Tal día como hoy del año 1282, hace 743 años, las tropas de los reyes Pedro II y Constanza, soberanos de la Corona de Catalunya-Aragón desembarcaban en Trapani e iniciaban la conquista de la isla de Sicilia. Aquella operación se llevó a cabo, entre otras cosas, para restaurar en el trono la legítima estirpe real siciliana, representada por Constanza Hohenstaufen, esposa del rey catalanoaragonés. Unos años antes (1266), los Anjou franceses -con el apoyo de la monarquía francesa y del pontificado- habían asesinado y usurpado el trono de Palermo a Manfredo I, padre de Constanza y legítimo rey de Sicilia, por su pertenencia a la casa alemana Hohenstaufen, enfrentada a París y Roma.
Aquella operación militar también tuvo una gran significación. El Casal de Barcelona, tradicional aliado del pontificado, se enfrentaría al nuevo rey siciliano impuesto desde Roma. Sería la primera vez, desde la independencia del condado de Barcelona (988) y la alianza con el pontificado (a caballo entre el año 1000), que los catalanes combatirían contra los intereses de los papas de Roma; y, indirectamente, a favor de sus rivales históricos, los emperadores romanogermánicos. En aquel momento (1282), la Corona catalanoaragonesa ya era una potencia y el cambio de adscripción modificó sustancialmente el peso de los dos bloques que se disputaban el poder continental.
Aquella operación militar, donde los Almogávares tuvieron un papel decisivo (su eficacia maravillaría a Europa) obedecía, también, a un interés estratégico. La isla de Sicilia es la llave que controla el tráfico naval entre las dos mitades del Mediterráneo (el occidental y el oriental). Y el comercio marítimo catalán, en manos de las poderosas clases mercantiles de la Ribera de Barcelona -tradicionales aliadas del estamento real- tenían mucho interés en la posesión de esta isla. La conquista de Sicilia y su incorporación en el edificio político catalanoaragonés, resultaría decisiva para la expansión comercial catalana en el Mediterráneo a través de la red de Consulados de Mar.