Aunque las dos citas más conocidas de Nicolás Maquiavelo son que El fin justifica los medios y que Es mejor ser temido que amado, si no puedes ser ambas cosas, nada resume, seguramente mejor, el pensamiento del diplomático italiano, considerado el padre de la filosofía política moderna y de la ciencia política, que la frase que se le atribuye de que La política es el arte de engañar. Una expresión que no deja de ser un resumen de su realismo político y que podríamos resumir en que el gobernante debe ser astuto como un zorro para mantener el poder el máximo de tiempo posible, a menudo priorizando la apariencia sobre la realidad para asegurar estabilidad. Porque, ciertamente, la política es el arte de engañar, por más que incomode a sus protagonistas que se les diga, y que el engaño, muchas veces, carezca, en la práctica, de importancia real. Porque de Maquiavelo podría ser perfectamente lo que ha sucedido en Ripoll, donde los dos concejales del PSC han facilitado con su abstención los presupuestos de Silvia Orriols, consiguiendo así sacar adelante, por primera vez en el actual mandato, las cuentas de la capital del Ripollès.
Los dos concejales socialistas dicen que lo han hecho para no tener que volver a pasar por la situación de años anteriores en que la alcaldesa tenía que someterse a una cuestión de confianza para aprobarlos, lo que ponía nuevamente a Ripoll en el foco, ya que los demás partidos, Junts, Esquerra, PSC y la CUP, serían incapaces de ponerse de acuerdo para desbancarla. Si el final va a ser ese, vienen a decir los dos concejales, nos lo podemos ahorrar y que la ciudad viva con una mayor normalidad y lejos de los faros que siempre iluminan, para mal, Ripoll. Pero claro, en la vida, las cosas no son tan fáciles, ya que por en medio hay una cuestión nada menor, que es la coherencia y el discurso. Y no se puede estar hablando de la llegada de la ultraderecha y de cuántos muros se han de levantar para impedir que lleguen al poder y, al mismo tiempo, quererse ahorrar la incomodidad de que Ripoll y Orriols estén en el foco. Es tan ingenuo todo que, incluso, cuesta creer que en una maquinaria tan perfecta como es la socialista, en el mundo municipal, esto haya llegado a producirse.
Cuesta creer que en una maquinaria tan perfecta como es la socialista, en el mundo municipal, esto haya llegado a producirse
Los dos concejales han sido llamados a consultas desde la capital y se les ha dicho que la dirección está en un desacuerdo absoluto con su decisión y que, una vez sean escuchados, se actuará en consecuencia. Todo suena a una expulsión y la pérdida de militancia, ya que el PSC difícilmente tiene margen para hacer otra cosa si no quieren ser acusados de practicar un doble discurso, después de haberle facilitado el único triunfo político que ha logrado desde que fue reelegida en 2023. No es el primer partido que tiene un marrón con sus concejales en Ripoll: en 2023 la ejecutiva de Junts desautorizó a sus tres concejales por no haber alcanzado un acuerdo con el PSC, ERC y la CUP para impedir la investidura de Sílvia Orriols. Pese a las amenazas iniciales de la dirección de que se les impondrían medidas disciplinarias, los concejales han permanecido en el partido sin mayores problemas. Aunque para el partido de Puigdemont aquello fue un problema nada pequeño, es incomparable con el del PSC, que, con su discurso, se sitúa frontalmente frente a Aliança Catalana.
De hecho, en Junts conviven tantas sensibilidades que, en el mundo municipal, muchos alcaldes tienen asumido que, después de las elecciones de 2027, va a ser inevitable alcanzar acuerdos con la formación de Orriols, allí donde se presenten, si con ello evitan pasar a la oposición. Evidentemente, esto se niega, pero en los municipios quienes van a pactar van a ser los concejales y, cuando un grupo político puede alcanzar el poder y sumar una alcaldía más al cómputo general, el final es de sobras conocido. Pero eso será dentro de más de un año, el último domingo de mayo. Ahora todos están haciendo listas, en una larga campaña, fichando candidatos allí donde los encuentran, y el PSC tiene que ver cómo sale de la hoguera en la que se ha metido, si es que es verdad que los dos concejales de Ripoll han ido por libre y su principal pecado ha sido la ingenuidad. Su principal problema es que solo la contundencia de la decisión dará credibilidad a su discurso.