Francesc Tosquelles (1912-1994) fue uno de estos hombres excepcionales surgidos de la efervescencia intelectual vivida en la Catalunya republicana. Este psiquiatra empezó a destacar muy joven, en su Reus natal, más tarde dirigió los servicios psiquiátricos republicanos... En el exilio francés, lideró una de las experiencias psiquiátricas más innovadoras de la época: el hospital de Saint-Alban de la Lozère. Este sería el germen de la Psicoterapia institucional, la versión francesa de la antipsiquiatría. En Francia es un personaje muy reconocido. En cambio en Catalunya Tosquelles no forma parte del imaginario colectivo, quizás porque adoptó la nacionalidad francesa y nunca retornó del exilio. Ahora, la FundacióAntoni Tàpies ha decidido volver a poner en valor a este personaje. Carles Guerra, director de la Tàpies, apunta que "hace falta devolver a Tosquelles a Catalunya y ponerlo al nivel que se merece". Por eso la Fundació ha celebrado un seminario de dos días sobre el autor, con participación de numerosos expertos en el personaje. Este seminario sólo es el primer paso de un gran proyecto de dos años, Los legados olvidados, dedicado a Tosquelles, que será posible gracias al apoyo económico de la Fundación Mir-Puig. Se quiere, sobre todo, explorar la dimensión catalana de este psiquiatra excepcional. Dentro de este proyecto se prevé hacer una exposición sobre Tosquelles en la Fundación Tapias y, además, publicar en castellano y catalán algunos de sus textos más emblemáticos (en francés ya dispone de unas obras completas).

El hombre del POUM

Francesc Tosquelles se formó con el eminente psiquiatra Emili Mira (el primer catedrático de Psiquiatria de l'Estat español), y antes de la guerra trabajó en el Instituto Pere Mata de Reus, una institución puntera en esta disciplina. Su formación estuvo muy marcada por sus inquietudes políticas. Era un hombre próximo a la izquierda marxista antisoviética catalanista y acabó por militar en el POUM. Para él su visión política era inseparable de su tarea científica. Su visión era clara: "El psicoanálisis tiene que marchar sobre dos piernas: una es Freud, y la otra Marx". Pero Tosquelles iba más allá del marxismo teórico: se implicó mucho en la difusión de sus teorías a los proletarios, a través del Ateneu Enciclopèdic Popular, dónde hizo varios cursos.

La guerra y el exilio como escuela

Tosquelles, al inicio de la guerra, con unos compañeros del POUM, confiscó unas masías como centros psiquiátricos y empezó a aplicar allí métodos de psicoterapia juvenil. Poco después ocupó cargos de responsabilidad en los servicios psiquiátricos del bando republicano. Tuvo que trabajar con unos medios muy precarios, y de forma muy experimental, porque no se podían aplicar los protocolos previstos, pero eso justamente le permitió aplicar técnicas renovadoras. Por su compromiso político, tuvo que huir durante la retirada republicana. Fue condenado a muerte por el franquismo, y no pudo volver a Catalunya hasta muchos años más tarde (la psiquiatría catalana perdió a uno de sus grandes valores). Carles Guerra destaca que cuando fue encerrado en los campos de concentración se apresuró a organizar grupos de psicoterapia entre los ingresados; "era, ante todo, un pragmático", explica. El exilio supuso para él una desposesión completa: no sólo se vio desconectado de su país, sino que no se le reconoció su titulación y se vio obligado a volver a estudiar de nuevo en Francia.

