El escritor, activista y periodista Cory Doctorow (Toronto, Canadá, 1971) es una de las voces internacionales más críticas con la revolución digital y de la inteligencia artificial que vivimos. La palabra “mierdificación”, que inventó y da nombre a su libro ('Mierdificación', Capitán Swing, 2026), sirve para definir cómo las empresas tecnológicas son capaces de mantenernos enganchados a pesar de ofrecer un servicio cada vez peor para el usuario. Afirma que para evitar esta dependencia a plataformas y redes sociales, se debe facilitar a los usuarios que se marchen. "No puede ser que para irse de una red social tengas que perder todos tus contactos", dice.
Cree que la inteligencia artificial es “una tecnología normalita” que, en cambio, llevará a una crisis económica de brutales dimensiones. Preside la fundación Electronic Frontier y quiere que los ciudadanos sean más libres ante el poder de las big tech.
Con unas inversiones de 620.000 millones de euros en IA por parte de las big tech este 2026, el autor defiende que, como persona que ha visto evolucionar los procesadores de texto y que usa la inteligencia artificial, se trata de una “tecnología normalita”. “Sí, sirve para muchas cosas, hace avanzar, pero no más que otras innovaciones”, defiende. En cambio, “la burbuja que hay detrás sí que es muy grande”, dice.
En cambio, las empresas han hecho estas inversiones de 600.000 millones y “solo generan 50.000”. “No tienen un negocio, están perdiendo dinero en unas dimensiones enormes”. Cree que la crisis que generará el estallido de la IA “hará ver la crisis de 2008 como una pequeña cosa”. Y cree que es diferente de la crisis de las puntocom porque los usuarios de la IA no ganan dinero, sino que lo pierden, cuando la usan a diferencia de cuando usaban una web. Como prueba de la dimensión de la crisis, recuerda la posibilidad que estudia Meta de despedir al 20% de su plantilla.
La idea de una gran burbuja por las inversiones de IA que genere una gran crisis económica genera un intenso debate entre los economistas. Pero hay quien las refuta porque la mayor parte de las grandes empresas que ha invertido en IA tiene negocios multimillonarios que van más allá de esta tecnología. Estas voces creen que algunas grandes empresas que se basan en la IA pueden caer por su exagerada inversión sin un retorno económico y que esto puede frenar la economía norteamericana y provocar un contagio a otros sectores y países, pero no como para colapsar la economía global. Doctorow cuestiona este optimismo porque “un tercio de los mercados de Estados Unidos se evaporarán”.
El próximo libro que prepara Doctorow es justamente sobre la inteligencia artificial, pero el que ha publicado critica la capacidad que tienen las grandes tecnológicas como Meta de empeorar el producto que ofrecen y, aun así, mantener a la gente enganchada y seguir generando mucho dinero. “Una vez ven que los usuarios no pueden irse, empiezan a enfocarse en lo que es bueno para los usuarios de negocios, lo que les da más dinero”, reflexiona Doctorow, en el proceso que convierte “al usuario que no paga en el producto”.
Esta relación monopolística u oligopolística de las big tech les permite quedarse con una gran parte del pastel como por ejemplo el 50% de los ingresos publicitarios en el caso de Google o el 30% de lo que pagas en una aplicación para la App Store. “Básicamente, están robando”, dice Doctorow, que aplica esta visión también a los medios de información, aunque cree que empezaron la decadencia cuando empezaron con fusiones y ventas a grandes inversores.
La dependencia europea de las tecnológicas de EE. UU.
La dependencia de Europa de las tecnológicas estadounidenses es peligrosa, dice Doctorow, “Trump tiene mucho poder de desconexión”, y “este momento de crisis puede ser el propicio para actuar de una vez”. Y, para actuar, Doctorow cree que las legislaciones deben facilitar las migraciones digitales. Es decir, que “debe ser mucho más fácil salir de Facebook o de Twitter a otra aplicación sin perder todos los contactos”.
“Es muy difícil convencer a tus amigos de que vengan contigo a otro lugar. Porque ellos también tienen otros amigos, familiares, en el lugar donde están. La acción colectiva es un problema. Y las plataformas pueden solucionar este problema”, reflexiona Doctorow, que recuerda que Facebook facilitó un bot a los usuarios de Myspace para llevarse a sus contactos.
“Pero hoy, si haces eso en Facebook, te destruyen”, asegura, “y la única manera de abandonar una red social es hacer volar tus relaciones, es un coste muy elevado”. “Cuanto más elevado es el coste de irse, más privacidad y manipulación y costes publicitarios te pueden cargar”, añade el escritor.
Una vía para mejorar la calidad y reducir la dependencia
La activista y la fundación Electronic Frontier que preside insiste a los organismos europeos por diversas vías en que es necesaria una apuesta que facilite las alternativas a las grandes tecnológicas norteamericanas. En Europa hace tiempo, y con el espionaje masivo filtrado por los documentos de Snowden fue a más ya hace 13 años, que se trabaja en la idea de crear nubes de datos, servidores de correos y redes sociales europeas para disminuir la dependencia, pero esto no acaba de suceder. En la misma línea, los informes de Draghi y Letta defendían que para que Europa pueda competir económicamente necesita empresas más grandes, entre ellas tecnológicas.
Además, es una política más dura que otros países en cuanto a la regulación y las multas, pero insuficiente para eliminar los abusos. “Europa intenta frenar los discursos de odio, las violaciones de copyright, los acosos, pero lo tienen que hacer de una manera más inteligente, porque lo que hace falta es hacer estas plataformas menos fuertes y no controlarlas más”, reflexiona.
Y una de las claves para conseguirlo, defiende, es cambiar el artículo 6 de la directiva de copyright europea de 2001, que “hace que sea delito la ingeniería inversa y modificar la tecnología sin permiso”. La ingeniería inversa es el proceso de analizar un producto, ya sea software o hardware, para analizar y comprender su funcionamiento y replicarlo. “Si una empresa coge todos los mensajes de Twitter y se los lleva a BlueSky, por ejemplo, Twitter puede poner una denuncia en la Unión Europea y vencer. O sea que Europa ha decidido permitir que las empresas norteamericanas utilicen las cortes europeas para destruir empresas europeas que corrigen sus errores”, concluye.
Doctorow recuerda el caso de OG App, creada en 2022 para poder usar Instagram y Meta sin anuncios ni contenido sugerido ni algoritmo. “Te quitaba toda la porquería y te dejaba solo el contenido de la gente que seguías. Estuvo en el top 10 de aplicaciones en un día, pero Meta envió un aviso a Apple y Google para dejar de venderla y se la cargaron. La gente la quería, pero el marco legal permitía a Apple impedir que la tengas en tu teléfono”.
