Del 19 al 21 de abril tiene lugar en Barcelona y en Vic el I Congreso Internacional sobre Revitalización de Lenguas Indígenas y Minorizadas. Esta cumbre, que organizan las universidades de Barcelona, Indiana Bloomington y Vic-Central de Catalunya, reunirá a unos 300 especialistas provenientes de los cinco continentes. Hablamos de este acontecimiento con Carme Junyent, miembro del Comité Organizador de este Congreso y reconocida especialista en este tema.

 

¿Por qué hacer este Congreso ahora?

A partir del año 2000 se pusieron de moda los estudios lingüísticos sobre la muerte de las lenguas, un tema al cual antes muy poca gente daba importancia. Y estos estudios anuncian que en el siglo XXI desaparecerá entre el 50% y el 90% de las lenguas que hoy se hablan.

Nos estamos quedando sin patrimonio lingüístico

¿No son datos exagerados?

Estos datos se extraen de estudios muy serios. Las lenguas pasan por tres fases de desaparición: la fase primaria, que normalmente dura siglos, es la bilingüización, es el estadio en que se encuentra el catalán. La fase secundaria es el punto en que se rompe la transmisión de la lengua: ya hay muchas lenguas en este estadio. A partir de aquí se pasa rápidamente a la fase terciaria, la de los últimos hablantes. Hay ya muchas lenguas que están en las dos últimas fases. Nos estamos quedando sin patrimonio lingüístico.

¿Por qué se da este proceso? En el siglo XIX y XX podía atribuirse a la influencia del colonialismo, pero el colonialismo se ha acabado...

Lo que ha hecho el siglo XX ha sido acelerar unos procesos que han existido siempre. Siempre ha habido lenguas que desaparecían, pero no a la misma velocidad que ahora. Desde 1492 las lenguas del mundo ya se han reducido a la mitad, especialmente en el mundo colonial. Pero ha sido un proceso muy lento. Para perder una lengua hacen falta como mínimo cuatro generaciones: no desaparece de un día para el otro. Hoy en día ya llevamos unos siglos de mucha presión, y eso hace que muchas lenguas estén a punto de desaparecer. En Australia, con 200 años de colonización y el genocidio de los aborígenes, han desaparecido la mayoría de las lenguas autóctonas. De hecho, quedan muy pocas lenguas aborígenes viables, si queda alguna...

¿El impacto de las nuevas tecnologías es perceptible?

Obviamente, no lo podemos ignorar. En algunos casos este impacto puede ser negativo, porque el usuario tiende a usar lenguas dominantes para dirigirse a un mundo global. Pero eso no tiene por qué ser necesariamente así, porque en internet está quien quiere, y como quiere. Puedes participar en él con la lengua que quieras y nadie te lo prohíbe. Tras la radio, internet es el medio más plurilingüe, y eso es bueno... Ha ayudado bastante a algunas lenguas.

Espero que sí que sea posible revitalizar las lenguas. Si no, estamos perdidos.

¿Se puede revertir este proceso de desaparición?

Muchos de los asistentes a este congreso aportan ideas de cómo revitalizar las lenguas minorizadas e indígenas. Estos procesos se tendrían que poder revertir. Pero yo, ejemplo de proceso de revitalización completamente exitoso, no conozco ninguno. Hay quien habla del caso hebreo, pero para mí el proceso del hebreo es único, irrepetible y no deseable. A pesar de todo, espero que sí que sea posible revitalizar las lenguas. Si no, estamos perdidos.

I Congreso Internacional sobre Revitalización de Lenguas Indígenas y Minorizadas. Foto: Josep Maria Rué. UB.

El proceso de revitalización, ¿depende de legislaciones lingüísticas?

Los especialistas, hoy en día, creen que tienen que ser los hablantes los que reaccionen: ellos tienen la clave de lo que pasará. Las instituciones llegan hasta donde llegan, aunque ya iría bien que no persiguieran las lenguas minorizadas. La oficialidad de las lenguas es una trampa que a algunas lenguas no les ha servido de nada. Hace falta que la gente se haga responsable de sus lenguas y que se liberen de prejuicios lingüísticos. Por otra parte, tenemos que contar con la solidaridad de los hablantes de lenguas mayoritarias. Eso es clave. El gran problema de la revitalización de las lenguas de Europa es que no hay forma de conseguir nuevos hablantes. Sin la generosidad de los hablantes de las lenguas mayoritarias no podremos hacer nada. La desaparición de las lenguas es un problema de todos, y no sólo de sus hablantes, y hace falta que todo el mundo sea consciente de ello.

