Ver a Lluís Llach (Girona, 1948) circulando por el Parlament es la imagen que cada día recuerda a los habituales de la Cámara catalana que esta es una legislatura extraordinaria. Una vez superado el impacto, sorprende tropezar con un personaje tremendamente carismático, pero sencillo y con un gran sentido del humor a quien posiblemente incomoda la expectación que despierta. Un diputado convencido de los objetivos que lo han llevado a dar un giro radical a su vida.
Usted ha sido uno de los fichajes estrella de Junts pel Sí... (Ríe) No soy nada consciente...
¿No? Yo pretendía ayudar como pudiera. En principio, me postulaba para ir el último por Girona o de Barcelona, con Pep, fantástico. Al final, no sé qué pasó. Me encontré yendo de primero. Estoy contento de haberlo hecho. Dudé muy poco rato.
Todo un cambio... La verdad es que tenía una vida muy bonita. Con motivaciones y con la fundación de Senegal y poder escribir. Dejar de ser el Lluís Llach presente y ser un vulgar turista en el Senegal. Eso me molestó mucho romperlo. Pero vivir lo que vivimos me parece excepcional. Es un tren que no pasará muchas veces. Lo cogí...
¿Ha valido la pena? ¡Sólo hace dos meses! Valdrá la pena cuando acabemos la historia.
Pero han sido dos meses muy movidos... Es apasionante. He tenido el privilegio de dedicarme a trabajos maravillosos, cantar con una buena recepción del público es un placer y muy bonito. Pero no me imaginaba que fuera tan apasionante. Para mí es una novedad y un aprendizaje y eso siempre me ha gustado mucho. Es el primer trabajo fijo que tengo, creo, desde los 19 años. De sopetón, tengo un trabajo fijo, un despacho, vengo, me instalo, trabajo, estoy intentando aprender parámetros políticos nuevos...
Además, está en una de las comisiones negociadoras con las CUP... ¿Y eso quién lo dice?
Los vi salir de una reunión... ¿Y qué comisión puede poner a un cantante que no entiende de nada...?
La de políticas sociales... (ríe) Debe ser que les llevo los cafés o alguna cosa así. No sé. Yo tengo una guitarra escondida por si algún día hay temporal, llevarlos a dormir. Soy consciente de que cuando cantaba el trabajo social más importante que hacía en este país era calmar y dormir a la gente.
Pues avise cuando saque la guitarra... Todos sabemos que es difícil. Estamos avanzando en un camino posible, según lo que habíamos intentado explicar durante la campaña electoral.
La próxima semana se votará una propuesta de resolución que declara el inicio del proceso para la creación del Estado catalán... Es muy importante. Siempre se habla de la incapacidad de ponernos de acuerdo pero este país está inventando formulaciones nuevas. Estamos intentando hacer un camino, difícil porque es nuevo y ante un Estado a la contra, que nos obliga a actuar imaginativamente.
Y el lunes pasado pusieron en marcha la legislatura con la constitución del Parlament... Fue, para mí, muy bonito. Y un baño de realidad. Parecía que habíamos ganado las elecciones, pero nadie lo decía, que habíamos ganado las elecciones. Y de sopetón vamos a votar y resulta que sí, que ganamos las votaciones porque hemos ganado las elecciones. Eso a los diputados nos animó mucho. Estamos animados, a pesar de los problemas.
Problemas como, por ejemplo, la investidura... Es uno de los temas. Es importantísimo porque los tiempos que vendrán serán difíciles y harán falta experiencia y calidad de comportamiento político. Pero no es sólo eso. Es todo un conjunto de decisiones que se tienen que tomar, de acuerdos. Y es difícil.
Todos cuelgan, sin embargo, de la investidura del president. Supongo que ahora es el gran tema. Nosotros, en JxSí, tenemos claro que nuestra propuesta es el president Mas. Es algo que hemos defendido siempre. Yo personalmente, que no se puede decir que sea convergente, pienso que en estos momentos es una figura importante. Cuando se hace un país no se puede hacer por sectores, se tiene que hacer de manera integral y él representa un sector importantísimo de esta sociedad sin el cual no se puede hacer la independencia, sigue siendo el líder del partido seguramente más numeroso –aunque ahora es difícil de contar–, tiene una experiencia que ha acompañado este proceso con coraje. Con los tiempos que vendrán una figura como la suya es importante.
Pero la CUP sostiene que no quieren a Mas de president. Nosotros sostenemos que lo queremos.
¿Cómo se soluciona? Supongo que negociando, hablando... y llegando a un acuerdo. Tanto la CUP como nosotros no podemos ser desleales con el encargo democrático que se nos ha hecho. Antes de ser desleales deberemos pensar muy bien qué solución encontramos. No quiero citar eso del 1.600.000 y los 320.000 [votos de JxSí y de la CUP]. No debemos poner eso sobre la mesa, pero creo que todos tendremos la responsabilidad suficiente. Tenemos que encontrar una formulación que haga posible el acuerdo. Lo que no sería perdonable es que, por la investidura el proyecto no saliera adelante. Si en los libros de historia se dijera que porque no nos hemos puesto de acuerdo al nombrar al presidente esta oportunidad histórica, que es la primera vez que se da en 300 años, no la llevamos adelante, los electores nos avergonzarían muchísimo. Y eso lo sabemos todos.
