El guante de seda del PSOE a la hora de abordar sus relaciones con el PNV se ha transformado, veremos durante cuánto tiempo, en un puño de hierro que ha golpeado directamente la cara de su presidente, Aitor Esteban. En el transfondo, unas declaraciones de Esteban, en una entrevista a Euskadi Irratia, en las que había dicho que había base para avanzar hacia un acuerdo sobre el nuevo estatus entre nacionalistas, socialistas y EH Bildu. Es decir, hacia un nuevo Estatuto de Autonomía que permita mayores cotas de autogobierno en el País Vasco. Algo que incomoda enormemente a los socialistas, sobre todo a los vascos, que temen verse envueltos en una espiral competitiva entre PNV y EH Bildu similar a la que protagonizaron en el pasado el espacio político de Junts —sustancialmente Convergència y después PDeCAT— con Esquerra Republicana. Si ese es el trasfondo, la respuesta fue, cuando menos, desagradable, en una relación entre socios en Madrid y, sobre todo, en Euskadi, donde comparten gobierno.

Un meme socialista que ridiculizaba a Aitor Esteban, distribuido por las redes sociales, tirándose en plancha a una piscina (llena de agua), con una gran pancarta del PNV a la izquierda, mientras es aplaudido por varios seguidores suyos. La imagen había sido generada por inteligencia artificial y es, sobre todo, desafinada, ya que caricaturizar y humillar a tu aliado político con un meme tan desagradable es cuando menos estúpido. Además, el hecho de la piscina llena no es anecdótico, porque el PNV siempre ha defendido que dará el paso hacia un nuevo estatuto cuando haya agua en la piscina. La reacción del PNV fue inmediata: anulación de una reunión en Moncloa que iba a tener el PNV y paralización de otras reuniones con los socialistas vascos. Es, sin duda, el momento de mayor tensión entre ambas formaciones desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, y se ha producido el día en que los nacionalistas vascos han contribuido con una abstención y un voto en contra en el Congreso a hacer más evidente la derrota del gobierno en el decreto de vivienda y en el Consorcio de Inversiones compartido entre el Estado y la Generalitat, una de las piezas clave del pacto de investidura de Illa.

Las dos derrotas parlamentarias de Sánchez las ha liderado Junts per Catalunya y, aunque aritméticamente el resultado no hubiera cambiado, el voto del PNV remarca que el gobierno carece de margen para sacar adelante iniciativas legislativas. Si en la iniciativa de Sumar sobre los alquileres, el resultado estaba más que descontado, no era exactamente la misma situación en la del Consorcio de Infraestructuras. Aquí pierde el gobierno, pero también ahonda la distancia entre Junts, el PSC y Esquerra. Los dos últimos habían acorralado a Junts para que comprara la iniciativa como un primer paso para revertir las inversiones presupuestarias que hoy se pierden. El partido de Puigdemont no se ha movido, alegando que la última palabra en el consorcio dependería del gobierno español y que para que lleguen las partidas presupuestarias no hace falta ningún organismo, ya que la Comunidad de Madrid no lo tiene y el dinero le sale por las orejas, superando incluso lo que se presupuesta.

El PNV ha dado un primer paso para marcar con el gobierno la distancia que le piden desde hace tiempo los empresarios vascos

Pero volvamos a Euskadi. Aunque las relaciones han crujido como nunca, no estamos en la antesala de una ruptura. Pero el PNV ha dado un primer paso para marcar con el gobierno la distancia que le piden desde hace tiempo los empresarios vascos. Y, como en el caso del dentista, PSOE y PNV tienen un terreno de juego limitado. El PSE podría tumbar con Bildu a los nacionalistas vascos, pero eso no pasará. Aún hay mucho miedo en Euskadi a este paso, y automáticamente el partido de Aitor Esteban dejaría caer a Sánchez. No dialécticamente, sino con sus votos en el Congreso. El PNV con eso no juega y, si hay rédito, cambia rápidamente de bando, como demostró, con pocas semanas de diferencia, aprobando los presupuestos de Rajoy y después sumándose a una moción de censura. Pero, con una mirada más a medio plazo, los nacionalistas vascos han empezado a virar. Saben que más pronto que tarde en España mandarán otros. No han dado una puntada sin hilo.