estas causas se encuentran, por ejemplo:
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Faltas repetidas e injustificadas de asistencia o puntualidad que afecten seriamente al funcionamiento normal de la empresa.
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Desobediencia o indisciplina en el trabajo.
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Ofensas verbales o físicas al empresario o compañeros.
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Abuso de confianza en el desempeño del cargo.
Sin embargo, que la ley contemple estas causas no significa que cualquier ausencia injustificada dé derecho automático al despido. Para que un despido disciplinario sea considerado procedente, la empresa debe demostrar:
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La existencia real de las faltas de asistencia (fechas, duración, periodicidad).
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Que esas ausencias constituyen un perjuicio objetivo para la empresa, más allá de un comportamiento aislado.
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Que el trabajador ha sido advertido previamente sobre las consecuencias de las faltas, con tolerancia cero o con un historial previo que justifique la medida extrema.
Si la empresa no acredita estas circunstancias, los tribunales pueden entender que el despido no tiene causa objetiva suficiente, y, por tanto, es improcedente.
¿Qué conlleva un despido improcedente?
Un despido improcedente implica dos opciones para la empresa:
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Readmitir al trabajador en las mismas condiciones,
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o indemnizarlo con la cantidad establecida por ley (actualmente 33 días por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades, si se trata de contratos posteriores a 2012).
¿Es faltar injustificadamente al trabajo automáticamente causa de despido?
No. Aunque faltar sin justificar no es deseable y puede ser motivo de sanción, no implica de forma automática que el despido disciplinario esté justificado. Especialmente cuando:
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Las faltas son pocas y aisladas (como siete días en total),
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No hay una política interna clara y comunicada sobre las consecuencias,
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No se ha demostrado que esas faltas hayan causado un daño grave o un perjuicio continuado a la empresa.
En muchos casos, la empresa no documenta correctamente las faltas ni acredita su impacto, lo que debilita su posición ante un juez. Por este motivo, en el ejemplo tratado en el vídeo —donde un trabajador fue despedido tras siete faltas injustificadas— el tribunal consideró que no se cumplían los requisitos legales de gravedad y perjuicio, y por eso declaró el despido improcedente.
Faltar al trabajo sin justificar puede tener consecuencias disciplinarias, e incluso justificar un despido si se demuestra que forma parte de un patrón grave y perjudicial. Pero no todas las ausencias injustificadas habilitan de inmediato un despido procedente. La empresa debe probar la gravedad del incumplimiento y el perjuicio real. Si no lo hace, el despido puede ser declarado improcedente, lo que obliga a readmitir al trabajador o a indemnizarlo. Ante situaciones de este tipo, siempre es recomendable asesorarse con un abogado laboralista para evaluar si el despido se ajusta a la legalidad.
