Mariona Valls (Manresa, 1990) es graduada en Psicología por la UAB y tiene varios estudios relacionados con los trastornos alimenticios, entre másters y posgrados, porque tiene claro que el trabajo y el apoyo psicológico son "claves" para que los tratamientos tengan una buena evolución. Precisamente por eso, Mariona nos explica cómo podemos detectar un trastorno en una persona de nuestro entorno y nos avisa de la importancia de tratarlo desde las emociones y no desde un enfoque físico: el peso y el aspecto quedan relegados a un segundo plano.

¿Podemos detectar un trastorno alimenticio en sus inicios?

Algunas conductas que nos pueden alertar son, por ejemplo, un aumento significativo de la preocupación por el peso y la imagen corporal, un incremento significativo de la actividad física, también el hecho de evitar habitualmente las comidas y ciertos tipos de alimentos, sobre todo los que consideran más hipercalóricos; la desaparición de comida en casa, problemas de sueño, mal humor o cambios repentinos y aislamiento social y familiar.

Algunos de estos síntomas también pueden relacionarse con estrés u otros factores, ¿verdad?

En todos los casos será el terapeuta el que tendrá que estudiar el caso y hacer el diagnóstico correspondiente. También se puede producir una pérdida de peso en un periodo de tiempo significativo sin que haya una causa física, la pérdida de la regla, un uso excesivo de diuréticos, de laxantes, visitas recurrentes al baño después de las comidas... Todas estas son conductas que realmente nos pueden alertar.

Un trastorno alimenticio se tiene que enfocar desde el estado de ánimo, no desde la alimentación o el peso

¿Cómo nos tenemos que comportar con una persona que sufre un trastorno?

Con cuidado|, preguntándole cómo está, diciéndole que la ves mal... Siempre se tiene que enfocar de cara al estado de ánimo, más que en la alimentación o el peso.

¿Qué pasa si nos centramos en la parte física?

Se sienten atacados. Se les tiene que ayudar desde la parte emocional, que sepan que estás allí y que pueden contar contigo.

¿Podemos sufrir un trastorno y no darnos cuenta de ello porque pensamos que es estrés?

Es un poco difícil, pero una de las maneras de dirigirlo es darte cuenta de que no dejas de pensar en cosas de comida, en perder peso, en tu imagen... Si ves que te preocupa mucho tu cuerpo, el peso y la alimentación hasta el punto que acaba siendo el eje central de tu vida, te acaba influenciando la valoración que haces de ti mismo y te limita tu vida diaria, podrías tener algún indicio de que estás sufriendo uno.

Si se combinan varios factores de riesgo personales, hay riesgo de que se produzca un trastorno

¿Qué factores nos pueden influenciar?

Los trastornos alimenticios son de origen multisectorial, es decir, están ocasionados por la interacción entre diferentes causas, que son de origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural. Algunos de estos factores de riesgo son la adolescencia, tener una baja autoestima, una tendencia al perfeccionismo, una imagen corporal negativa, tener problemas familiares, estar viviendo una experiencia vital estresante, presión social... Si se combinan diferentes factores de riesgo como este, entonces hay riesgo de que se produzca el trastorno.

O sea, que la imagen física no es un factor de riesgo tanto importante como nos puede parecer.

No siempre. Los trastornos alimenticios pueden ser la punta del iceberg de otros problemas personales.

Es un error pensar que los trastornos alimenticios son una cosa superficial

Ahora que hablabas de la adolescencia, muchos creen que fuera de esta etapa, no tenemos riesgo de sufrir un trastorno.

Error. Se piensan que es una cosa superficial y en algún caso sí que es así, pero en muchos otros son personas delgadas de toda la vida y que nunca han tenido ningún problema.

Como decíamos, también pensamos que es una enfermedad que sólo tiene que ver con el físico.

El hecho de que haya una sensación de falta de control en algún ámbito de su vida, hace que inconscientemente se centren en la comida, el peso y el cuerpo porque es una cosa que pueden controlar.

¿Para, así, evadirse de la mente?

Sí. De esta manera, pueden dejar de estar pensando en aquello que realmente les da miedo o les hace daño.

De cada diez personas que sufre un trastorno, nueve son mujeres

¿Los hombres también sufren trastornos?

Hoy en día se dice que de cada diez personas que sufre un trastorno, nueve son mujeres. Sí que es verdad que son las más perjudicadas porque en el caso de los hombres, quizás el ideal no es estar delgado, sino estar fuerte, y se preocupan más por la figura y el tono muscular, que por el peso.

¿Es más difícil diagnosticar un trastorno en un hombre?

Los hombres con trastornos de alimentación están infradiagnosticados porque tanto a ellos como a su entorno les cuesta reconocer que un hombre puede sufrir un trastorno de la conducta alimenticia. Lo consideran un problema femenino.

O sea, ¿un hombre puede sufrir un trastorno y que le sea diagnosticado más tarde?

