Bad Gyal ha explicado que nunca sintió que sus padres intentaran controlar su música, su imagen o las letras con las que comenzó a abrirse camino. Alba Farelo creció en una familia numerosa, con cinco hermanos y una economía ajustada, pero encontró libertad para construir su identidad artística sin miedo a ser juzgada.
“Mi padre nunca me juzgó por las letras ni por cómo vestía”, ha recordado. Eduard Farelo entendía que Bad Gyal era un personaje, una forma de expresión y una herramienta profesional. En lugar de cuestionarla, le repetía una idea sencilla: si iba a dedicarse a algo, debía hacerlo bien, trabajar con seriedad y aspirar a ser la mejor.
Su padre entendió la diferencia entre Alba y Bad Gyal
Ese apoyo no significaba que la familia pudiera financiar su carrera. Su padre era actor, una profesión inestable, y su madre administraba el dinero para que a ninguno de sus hijos le faltara lo esencial. En casa no había lujos ni una red económica capaz de pagar estudios, videoclips o campañas, de modo que Alba tuvo que buscar recursos.
Antes de alcanzar la fama, trabajó en una panadería y en un centro de atención telefónica. Con ese dinero pagó sus primeras canciones y comenzó a construir un proyecto que no ofrecía garantías. La experiencia le enseñó que el respaldo familiar no siempre consiste en entregar dinero: también puede ser permitir que alguien pruebe, se equivoque y avance.
Una familia que acompañó sin imponerle límites
Bad Gyal ha defendido siempre a su familia con orgullo porque sabe que su libertad artística nació de aquella confianza. Sus padres podían no compartir cada estética, palabra o decisión, pero entendían que el escenario no debía confundirse con la vida privada. Esa separación evitó que Alba tuviera que elegir entre su vocación y la aceptación familiar.
El consejo de su padre terminó convirtiéndose en una norma profesional: hacer las cosas bien, cuidar cada detalle y no tratar la música como un capricho. Mientras su madre hacía “magia” para sostener a cinco hijos, ella aprendió a trabajar para financiar sus sueños. Bad Gyal no surgió de una vida de privilegios, sino de empleos normales, una familia ajustada y unos padres que supieron acompañar sin controlar. Para Alba, aquel respeto fue decisivo: le permitió inventar un personaje provocador sin sentir que estaba traicionando a la persona que seguía siendo al regresar a casa.
