La izquierda se ha movido, ¿y ahora qué? Hay voluntad, pero sin concreciones. Dos pistoletazos de salida con muchas incógnitas y un recolocamiento (al fin) en posición electoral. La nueva Sumar seguirá por los territorios en Andalucía y Catalunya en una gira con los Comunes e IU. Mientras tanto, Gabriel Rufián mantendrá la suya. Quedan cuestiones clave por despejar, entre ellas, qué partido alfa liderará esa coalición, con qué programa o cómo se harán esas primarias. Y nadie parece tener prisas. Antonio Maillo, líder de IU, ha tendido la mano a Podemos para no quedarse “fuera del carril” y “arrinconados”. Pablo Fernández, de Podemos, se ha unido al “hay ganas de izquierdas”, pero la vieja dinámica convivirá con la nueva durante meses.
A la pregunta de qué necesita Podemos para unirse a la alianza de izquierdas, la respuesta es sucinta. Nada, por ahora. Ni siquiera con Yolanda Díaz prácticamente fuera de la carrera lo contemplan. ¿Cuáles son los escenarios que maneja? Según el entorno de los morados, están en ver y analizar qué partidos se están presentando y, “viendo las patas que tienen”, apuntan fuentes. Interpretando los movimientos de la música de la pasada semana, convencidos de que no darán ningún paso a corto plazo.
Si nada se mueve demasiado, es probable que Podemos se presente en solitario a las generales
Si nada se mueve demasiado, es probable que Podemos se presente en solitario a las generales. Por el camino, el reto de ser los más antipáticos de la izquierda y acabar siéndolo de sus votantes. El partido está reducido a cuatro escaños en el Grupo Mixto. Fueron cinco antes de la baja de Lilih Verstrynge. Ahora confían en su hoja de ruta, el liderazgo de Irene Montero y un espacio electoral propio consolidado. Han hecho cálculos y quienes se presentaron el 23J (morados incluidos) obtuvieron un 12%; hoy la demoscopia les da en torno al 5%. Podemos, según cifras internas, mantiene un rocoso 4%. Más de lo que seguramente conseguirían en la alianza. En 2019, Íñigo Errejón rompió con Podemos, lanzó Más País, y se quedaron en el 2,33% del voto y tres escaños. El Podemos de hoy prefiere sus escaños a sumarse. “Antes de entrar a un reparto que va a ser imposible, mejor no mancharse las manos. No discutir y renunciar a la independencia para conseguir lo mismo”, señalan fuentes de la formación. En definitiva, ni habrá unión ni se la espera de momento.
Podemos salió del grupo parlamentario hace dos años y se han dedicado a hacer oposición a la coalición de Gobierno más que a Vox. La unión democrática contra la ultraderecha como único eje de campaña no les interesa. “Ya están aquí”, apuntan. Tampoco las citas autonómicas hasta las generales. Tienen amortizadas esas derrotas. De hecho, lo previsto es que vayan sin Izquierda Unida en Castilla y León y Andalucía. Tras la retirada de Pablo Fernández, actual secretario de organización y anterior candidato en Castilla y León, no tienen relevo y no les interesa un diputado en Valladolid. En Andalucía, con Juan Antonio Delgado, exagente de la Guardia Civil y uno de los dirigentes más veteranos, no competirán por ese escaño con otras marcas, la mayoría débiles electoralmente.
En definitiva, Podemos no tiene ningún incentivo para unirse ahora y hace tiempo que abandonó la coalición de izquierdas o los asuntos que no sean de su exclusivo beneficio. Es Podemos en modo Junts. Pablo Iglesias no ha despejado públicamente si irán en solitario, pero en RNE ha querido evidenciar las debilidades de los cuatro del 23J. “Movimientos, guerra de posiciones, intenciones no explícitas y reforzamientos internos dentro de cada partido”. “No preguntes cómo se ha fabricado la salchicha” —continuaba—, en referencia a la necesidad de “conversaciones discretas”, más “útiles" que las dinámicas hacia fuera y el “suflé de los medios” —remataba. Su opción preferente en caso de unión, el modelo plurinacional de Rufián, está lejos de materializarse y, ante eso, seguirán su camino.
Los que acompañaron a Iglesias en otras legislaturas le recuerdan un “te equivocas de enemigo”. Podemos, desde una mínima representación de lo que fueron, mira desde una indiferencia difícil de entender. Las tres dinámicas, de Gabriel Rufián al nuevo Sumar y Podemos, convivirán durante toda la primavera. Mientras no armen el frente de izquierdas, caminarán desdibujados por las autonómicas con un Vox que grita fuerte y enseñará músculo en Castilla y León. Cuanto más tarden en armar el bloque, se arriesgan a un corrimiento hacia el bloque de oposición desde su posición de gobierno. Pero nadie tiene prisa.