¿Cómo aprendiste a conducir? Recuerdas quién se sentó a a tu lado, quién te acompañaba o qué sensaciones tuviste? Esta es la premisa del texto de la dramaturga americana Paula Vogel, merecedora de un Premio Pulitzer, que a partir de una experiencia personal de un abuso sexual que sufrió cuando solo tenía once años, explora la compleja relación entre la protagonista y su “tío Peck”, que aprovecha el espacio de las clases de conducción para tejer una manipulación íntima y devastadora.

A través de la Coseta, interpretada por Mireia Aixalà, narra los abusos del Tío Peck, interpretado por Ivan Benet, y siempre acompañados por Alba Gallén,  Blai Juanet y la cantante e intérprete Kathy Sey que encarnan el resto de la familia y conducen la obra con música y bailes. A través de una estructura no lineal se despliega un relato de manipulación y presión familiar que cuestiona los límites del consentimiento y como la memoria es capaz de reconstruir aquello que nos ha marcado para siempre. En esta entrevista el elenco completo disecciona las diferentes partes de la obra, dirigida por Marilia Samper y que se puede ver en la Sala Beckett. Com vaig aprendre a conduir es una de las obras más aclamadas del teatro contemporáneo con un texto que, tres décadas después, continúa sacudiendo y que se convierte en una mirada valiente y necesaria sobre como el recuerdo, el consentimiento y el abuso configuran nuestras vidas.

El elenco de Com vaig aprendre a conduirMireia Aixalà, Kathy Sey, Alba Gallén, Blai Juanet e Ivan Benet. / Foto: Kiku Piñol

¿Cuál es la historia de ¿Cómo aprendí a conducir?

Ivan Benet: Es una obra escrita por Paula Vogel, una autora estadounidense merecedora del Premio Pulitzer por esta obra, que es la historia de la Coseta, una mujer adulta que cuenta en retrospectiva una historia de abuso. Su tío, el tío Peck, empezó a abusar de ella desde los 11 años hasta los 18; y es la historia emulando las clases de conducción del mismo tío, y va explicando el contexto en el que ocurre esto dentro del ámbito intrafamiliar.

¿Por qué en ningún momento oímos el nombre real de Coseta?

Mireia Aixalà: Yo creo que es porque la cosifican.

Ivan Benet: Sí, la primera forma de abuso ya es quitarte el nombre.

¿Qué pensó cuando leyó el texto por primera vez?

Alba Gallén:
Yo no me lo leí de una tirada, porque vi que la historia era bastante heavy para irla digiriendo poco a poco. Entonces me pareció una historia muy fuerte, pero que estaba muy bien explicada.

¿Por qué creéis que Paula hizo este retrato tan preciso de la pederastia?

Ivan Benet: Porque es autobiográfico. Paula Vogel ha confesado ahora años más tarde, que una vez muerta su madre pudo explicar que era una historia que le había pasado a ella. Lo que pasa es que los padres y las madres hacen de tapones de muchos problemas.

Kathy: Una de las cosas interesantes que nos comentaba Paula de cuando pudo escribir esta obra es que ella necesitaba tiempo para perdonarse a ella misma y poner al tío en un lugar en el cual poderse relacionar. No para entender qué le pasó o por qué lo hizo, sino en un lugar más humanizador para poder atravesar como un poco este trauma.

Mireia Aixalà i Ivan Benet en una de les escenes de Com vaig aprendre a conduir / Foto: Kiku Piñol

Ahora en el cine existe la figura de coordinador de intimidad que ayuda a gestionar escenas de sexo o intimidad. En esta obra hay un abuso sexual bastante explícito. ¿Habéis necesitado esta figura para gestionar la escena? ¿Y tú, Alba, has tenido que establecer algún límite al manoseo para sentirte más cómoda?

Alba Gallén:
Vino desde dirección que era necesario poner mi cuerpo para que se viera bien, pero no hacía falta tampoco ser explícitos. O sea, lo hemos gestionado mucho desde la comodidad de los dos y desde el respeto. También hemos jugado bastante con un efecto óptico, que permite que la gente se imagine lo que se tiene que imaginar y ya está.  

Ivan Benet: La figura de coordinador de intimidad existe, pero en este caso no se nos planteó tampoco que hubiera la opción. Trabajamos con la directora desde la complicidad y desde el respeto máximo. Albert Pasqual tuvo una idea genial, que le pusiera el peto a Alba, que de alguna manera tapaba o impedía que se viera.

