Aunque solemos pensar en la inteligencia artificial como un invento moderno, sus raíces se remontan a más de 2.200 años. Antes de que existieran los microchips, la idea de crear seres capaces de pensar o actuar por sí mismos pertenecía al terreno de la filosofía y la mitología.
Desde el mito griego de Talos, un autómata de bronce diseñado por Hefesto, hasta los inventos del ingeniero medieval Ismail al-Jazari en el siglo XIII (considerado el «padre de la robótica» por sus dispositivos mecánicos programables), la humanidad siempre ha sentido fascinación por replicar la mente y la acción humana. ¿Eso significa que la IA siempre estuvo inmersa en la vida? Veremos cómo han sido los cambios desde el siglo pasado hasta llegar a este momento, una modernidad que no pensábamos que llegaría, al menos de esta forma.
El salto a la era moderna
La transición del mito a la tecnología práctica comenzó a cobrar forma entre los siglos XIV y XIX con los avances en matemáticas y lógica. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo se produjo en el siglo XX. En 1912, Leonardo Torres Quevedo construyó un ajedrecista electromecánico capaz de jugar de forma autónoma, pero no fue hasta 1955 cuando el científico informático John McCarthy acuñó formalmente el término «inteligencia artificial» al proponer un taller de trabajo en el Dartmouth College.
Durante las décadas de 1950 y 1960, la disciplina vivió sus primeros grandes hitos:

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1952: Arthur Samuel creó un programa para jugar a las damas capaz de aprender probabilidades y tomar decisiones.
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1955: Nació Logic Theorist, reconocido como el primer programa de IA enfocado a la resolución de problemas matemáticos complejos. Desarrollado por Allen Newell, J.C. Shaw y Herbert A. Simon.
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1961 y 1966: General Motors introdujo a Unimate, el primer robot industrial en una cadena de montaje, mientras que Joseph Weizenbaum creó ELIZA, el primer prototipo de chatbot centrado en el procesamiento del lenguaje natural.
Evolución, tropiezos y la revolución actual
A partir de la década de 1970, la IA avanzó a través de la robótica (como el robot antropomórfico WABOT-1 en Japón) y la navegación autónoma (el Stanford Cart en 1979). A pesar de atravesar etapas de escepticismo y recortes presupuestarios, conocidas como los «inviernos de la IA», los desarrollos en machine learning y los sistemas expertos mantuvieron viva la disciplina.

El verdadero cambio de paradigma que experimentamos hoy ha sido posible gracias a la explosión del Big Data, las redes neuronales profundas y los grandes modelos de lenguaje. Las herramientas capaces de procesar lenguaje natural a gran escala han democratizado esta tecnología, haciéndola accesible para cualquier persona. Lo que en su día comenzó como una especulación filosófica en la antigüedad es hoy un motor transformador que redefine nuestra sociedad, las industrias y nuestra vida cotidiana.