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Cesc Fàbregas ha hablado con mucha sinceridad sobre cómo vivió su etapa de formación en La Masia y hasta qué punto la presión terminó afectando también a su carácter. El exfutbolista recuerda aquellos años como una época de enorme exigencia, en la que cada temporada podía marcar la diferencia entre seguir dentro de la estructura del Barça o quedarse fuera.

La frase con la que resume ese ambiente es contundente: “O continúas, o no continúas”. Todo dependía del rendimiento y esa sensación de examen permanente acabó teniendo consecuencias más allá del fútbol. Fàbregas reconoce que empezó a comportarse de una manera diferente y que tomó decisiones en la escuela de las que hoy no se siente especialmente orgulloso.

La presión diaria terminó cambiando su manera de actuar

El problema no estaba únicamente en entrenar bien o competir contra otros jóvenes por una plaza. Fàbregas interiorizó muy pronto que cualquier bajada de nivel podía comprometer su futuro y eso generaba una tensión difícil de gestionar para alguien que todavía era un niño.

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“Hice cosas en la escuela de las que no estoy orgulloso, la presión diaria me hizo cambiar y me comportaba de manera diferente”, ha explicado. Con el tiempo, ha podido mirar atrás y entender que aquella actitud estaba muy relacionada con el contexto en el que vivía y con una exigencia que todavía no sabía gestionar.

La Masia también fue una escuela emocional muy exigente

Fàbregas terminó llegando a la máxima élite, pero su recuerdo demuestra que el camino no fue únicamente una historia de talento y éxito. Detrás había miedo a quedarse fuera, competencia permanente y una sensación de que cada día podía condicionar el futuro. Eso no significa que reniegue de su formación. La Masia fue decisiva para convertirlo en el futbolista que terminó siendo, pero también le obligó a madurar demasiado rápido en algunos aspectos.

Años después, Fàbregas puede reconocer que aquella presión tuvo un coste y que no siempre supo canalizarla bien. Su reflexión ayuda a entender que incluso los jugadores que terminan triunfando pueden arrastrar recuerdos complicados de sus primeros años. En su caso, la exigencia le abrió el camino hacia el fútbol profesional, pero también cambió durante un tiempo su forma de comportarse fuera del campo.