La actriz y cantante Kathy Sey en una escena de Com vaig aprendre a conduir / Foto: Kiku Piñol

En esta obra jugáis con la música, el claqué, la mímica e incluso con el humor. ¿Qué diferencia esta obra de otras de temática similar?

Blai:La propuesta de la dramaturga es desde este lugar. Y tuvimos la suerte de conocerla y de cenar con ella y fue muy guay ver que de una situación tan dura ella también ha usado todo esto para salir de ella. La obra ya está bastante propuesta desde este concepto del coro griego, la música ya te hace un grito, pasadlo bien con la música, os doy estos referentes, pero haced lo que queráis. Y a Marília le encantaba decir, tú qué, ¿sabes hacer, esto? Venga, esto lo meteremos aquí, y también es uno de los grandes fuertes, que puedas reír y después que sea tan impactante. Que no tengas que estar las dos horas sufriendo.

Mireia Aixalà: Es muy brechtiana la obra, hay muchas rupturas, no es una historia lineal de una niña a la que abusan a los 11 años, sino que se explica una escena y se sale. Yo creo que eso es lo que la hace más amena y más fácil de digerir.

¿Con qué sensaciones creéis que salen las mujeres y con qué sensaciones creéis que salen los hombres después de ver la obra?

Ivan Benet: Las estadísticas dicen que una de cada cuatro mujeres ha sido abusada. Por lo tanto, hay más mujeres abusadas en la platea que hombres. Yo creo que el impacto es mayor en las mujeres. Es verdad que interpela mucho más a las mujeres porque es una cadena tan heteropatriarcal la de los abusos.

Kathy: Tengo la sensación de que crea la necesidad de revisitar tu historia, sin haber pasado necesariamente por un abuso.

Yo me refería a sensaciones concretas, yo hago salir sintiendo asco, rechazo, ganas de vomitar...

Mireia Aixalà: Ah, sí, sí. Mucha gente ha dicho que el tío Peck le da asco.

Ivan Benet: Nunca me habían dicho que daba tanto asco en mi vida, sí.

Blai: Y es una obra fuerte y es habitual también terminar y ver gente llorando en el público.

Sois actrices y actores de diversas generaciones, ¿ha habido espacios para que cada uno aportara sus ideas?

Mireia Aixalà: Sí, todo el mundo aporta cosas diferentes, sus ideas y sus puntos de vista. Entonces la directora decide si lo compra.

Una de las escenas más desgarradoras de Com vaig aprendre a conduir / Foto: Kiku Piñol

¿Hasta qué punto creéis que la Coseta se enamora de su tío o es manipulación? Y quién es responsable de este abuso?

Mireia Aixalà: Hombre, la última está clarísima. El responsable es el tío Peck. Y el entorno que lo permite.

Alba Gallén: Hace falta todo un pueblo para abusar de una criatura.

Ivan Benet: El responsable es el tío y sus circunstancias, su entorno que lo va permitiendo, su pasado que se insinúa que quizás él ha sido una persona abusada. Por lo tanto, no ha sido capaz de romper esta cadena que está comprobabilísimo que muchos abusos vienen de esta cadena no rota, en consecuencia yo creo que el responsable es él y todo el pueblo. Y en cuanto al enamoramiento o no de la Coseta es muy compleja esta pregunta.

Mireia Aixalà: Yo creo que Coseta sí que se enamora desde el enamoramiento de una niña de 13 años, que tiene un señor adulto, guapo, que la escucha que la hace sentir bien, que la hace sentir inteligente, con una familia que solo se meten con ella y hay un hombre que la escucha. No es un amor adulto ni un amor real. Lo que tiene que frenar esto es el tío Pec. O sea, ella no es responsable de lo que pasa. Además no tiene padre Coseta. Es un enamoramiento paternal, no de una relación de hombre-mujer sexual, aquí es donde se confunde todo porque el señor es el que lo ensucia.

Kathy: Es el enamoramiento del referente paternal, ella se agarra aquí, yo creo que son las dos cosas, es enamoramiento y es manipulación.

Com aprendre a conduir a la Sala Beckett / Foto: Kiku Piñol

¿Y en qué momento creéis que es consciente?