Saint-Alban en guerra

Tosquelles fue a parar, en plena guerra mundial, a un hospital psiquiátrico situado en una zona rural perdida de Occitania, en Saint-Alban (Lozère). Cuando llegó allí, la situación era crítica. En aquella época, ante las restricciones presupuestarias debidas a la guerra, a los hospitales psiquiátricos no llegaban alimentos. En aquellos años murieron de hambre 40.000 enfermos mentales encerrados en instituciones francesas, en lo que algunos han definido como un "exterminio dulce". Tosquelles se apresuró a ordenar que sacaran a los enfermos del aislamiento y que abrieran las pesadas barreras del centro: de esta forma algunos de los internos salían a trabajar con los campesinos de los alrededores (faltos de mano de obra masculina por la guerra), y volvían con alimentos que también ayudaban a subsistir a sus compañeros. Dentro del recinto del hospital se abrieron huertos, trabajados por los enfermos, que garantizaban la producción de muchos alimentos. También decidió derribar una parte de la valla y hacer que la carretera pasara justo delante del hospital: así los enfermos podían vender pequeñas obras de artesanía y otros productos a los que pasaban por la carretera y obtener algunos ingresos. Mientras en otros centros los enfermos morían en masa, en Saint-Alban no murió nadie. Las puertas del centro no se devolvieron a cerrar nunca más. Lo que empezó por motivos prácticos, acabó convertido en una práctica habitual en este hospital: Tosquelles estaba convencido de que los momentos de crisis eran también oportunidades para el cambio. No era un purista, sino un ecléctico.

El hospital como refugio

Tosquelles tenía muy claro que el hospital psiquiátrico tenía que ser un lugar|sitio de refugio ante los problemas de la sociedad. Decía que "Todos estamos embarcados en barcos inseguros. Todos navegamos sin saber a buen seguro hacia dónde nos dirigimos y sin saber qué contingentes|cupos vamos a encontrar si no naufragamos en escollos|arrecifes imprevistos. Se comprende, pues, que muchos marineros prefieran quedarse en los puertos". El hospital, para el psiquiatra catalán, tenía que ser "una escuela de libertad. Porque después, a la vida social corriente, no hay escuela de libertad, tan sólo existe la escuela de la alienación|enajenación administrativa". De hecho, durante el empleo|ocupación nazi, los pisos superiores de Saint-Alban sirvieron para esconder fugitivos: pasaron paracaidistas aliados, y también intelectuales vinculados a la resistencia como Paul Élouard o Tristan Tzara. Y Tosquelles también instaló al hospital una imprenta donde se editarían materiales de temática médica, científica y política (como la traducción de la tesis de Lacan o los trabajos del psiquiatra alemán Hermann Simon, que lo habían influido mucho).

Psiquiatra renovador

El sistema que Tosquelles implementó en Saint-Alban era muy peculiar. Joana Masó, una profesora de literatura y ensayo franceses de la Universidad de Barcelona que está decidida a descubrir la fase catalana de Tosquelles, explica que había asambleas continuas, para cualquier cosa, en las que además del personal médico, participaban a los enfermos y las monjas adscritas al centro (las religiosas, curiosamente, no tenían mala relación con el psiquiatra del POUM: algunas de ellas años más tarde, presumían de haber servido con Tosquelles). En cambio, como|cómo explica Jean-Claude Polack, uno psiquiatra que había colaborado con Tosquelles y que ha venido a Barcelona para el seminario de la Fundación Tapias, el psiquiatra catalán reclutó a pocos médicos, porque afirmaba que "los médicos son los peores para la psiquiatría. Tienen miedo de los locos". Prefería reclutar gente sin formación especializada, pero que sapigués tratar a los enfermos (dicen que tenía una gran facilidad para conectar con campesinos y obreros). En un momento determinado contrató a muchas ex prostitutas para que cuidaran a los enfermos, argumentando: "Quien|Quién conoce milor la locura de los hombres que estas mujeres"?. Parece ser que la experiencia no fue decepcionante. El hospital de Saint-Alban tenía un cine-club donde se pasaban filmes excelentes (Tosquelles era un gran cinéfilo), y se consiguió que muchos campesinos de los alrededores fueran al cine en el hospital, en sesiones compartidas con enfermos... En cambio, Tosquelles era muy escéptico sobre el psicoanálisis "de cliente", de gabinete; afirmaba que el tratamiento psiquiátrico sólo se podía hacer mediante un trabajo grupal, dentro de una institución que constituyera todo un tejido social. Porque creía que la locura era una cuestión que no partía del individuo de forma aislada, sino de la sociedad, y que por eso no se podía tratar al margen del cuerpo social. Tosquelles formó parte de la élite de la psiquiatría francesa más crítica, con Jean Oury, Félix Guattari, Lucien Bonnafé...