Sí. Cuando vienen a la consulta, ya llevan mucho tiempo con el problema. Nadie de su entorno, ni ellos mismos, lo han detectado.

Los trastornos no especificados no cumplen todos los criterios como para poder decir que lo son

Aparte de los más conocidos como la anorexia o la bulimia, ¿qué trastornos más existen y cómo los podemos detectar?

Los trastornos alimenticios típicos serían la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. También están los trastornos no especificados, que son los que tienen síntomas relacionados con la conducta alimenticia, pero no cumplen todos los criterios como para poder decir que lo es.

¿Un ejemplo?

Dentro de estos estaría la vigorexia, que es la obsesión por la musculación; el ortodexia, que es la obsesión por la comida sana y que ahora hay muchísimos que acaban limitando su repertorio a cuatro productos.

Limitan su repertorio, ¿pero también su vida en general?

Claro. Dejan de ir a comer fuera y se condicionan por eso. También existe el síndrome del comedor nocturno, que son los que casi no comen durante el día y por la noche realizan el atracón.

La obesidad no está caracterizada como un trastorno de la conducta alimenticia

¿La obesidad podría ser calificada de trastorno?

La obesidad no está caracterizada como un trastorno de la conducta alimenticia, pero, sin embargo, podríamos decir que quién come en exceso, lo importa mucho su peso o corta y tiene sobrepeso, puede tener una conducta similar a un trastorno.

A menudo relacionamos los trastornos alimenticios con personas muy delgadas.

Es cierto, pero, sin embargo, los únicos que están muy delgados son los que sufren anorexia severa, pero los que sufren bulimia nerviosa suelen estar en un peso normal y los que sufren trastorno por atracón están por encima del normal.

¿Os encontráis personas que no quieran afrontar el problema?

Sí, sobre todo más al inicio porque les ha descubierto a alguien y venden arrastrados por la familia o la pareja. Si es así, al principio tenemos que poder crear un vínculo para que la persona se sienta segura y con confianza para poder empezar un proceso.

Hace falta volver a establecer unas pautas correctas y volver a reeducarnos en la alimentación

¿Qué tipo de apoyo dais los psicólogos?

Hace falta volver a establecer unas pautas correctas y volver a reeducarnos en la alimentación. Muchas veces, estar restringiendo provoca el atracón y el atracón provoca el vómito. Por eso, tenemos que poder normalizar el ciclo de la comida. Y es entonces cuando ya entramos en terapia profunda para ver por qué ha empezado todo eso.

Entonces, ¿tratáis primero la parte emocional y después trabajáis la física?

No sólo se trata la parte física para conseguir que coman y estén en un peso saludable porque, si esta persona vuelve a tener algún problema, volverá a caer.

¿Qué hábitos se tienen que modificar para que esta persona cuando vuelva a tener un problema no opte por tener este comportamiento?

No son hábitos. Es detectar por qué aquella persona ha iniciado eso porque siempre hay una falta de gestión emocional. Es aprender a gestionarlo de forma sana, a tener alternativas y a construir unos patrones de pensamiento positivo.

Según cómo sea el núcleo familiar, puede generar problemas de trastornos alimenticios

¿Los factores externos, influyen?

Muchas veces hay una falta de autoestima y de otros, incluso, el núcleo familiar genera estos problemas. Y pueden ser familiares muy sobreprotectores o desestructurados. Muchas veces se tiene que hacer terapia familiar.

Sin apoyo familiar es más difícil salir adelante...

Totalmente. Y más cuando hablamos de tratamientos ambulatorios, que la persona viene una vez a la semana o cada quince días. Al final, estás en casa y te tiene que ayudar a la familia.

¿Qué mensaje podríamos enviar a las personas que sufren trastornos?

Se tiene que ver por qué han llegado a este punto, qué les falta aprender para mejorar su gestión emocional, pero sobre todo que confíen en ellas mismas porque tiene salida, pero siempre con ayuda profesional.

Si el profesional tiene un buen vínculo con el paciente, normalmente se dejan ayudar

¿Y si no se dan cuenta del problema?

Lo tienes que enfocar en la cuestión del estado de ánimo. Cuando vienen ya han perdido muchas cosas a su vida, como el trabajo o los amigos. Si es una persona que no viene por voluntad propia, lo tienes que enfocar desde la parte emocional y si tienes un buen vínculo se dejan ayudar porque llega un punto en que están muy mal.

...

Se tiene que tratar la raíz del problema, aunque se entienda que las recaídas estarán porque es el punto débil de estas personas ya que siempre que tengan un problema a la vida, recurrirán a eso. Tienes que haber hecho un buen trabajo para saber detectarlo y encontrar alternativas para no llegar a recaer.

¿Tenemos que cambiar nuestra visión de los trastornos?

Se ve mucho como un problema de adolescencia y pasajero y no es así. Detrás hay muchos problemas y un trastorno psiquiátrico del que hay gente que muere.