Mireia Aixalà: Ella es consciente cuando se va a la universidad, que coge distancia y aquí es donde se da cuenta de lo que ha pasado. Ella, tal como está escrito, todo el tiempo intuye cosas, que va diciendo esto no está bien, pero claro, si tienes un señor que cada semana está contigo y te va comiendo el coco, tú pierdes la perspectiva. Cuando vuelve y decide romper con esta relación, a pesar de que le duele romper con esta relación, porque claro, hay algo que está enganchado a este señor, pero la única forma de romper esto es no verlo nunca más, y es doloroso, pero cree que lo tiene que hacer; sin embargo, solo puede hacerlo cuando coge distancia.

Blai: Como el síndrome de Estocolmo. Es la complejidad de decir: “Lo quiero y lo odio y quiero que se muera y a la vez quiero que esté bien”.  

¿Creéis que si la directora hubiera sido un director, la mirada sería diferente?

Alba Gallén: Pues, seguramente.

Ivan Benet: Yo creo que es importante que sea una directora. Esto no quiere decir que algún director hombre lo aborde de una manera ultraconsciente y sensible. Pero, quien más lo ha atravesado son las mujeres, por lo tanto, hayas vivido un abuso sexual o no, sabes mucho más en qué situación está la cosificación de una misma.

Mireia Aixalà: Al final, de una manera o de otra, lo hemos vivido un poquito todas, el abuso del tío Peck. De cosas, siendo mujer, nos han pasado a todas.

Mireia Aixalà y Alba Gallén en una escena de Com vaig aprendre a conduir  /Foto: Kiku Piñol

Kathy, ¿tú todavía percibes racismo en el teatro?
Probablemente hace unos años no se habría planteado que yo, a pesar de formar parte del coro griego, estuviera haciendo el papel de una madre y de la tía de una familia donde todo el resto son blancos. Y yo creo que una de las cosas interesantes de esta propuesta es que no hay cuestionamiento y es el juego actoral, directamente. Hace unos años seguramente esto se habría puesto más en duda. O sería más cuestionado y cada vez más creo que se está abriendo la puerta a que actores y actrices racializados hagamos de todo. Como el resto de compañeros blancos. Evidentemente, todavía picamos piedra y eso no quiere decir que esté todo solucionado, pero por suerte la cosa va avanzando y también tiene mucho que ver con quién hay detrás, quién está dirigiendo quién está produciendo. Yo supongo que también cuanta más diversidad haya de miradas en estos lugares de poder, pues más naturalizado estará los puntos de vista que se den desde aquí, estará más abierto a tener miradas más diversas.

Cuando leísteis que la tía Mary acusa a su sobrina, Coseta, de provocar al tío y ser la culpable, ¿cómo os sentisteis?

Kathy: Se nos ha educado mucho desde el lugar de competir entre mujeres. Ahora, por suerte, las cosas están cambiando, pero es algo que hemos oído, que lo hemos visto, y al final siempre, muchas veces en estas situaciones de abuso o de violencias, se pregunta qué hizo ella para provocar eso. Entonces, eso es una cosa sistémica. La tía está representando la mirada patriarcal de la sociedad. No es solo la acusación de la tía sino de todo el sistema.

Mireia Aixalà: La tía Mary está escrita desde un lugar de hace años. Yo creo que hoy en día, me gustaría pensar que pensaría diferente. Mary debió nacer en los años cincuenta y es como de una generación bastante anterior.

Ivan Benet: Yo pensé, “mierda”, porque, la obra está escrita el año 97 y pensé, hostia, desafortunadamente es muy vigente, porque hoy en día nos encontramos todavía en muchas situaciones en las cuales la primera persona que se cuestiona es la víctima.

Mireia Aixalà: Yo creo que las mujeres sí que hemos avanzado, que hay una cosa de comunidad de mujeres, que ya no se cuestiona a la víctima.

Ivan Benet: Sí, pero yo pensé en el caso Rubiales.

Mireia Aixalà: Bueno, pero muchas mujeres salieron defendiéndola; quizás hace 20 años no habrían salido.

Ivan Benet: Ostras, cuántos cuestionamientos leí o recibí y tal de qué había hecho ella.

Mireia Aixalà: La mayoría eran de hombres.

Los protagonistas Mireia Aixalà i Ivan Benet en una escena de Com vaig aprendre a conduir