¿Qué propuestas hacen los especialistas presentes en este congreso?

Hay mucha diversidad, pero lo más sorprendente es que todos muestran tendencia a lo que llaman "empoderar a la gente" (aunque a mí no me gusta nada el término "empoderar"). Proponen que los hablantes se hagan cargo de su lengua. No se habla tanto de oficialidad y de protección como de participación. Hay muchas propuestas basadas en la música (un campo en que nosotros podemos mostrar cierta experiencia: tuvimos la "nova cançó"). También se apuesta por autobiografías lingüísticas, por acciones en las escuelas... Hace 20 años se habría hablado más de derechos lingüísticos y de oficialidad, pero ahora no es eso lo que domina. Muchos investigadores creen que tienen que ser los hablantes los que recuperen la lengua.

¿El catalán se podría considerar una de estas lenguas amenazadas?

El catalán estaría en una fase primaria, de bilingüización. Da síntomas de estar en proceso de sustitución. Yo diría que no nos encontramos en un proceso irreversible, pero llevamos demasiados años de caída sostenida y habría que revertir la tendencia. En algunas zonas, como la Catalunya Nord, el catalán está en un proceso muy preocupante. Por otra parte, yo creo que hay muchos espejismos en el catalán. Hay gente que piensa que en las zonas rurales la situación del catalán es muy buena, pero hoy por hoy el catalán ya está tocado en todas partes.

La ventaja de las lenguas es que son acumulables. Para hablar otra lengua no hay que dejar la propia

Catalunya ha recibido 300 lenguas nuevas en los últimos 20 años. ¿Han llegado para quedarse?

Dependerá completamente del comportamiento lingüístico de sus hablantes. Pero yo creo que nadie tendría que perder su lengua porque lo presionan, porque le obligan. Eso es importantísimo. Hay que establecer una relación de reciprocidad: no podemos esperar que respeten nuestra lengua si nosotros no respetamos la de los otros. La gente tendría que ser libre de escoger. La ventaja de las lenguas es que son acumulables: para hablar otra lengua no hay que dejar la propia...

¿Qué política lingüística recomendaría para una Catalunya independiente?

Yo ya lo he dicho muchas veces. Creo que no tendría que haber ninguna lengua oficial. Tendríamos que reconocer el patrimonio lingüístico que tenemos, entero. Ahora bien, tenemos que tener claro que tenemos la responsabilidad de preservar el catalán. Además del catalán, hay dos lenguas que juegan un papel especial, en nuestro país: el inglés y el castellano, por motivos diferentes. Con respecto al castellano, tendríamos que asumir que tiene una gran diversidad, porque hoy por hoy estamos haciendo la tarea de la RAE de "preservar la unidad de la lengua". Nos tendríamos que liberar de prejuicios para cambiar las dinámicas, y aceptar que hay muchas formas de hablar el español. Con respecto al inglés, a mis alumnos les digo que el inglés se tiene que saber, pero no se tiene que utilizar. Tendríamos que buscar alternativas y no renunciar a nuestras lenguas. En el acto de presentación del congreso, se ha hablado en catalán, castellano, inglés y quechua. No hay que hacerlo todo en inglés. Se tiene que ser consciente de que hay que preservar la lengua en la vida cotidiana.

Estamos muy satisfechos de que al Congreso haya venido gente de todo el mundo, de los cinco continentes...

¿Qué valoración hacéis de las inscripciones al congreso que empieza hoy?

Estamos muy sorprendidos de la cantidad de la gente que se ha apuntado y de la calidad de los participantes. Ahora sí: estamos convencidos de que este será el primer congreso sobre el tema y que habrá un segundo. Estamos muy satisfechos de que haya venido gente de todo el mundo, de los cinco continentes... Hay una implicación del territorio y del mundo, en este congreso. No podíamos estar más contentos.