El horno arrastra desde hace años una reputación muy negativa en los hogares. Muchos creen que ser trata de un electrodoméstico caro que conviene evitar si no se quiere disparar la factura eléctrica. Sin embargo, cuando se analizan los datos reales de consumo, la percepción cambia radicalmente. De hecho, diversos cálculos muestran que su impacto anual en el recibo puede ser mucho menor de lo que la mayoría imagina.

La comparación resulta especialmente llamativa cuando se traduce el consumo a euros. Utilizando un patrón de uso bastante común, de varias veces por semana, el coste total de electricidad asociado al horno puede situarse en cifras que apenas se notan mes a mes. Esto desmonta una de las creencias más extendidas sobre el gasto energético en casa, especialmente en la cocina.

El consumo real del horno en cifras

Si se toma como referencia un uso típico de tres veces por semana durante todo el año, el gasto eléctrico anual de un horno medio ronda aproximadamente entre 25 y 30 euros, lo que equivale a poco más de dos euros al mes. La cifra, aunque puede variar según el modelo y la tarifa contratada, suele sorprender incluso a quienes intentan vigilar de cerca su consumo energético.

louis hansel ktVKZRYUP4Y unsplash

El motivo principal es que estos aparatos no mantienen un consumo constante elevado durante todo el tiempo de cocción. Gran parte de la energía se emplea al alcanzar la temperatura deseada. Después, el horno alterna fases de activación para conservar el calor, lo que reduce el gasto efectivo frente a lo que muchos usuarios suponen. Lo que lo lleva a costar, al final del año, menos que una cena en un restaurante.

Pequeños hábitos que marcan la diferencia

Más allá de la eficiencia del aparato, la forma de utilización influye de manera decisiva en el consumo final. Por ejemplo, emplear el modo convección suele resultar más eficiente, ya que el movimiento del aire caliente acelera la cocción y reduce el tiempo de uso. También conviene evitar prácticas habituales que incrementan el gasto sin aportar beneficios reales, como precalentar por encima de la temperatura necesaria o abrir repetidamente la puerta. Cada apertura provoca una caída térmica que obliga al horno a usar más electricidad para recuperar el calor perdido.

Así pues, el horno no solo puede ser menos costoso de lo que se cree, sino que incluso puede resultar más eficiente que otros métodos de cocción en determinadas preparaciones. La clave no reside tanto en evitar su uso, sino en comprender como funciona y aprovecharlo de forma inteligente dentro de la rutina doméstica.