La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición insiste en una idea que sorprende a muchos consumidores porque no todas las carnes tienen el mismo impacto en la salud, especialmente en personas mayores. En sus guías dietéticas, el organismo subraya que quienes ya están jubilados deberían prestar atención al tipo de proteína animal que consumen con más frecuencia. Y es que, más allá de gustos o costumbres, la elección puede influir directamente en factores como el colesterol o la digestión o todo tipo de aspectos de la salud.

La recomendación es que dentro de una dieta equilibrada, conviene priorizar carnes blancas frente a las rojas. Esto no implica demonizar alimentos tradicionales como la ternera o el cerdo, pero sí ajustar su presencia en el menú semanal de la población mayor. El objetivo es reducir riesgos asociados a patologías muy prevalentes en la tercera edad, especialmente las cardiovasculares y que pueden empeorar con el abuso de ciertas carnes.

Por qué el pollo gana protagonismo en la dieta de los mayores

La AESAN sitúa al pollo como una de las opciones más recomendables para este grupo de población. El motivo principal reside en su perfil nutricional por su menor contenido en grasa saturada y colesterol en comparación con muchas carnes rojas. Este detalle resulta fundamental en personas mayores, donde la prevención de problemas cardíacos y circulatorios adquiere un papel prioritario.

Abuelo

Además, se trata de una carne generalmente más fácil de masticar y digerir. Con el paso de los años, los procesos digestivos pueden volverse más sensibles, por lo que alimentos más ligeros suelen tolerarse mejor. En este contexto, el pollo ofrece una combinación interesante de valor nutricional y menor carga metabólica.

Proteínas de calidad y prevención de la pérdida muscular

Otro de los argumentos clave tiene que ver con la masa muscular. En la tercera edad es habitual la sarcopenia, es decir, la pérdida progresiva de músculo. Mantener una ingesta adecuada de proteínas es esencial para frenar este proceso, y el pollo destaca precisamente por aportar proteínas completas. Además de mantener un mínimo de ejercicio físico.

Los expertos recuerdan que la recomendación no pasa por eliminar carnes rojas, sino por moderarlas. Consumidas de forma ocasional y dentro de una dieta variada, pueden seguir formando parte de la alimentación. Sin embargo, dar mayor protagonismo a carnes blancas como el pollo o el pavo encaja mejor con las pautas actuales de salud pública orientadas al envejecimiento saludable.