Catalunya al origen

El proyecto de la Fundación Tapias pretende reivindicar el sustrato catalán de la renovación psiquiátrica de Tosquelles. Joana Masó reivindica que las raíces de la antipsiquiatría no están lejos, sino que se encuentran en Reus y Barcelona. Argumenta que el boom de la psiquiatría catalana se produjo, por una parte, por el impacto del sindicalismo y el cooperativismo en la sociedad catalana de antes de la guerra civil. Pero también por|para la llegada a Barcelona de psicoanalistas judíos, del Este de Europa, formados en la escuela de Viena, que se exiliaron en Catalunya (alguno incluso hizo psicoanálisis al Ateneu Barcelonès). Tosquelles aprenderá mucho de ellos, desde muy joven, porque en 1931 sólo tenía 19 años. Todo este potencial renovador se restañó con la victoria franquista. Tosquelles mismo, en 1986, en un congrès en Perpiñán, hablaría de que la historia del psicoanálisis en los Países Catalanes había quedado muy oculta después de la guerra. Polack afirma que el psiquiatra catalán había aprendido mucho de las formas sanitarias descentralizadas de la República, que intentaban unir al enfermo a la comunidad, en ningún sitio de separarlo de esta, y que eso fue clave para su experiencia en Saint-Alban. Tosquelles nunca se desvinculó de la cultura catalana; es autor, incluso, de un libro sobre Gabriel Ferrater. Uno de sus referentes intelectuales era Ramon Llull. Su catalanismo era bien firme: en pleno franquismo visitó Barcelona, para un congreso de psiquiatría. Desafió las autoridades con un texto sobre la sardana en que hacía un elogio de la catalanidad. Polack afirma que Tosquelles siempre se consideró un resistente frente a la España franquista.

Retorno a Catalunya

A partir de los años 1960 Sarró fue volviendo a Catalunya. En 1967, a instancias de Ramon Sarró, Tosquelles fue contratado a tiempo parcial para reformar y dinamizar el hospital Pere Mata de Reus. Haría varios viajes  y aplicó en el Pere Mata algunos de los renovadores sistemas aplicados enSaint-Alban. Dignificó las condiciones de los trabajadores del hospital, organizó asambleas, creó dispensarios psiquiátricos fuera del centro hospitalario... Algunas de las medidas aplicadas por Tosquelles duraron hasta 2002, después de la muerte del psiquiatra reusense.

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Frantz Fanon. Foto: Pacha J. Willka.

El alumno aventajado

Tosquelles siempre fue un firme catalanista, a pesar de que en su época mut pocos marxistas reconocían abiertamente su nacionalismo. En los años 1950 Tosquelles recibió en Saint-Alban a un joven médico negro procedente de las Antillas que había estudiado en Lyon, Frantz Fanon. Aunque escribieron algunos textos conjuntamente, no tuvieron una relación fácil. Tosquelles confesó que le resultaba difícil tratar a alguien de raza diferente, especialmente en este caso, porque creía que Fanon estaba muy acomplejado por su color. Pero Fanon quedó muy impresionado por lo que vio en Saint-Alban, y conectó mucho con la defensa que hacía Tosquelles de la identidad y de las culturas minoritarias. Fanon, el antillés, poco después de pasar por el hospital de Lozère, publicó Piel negra, máscaras blancas, un libro donde analizaba el colonialismo desde el punto de vista psicológico, asociándolo a ciertas neurosis modernas, tanto de los colonizados como de los colonizadores. Argumentaba que la colonización no sólo subyuga física y econòmicamente, sino también culturalmente (unas tesis que probablemente suscribiría Tosquelles). Fanon, que aplicó las técnicas de Tosquelles en Argelia, se sumó al Frente de Liberación Nacional argelino y que murió en 1961, fue muy influyente en los años 1960, durante las descolonizaciones africanas; más tarde, fue muy olvidado, hasta que fue recuperado por la escuela de los estudios postcoloniales. Ahora vuelve a ser reeditado continuamente. En cambio, el legado de Tosquelles quedó mucho más olvidado, especialmente en Catalunya. Quizás es hora de recuperarlo.

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