Zaragoza, 5 de septiembre de 1414. Fernando de Trastamara, el candidato ganador del Compromiso de Caspe (1412), era coronado rey de Aragón. Pocos meses antes había sido nombrado conde de Barcelona y, sucesivamente, sería investido con el resto de coronas de los diferentes estados que, en aquel momento, formaban el edificio político catalanoaragonés. Tradicionalmente, se ha considerado la coronación de Fernando ―el primer monarca de la estirpe castellana de los Trastamara en el trono de Barcelona― como el inicio de la sustitución gradual y progresiva de la lengua aragonesa en beneficio de la castellana. Sin embargo, la investigación historiográfica reciente ha puesto de relieve que este proceso de sustitución se había iniciado mucho antes. ¿Por qué razón la lengua aragonesa cedió terreno al castellano y, en cambio, no lo hizo en beneficio del catalán?

Representación de Zaragoza (1647), obra de Mazo / Fuente: Museo del Prado

¿Qué era la lengua aragonesa?

El aragonés era ―y es― una lengua latina de la rama de las lenguas iberorromances. Como el castellano, el asturiano, el gallego o el portugués. No es el caso del catalán, que con el occitano y el francés forma parte de las lenguas galorromances, aunque algunos estudiosos actuales sostienen que la lengua catalana tiene más parentesco con las lenguas del tronco italorromance. Sea como sea, lo que sabemos es que el aragonés nació hacia el siglo IX en los Pirineos Centrales, en el solar del condado navarro de Aragón ―sobre el territorio de las actuales comarcas de la Jacetania, Alto Gállego y Sobrarbe―. Y sabemos, también, que la lengua aragonesa se proyectó hacia el sur (la llanura oscense y el valle del Ebro) siguiendo la expansión territorial de los primeros reyes aragoneses (siglos X y XI) y, todavía más, la de los primeros condes-reyes catalanoaragoneses (el Bajo Aragón, siglos XII y XIII).

Las lenguas anteriores

El aragonés fue la lengua del Aragón medieval (siglos IX a XIV), pero, desde un principio, tuvo que convivir con otras lenguas que tenían una raíz histórica más profunda o que habían sido importadas durante la expansión cristiana. En el primer caso, sabemos que el protovasco (que las fuentes de la época llamaban basquenz) era la lengua popular de buena parte de aquella sociedad. Y sabemos, también, que las bolsas de población morisca que habían quedado dentro de los nuevos dominios cristianos conservarían su lengua (un sincretismo local de árabe, de amazig y de latín vulgar anacrónico) durante siglos. Lenguas muy diferentes del aragonés, que era la lengua de las élites ―sobre todo urbanas―, del comercio y de la evangelización. Mucho antes de que las tropas del rey Alfonso el Batallador alcanzaran la línea del Ebro (1118), la sociedad aragonesa ya era plurilingüe.

Grabado de Daroca (1779), obra de Palomino / Fuente: Biblioteca Nacional Hispánica

Las lenguas posteriores

La conquista de los valles del Ebro (Zaragoza, 1118), del Jalón (Calatayud, 1120) y del Jiloca (Daroca, 1120) representarían un antes y un después en la historia del pequeño reino de Aragón. En tan sólo dos décadas, Alfonso el Batallador había duplicado la superficie del reino. Sin embargo, por otro lado, Aragón no contaba con los recursos demográficos suficientes para colonizar aquellos territorios tan vastos de nueva incorporación y el rey Alfonso ―que también era monarca de Pamplona― recurrió a contingentes de colonos de sus dominios más occidentales (Haro, Nájera, Miranda) que hablaban castellano o dialectos orientales del castellano. Estas colonizaciones introducirían la lengua castellana en Aragón, con la particularidad de que, en el transcurso de los siglos posteriores, aquel castellano importado adquiriría los giros propios y característicos de un dialecto local.

De lengua de cancillería a lengua local

No obstante, desde el siglo IX hasta el siglo XV, el aragonés fue la lengua de la cancillería (del poder) y la lengua franca (la más conocida y la más prestigiada). Y, muy probablemente, fue la lengua de uso social mayoritario. Pero este predominio se empezó a deshacer a finales de centuria de 1300, mucho antes de la coronación del castellano Fernando de Trastamara (1414). Las fuentes documentales de la época delatan que las clases oligárquicas de Zaragoza (nobleza, clases mercantiles) habían iniciado un proceso de abandono del aragonés en beneficio del castellano que se intensificaría en el transcurso del siglo XV y que se extendería como una mancha de aceite por el territorio durante los siglos XVI en XIX hasta reducir el dominio lingüístico a la matriz original (los valles pirenaicos aragoneses).

Grabado de Bujaraloz (1668), obra de Baldi / Fuente: Biblioteca de Florencia

Lengua e intereses económicos

La gran cuestión que plantea este fenómeno es: ¿por qué puestos a abandonar la lengua propia del país las oligarquías aragonesas se inclinaron hacia el castellano, que en aquel contexto era una lengua más extranjera que el catalán? Y para contestar a esta cuestión no hay una respuesta única, sino que aquella deserción respondía a la suma de varias causas. Una sería la culminación de un largo y progresivo alejamiento de las élites catalanas y aragonesas, que, a pesar de formar parte de un mismo edificio político, nunca habían compartido los grandes proyectos políticos y económicos de la Corona. Otra sería que, simultáneamente, las oligarquías aragonesas se habían acercado a las castellanas por una cuestión de comunión de intereses económicos. Y otra sería que castellano y aragonés eran dos lenguas muy similares que facilitaría este "abrazo del oso".

El retroceso del aragonés

La desaparición del aragonés en Zaragoza (siglo XV) impulsó la castellanización de la mitad sur del país. Cuando se casaron los Reyes Católicos (1469), el aragonés ya había desaparecido del Bajo Aragón y estaba retrocediendo en el valle del Ebro. Cuando Felipe V liquidó a sangre y fuego los Fueros de Aragón (1707), el aragonés ya había reculado al norte de los Monegros. Y a principios del siglo XX, el aragonés ya estaba recluido en los valles pirenaicos. El aragonés ha retrocedido hasta casi desaparecer (sólo lo hablan 20.000 personas) porque las élites del país se castellanizaron. Pero, también, porque las clases populares lo abandonaron. Históricamente, el imaginario popular ―fabricado por las oligarquías― lo rebajaría de la categoría de lengua propia a la de un simple "patués" marginal. Desdichadamente, per l’aragonés se ha feyto de nuit ('para el aragonés se ha hecho de noche').