Ahora que ya ha empezado el Any Gaudí, que durante todo 2026 conmemorará el centenario de la muerte del arquitecto, aprovechamos este Barcelona Exprés para hacer un recorrido gaudiniano por el paseo de Gràcia, donde se puede ver obra suya, pero donde también hay elementos que mucha gente se piensa que son suyos y no lo son. ¿Me acampanáis?

 

Lo más visible de Gaudí en este paseo son los edificios de la Casa Milà y la Casa Batlló. La primera de ellas es también conocida como la Pedrera (la cantera en castellano), un nombre que inicialmente era irónico, por la semejanza del edificio con una explotación minera a cielo abierto. Esto es porque la Casa Milà provocó incredulidad entre los barceloneses durante la construcción, entre 1906 y 1912. Un detalle curioso de esta construcción es que una de las columnas invade la acera, y el Ayuntamiento de Barcelona le exigió suprimirla, pero el arquitecto amenazó con sustituirla por una placa con el texto: “El trozo de columna que falta ha sido cortado por orden del Ayuntamiento”. Finalmente, la columna se quedó sin mutilación.

También en el paseo de Gràcia encontramos la Casa Batlló, construida por Gaudí entre 1904 y 1907. En este caso se trata de la reforma de un edificio previo donde el arquitecto quiso recrear imágenes de inspiración marina, aunque hay quien dice que todo el conjunto es una representación de la leyenda de San Jordi y el dragón. En todo caso, una controversia que dura más de un siglo.

Otro elemento de Gaudí en el paseo de Gràcia puede pasar más desapercibido aunque es omnipresente: su pavimento. Los adoquines hexagonales son obra de Gaudí de 1904 y inicialmente estaban pensados para la Casa Batlló y de ahí sus detalles marinos, como la concha, la estrella de mar y las algas. Actualmente, se encuentra en las aceras de todo el paseo de Gràcia, cubriendo una superficie de unos 60.000 metros cuadrados.

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Finalmente, hay un cuarto elemento que a menudo se asocia a Gaudí por su imagen inequívocamente modernista, pero que no es obra suya. Se trata de los bancos-farola que hay dispuestos a lo largo del paseo. La cerámica de trencadís y la iconografía floral pueden llevar a error, pero estos bancos no son de Gaudí, sino del arquitecto municipal Pere Falqués, se instalaron en 1906 y dieron pie a una leyenda urbana según la cual los bancos constaban de calefacción. Ya lo sabéis: ¡no todo lo que tiene apariencia modernista es de Gaudí!