Igual que Lionel Messi ha sido sin discusión alguna el mejor futbolista del planeta y eso se refleja en su palmarés, poca discusión debería haber sobre quién ha sido el mejor entrenador de este primer cuarto de siglo. Pep Guardiola ha creado un nuevo concepto del juego, con el futbol global del que ha dotado a todos sus equipos como seña de identidad. Es evidente que los rankings siempre tienen un punto de subjetividad, pero cuando en ambos casos coinciden jugadores y entrenadores, poco más hay que decir. Messi hizo buena parte de su carrera deportiva en el FC Barcelona —desde que debutó en el primer equipo en octubre de 2004 y lo abandonó en agosto de 2021—, en que recaló primero en el PSG y más tarde en el Inter Miami C.F., equipo en que juega actualmente.
Pep Guardiola ha sido, desde este punto de vista, un trotamundos. Cinco años en el F.C. Barcelona —uno de ellos en el filial—, tres en el Bayern de Múnich y diez en el Manchester City. En total, 41 títulos, los veinte últimos en el City. Para hacernos una idea más precisa, el único equipo conocido a nivel internacional de Manchester era el United y, cuando Guardiola llegó al club, el palmarés a lo largo de la historia eran 25 trofeos, de ellos cuatro ligas en 1937, 1968, 2012 y 2014. En el periodo en el que Pep lo ha dirigido, ha ganado seis de las diez posibles, algo que nunca había sucedido en la Premier, donde repetir título no era nada fácil dada la fuerte inversión económica que hacen los clubes. Es cierto que el City ha gastado mucho dinero en fichajes, pero, por ejemplo, un 40% menos que el Chelsea en esta década, y el fracaso deportivo del equipo de Londres ha sido estrepitoso.
Cuesta imaginarse a Guardiola fuera de su hábitat natural y los que le conocen bien tan solo discuten sobre cuál será su nuevo destino
Esa idea de que gastando más los títulos están asegurados no solo es irreal, sino que no hay que ir muy lejos de la capital catalana para poner encima de la mesa el éxito del equipo presidido por Laporta, que ha ganado tres de las cuatro últimas ligas y las opciones de acudir al mercado de fichajes han sido muy limitadas. El liderazgo en el banquillo lo es todo en un equipo y Guardiola, forzado a abandonar el Barça en su día por una mezquindad de Sandro Rosell, encontró fuera el cariño y el apoyo que le faltaron de la estructura blaugrana. Algo, por otro lado, muy propio de las envidias, egos y miserias en muchas áreas de la sociedad catalana, tan poco acostumbrada a convivir con el éxito.
Ahora Guardiola se tomará, así lo ha anunciado al menos, un año de distancia de los banquillos, con un cargo en la estructura del Group City, pero a sus 55 años hay que confiar en que el de Santpedor retorne al mundo del fútbol. Tantos años en la élite producen un desgaste objetivo y se acumula un cansancio que merece una parada. Pero cuesta imaginarse a Guardiola fuera de su hábitat natural y los que le conocen bien tan solo discuten sobre cuál será su nuevo destino. Quizás una selección, hay apuestas sobre si Italia o, en menor medida, Inglaterra, algo que siempre ha tenido en mente y es uno de los pocos retos que le faltan en su palmarés. ¿El Barça? Creo que es imposible.
