Narbona (vizcondado de Narbona, condado independiente de Tolosa), 25 de abril de 1214. Hace 812 años. Una comitiva encabezada por el cardenal Pietro di Benevento —legado pontificio en el condado independiente de Tolouse— y por Guillem de Mont-rodon —maestre de la orden del Temple en la Corona catalanoaragonesa— recogía al infante Jaime, un niño de seis años, huérfano y heredero del difunto rey Pedro II de Catalunya-Aragón y de la difunta podestá María de Montpellier. Jaime se había criado junto a su madre —hablante de lengua occitana— hasta los dos años. Y entre los dos y los seis había sido cautivo de Simón de Montfort —jefe de la cruzada contra los cátaros— y criado por su esposa Alicia de Montmorency —hablante de lengua francesa—.
La recuperación del infante Jaime, futuro rey Jaime I, permitiría la continuidad en el tiempo de la Casa de Barcelona. Pero durante aquellos años de minoría (1214 – 1218), la legitimidad de la Corona siempre estaría en precario —por los intentos de usurpación de los tíos paternos del difunto Pedro— o permanentemente amenazada —por la ambición proyectiva de fuerzas externas (la Corona francesa o el Pontificado)—. Y el pequeño Jaime, garantía de la continuidad y de la independencia de la Corona catalanoaragonesa, sería criado y educado en entornos aislados y protegidos. Entre 1214 y 1217, en el castillo templario de Monzón, y entre 1217 y 1218, en el Castillo del Patriarca de Tarragona. Entonces, ¿en qué lengua fue educado? ¿En qué lengua hablaba Jaime I?
¿Hablaba occitano?
Algunos pseudohistoriadores, más preocupados por negar cualquier relación entre la lengua catalana y el rey Jaime que por dar respuesta a la cuestión, sostienen que la lengua de Jaime I era el occitano, lengua materna de su madre María de Montpellier. Esta hipótesis no tiene peso argumental. Al menos, no tiene mucho. Porque el infante Jaime solo convivió en un entorno lingüístico occitano durante los dos primeros años de su vida. Esta hipótesis solo sería válida si aceptamos que el occitano Espárago de la Barca —tío de la difunta María de Montpellier y tutor del futuro rey, y con quien tuvo una relación muy cercana (según las fuentes, Jaime siempre lo llamó “tío”)— lo hubiera educado en lengua occitana.
¿Hablaba francés?
El rey Pedro II entregó al pequeño Jaime —con tan solo dos años de edad (1210)— a Simón de Montfort —jefe de la cruzada contra el catarismo— como prenda del tratado de paz que debía acabar con las hostilidades que la Corona francesa y el Pontificado habían desplegado contra los aliados languedocianos de la Casa de Barcelona. Jaime, contra la voluntad de su madre, fue entregado a Montfort y criado en el palacio de los Trencavel, vizcondes depuestos de Carcasona. Alicia de Montmorency —la esposa de Montfort— era francesa (del Foret de Montmorency, al norte de París) y tuteló la crianza del pequeño Jaime entre los dos y los seis años del futuro rey. Pero no hay absolutamente nada que indique que a Jaime le quedara algo de esa oscura época.
¿Hablaba la prestigiosa lengua de los trovadores?
La hipótesis occitana podría tener cierto peso, considerando que no solo era la lengua de su tutor y único vínculo familiar con su difunta madre, sino que, también, la llamada lengua de oc era, en aquel momento, un sistema lingüístico muy prestigioso. La creación artística trovadoresca de los países del Mediterráneo occidental se producía, exclusivamente, en la lengua de oc, que, a su vez, influiría poderosamente en la formación de sus lenguas vecinas (el francés y el catalán, por ejemplo). Pero en ninguna fuente documental —absolutamente en ninguna— se dice que la lengua que hablaba Jaime I fuera la lengua de oc. Lo cual no significa que no tuviera un dominio de ella. Pero en ningún lugar se dice que fuera su lengua.
¿Hablaba aragonés?
También se puede considerar la posibilidad de que el pequeño Jaime hubiera sido educado en aragonés y que adquiriera la lengua aragonesa como propia. No solo pasó tres años —entre los seis y los nueve (1214-1217)— en el castillo de Monzón, sino que, además, tres de los seis cancilleres de la regencia eran aragoneses. Pero esta hipótesis tiene menos consistencia que la occitana. Porque, como en los casos anteriores, no existe ninguna fuente documental que lo confirme, ni siquiera que lo apunte, y, además, hay que considerar dos hechos que son determinantes. El primero, que los caballeros templarios de Monzón eran catalanes. Y el segundo, que el catalán era la lengua de la cancillería catalanoaragonesa desde la unión dinástica de Ramón Berenguer IV y Petronila (1150).
¿Hablaba catalán?
Algunos historiadores sostienen que Jaime era analfabeto, lo cual resulta bastante sorprendente en un rey que había estado tan aislado y protegido. Y que la crónica de su vida y de su reinado —el Llibre dels Fets, una de las primeras grandes obras de la literatura catalana— la dictó en su lengua habitual. Si esto es así, ya tenemos un primer indicio que da respuesta al título de esta pieza. Pero la mayoría de los historiadores sostienen que el rey Jaime, por su condición, era un hombre letrado y que, si bien es probable que una parte de la crónica fuera dictada, también lo es que otra —probablemente la parte mayoritaria— fuera redactada de su propia mano. El Llibre dels Fets es el único testimonio documental que revela en qué lengua se expresaba Jaime I.
Jaime, el catalán
Y no olvidemos que el rey Jaime siempre elogiaría a los catalanes, aquella parte de sus súbditos que, al inicio de su reinado, hablaban el catalán y que serían los únicos que siempre lo acompañarían en todas las empresas militares expansivas que promovió. Y el rey Jaime, aquel que algunos historiadores catalogan como un iletrado, dejaría escrito que “Catalunya es el mejor reino de Hispania”, entendida Hispania como el subcontinente ibérico y como la ambición proyectiva de aquella Catalunya que se posicionaba para ser, en un futuro no muy lejano, la primera potencia militar y económica del Mediterráneo.