Hay voces en JxSí que empiezan a cuestionar si no habría que replantearse el nombre del candidato... No. Yo no los oigo dentro de JxSí. Pero es normal. Porque con todos los problemas que conlleva Convergència y que nadie quiere disimular, ni la misma CDC, pensamos que Mas es un valor importantísimo por muchos factores: representa el partido seguramente mayor, la práctica de gobierno más importante, una imagen internacional sin cuestionamiento. No tenemos otra fotografía para dar al mundo y en el mundo este lenguaje es muy importante. Hay otra cosa: a mí, como militante izquierdista y de larga duración, me fastidia mucho dar la razón a nuestros adversarios y una de las obsesiones de nuestros adversarios ha sido desde el inicio destrozar la figura de Mas. Eso se ve cada día. Cuando el adversario está tan obsesionado en esta cuestión hay una cosa instintiva que me dice nos estamos equivocando si no aprovechamos un capital que nuestro adversario considera tan importante. Todo eso entendiendo las razones de la CUP. Pero nosotros tenemos otro talante, otra manera ver las cosas.
De hecho, conoce bien a la CUP. Se había dicho que podía ser candidato... Yo aprecio mucho a la gente de la CUP. Primero porque es una izquierda radical con la que coincido en muchas cosas. Admiro su manera de entender la lucha política, su trabajo desde la base... Los resultados son magníficos. No hay más que verlos a ellos mismos: este ramillete, para decirlo poéticamente, de representantes que han surgido como de la nada, pero que vienen de una práctica política de convicción y de trabajo en las bases... es fantástico. Han conseguido una cosa que yo como persona de izquierdas, aunque quizás no comulgo en todo, les agradezco mucho. Es la primera vez desde que yo vivo que una izquierda radical no da miedo, que la gente la respeta, las yayas dicen "son majos, estos de la CUP". Eso es importantísimo, para la izquierda en general. Yo los admiro y algunas de sus ideas las hago perfectamente mías.
Pero no comparte su opinión sobre la investidura. En este punto no estoy nada de acuerdo, porque es como si a un barco le sacaras instrumentos importantes del rumbo. Te puedes quedar incluso sin vela si quieres, pero sin timón o sin orza... Por eso, a pesar de entender a la CUP, sigo defendiendo que la figura de Mas es muy importante. ¡De acuerdo también que la mochila es pesada, eh! Hay días que piensas “eso no puede ser", cuando se te presenta, con esta exhibición mediática, todo lo que pasa –o se dice que pasa– en CDC piensas: “¡ostras, dónde estamos!” Eso también nos da el convencimiento de que en Convergència hay una voluntad expresa y determinada de hacer limpieza. Una de las personas más interesadas precisamente es el president Mas.
¿Las operaciones policiales y registros, a los que está siendo sometida Convergència, están teniendo efecto en el procés? Aquí, en el Parlament, no. Lo digo para tranquilizar a la gente. Cuando veo las caras adustas de la oposición, digo: "¡a pesar de todo, estamos más contentos que ellos!” Los veo tan serios y preocupados... En la calle no lo sé. Es verdad que nadie está tranquilo ante una amenaza, que cualquier día irrumpa alguna cosa, pero también llevamos entrenamiento. Cuando te has entrenado a caer y levantarte a caerte y levantarte y, además, en los entrenamientos has tenido oportunidad de ver –con el tema Trias, etc.– que la suciedad te la levantan continuamente. Eso está en el input de mucha gente, está ya entrenada. ¡La gente me dice a veces “prepárate, eh!”, y no me lo dice un experto en política, me lo dice la abuela de Parlavà: “Ya te puedes preparar, nen” –todavía me llaman nen a veces–.
¿Es posible que haya nuevas elecciones, si no se puede pactar la investidura? ¿Cuándo?
En el mes de Marzo. ¡Oh, no! Yo lo descarto. Si mañana vengo pensando en elecciones el mes de marzo, yo me echo a llorar y no paro. Lo descarto. No. Eso significa el fracaso de un proyecto magnífico, un fracaso de cada uno de los 72 diputados que podemos decir que sí. Eso es un fracaso histórico. No se puede descartar nada. Pero sería un fracaso histórico.
La próxima semana ya hay un primer paso para poner en marcha todo el proceso. ¿Cuál cree que será la respuesta del Estado? Hasta el 20D estamos ante una situación bastante negativa, porque el PP que está en el poder y tiene una campaña electoral muy difícil, al final el único spot electoral que sabe hacer bien es reprimirnos a nosotros. De aquí hasta diciembre, los triunfos económicos del PP siempre serán dudosos y de poco resultado electoral. En cambio hacer una machada españolista sobre la libertad de Catalunya están convencidos de que les da mucho rédito. Me parece que el PP está muy tentado de usar los mecanismos del Estado para atacar el procés. Me espero cualquier cosa. Sin nada de preocupación. Quizás harán mucho más trabajo que el que podemos hacer nosotros mismos aquí dentro. Quizás incluso acelerarán acontecimientos. De cara al interior, a nosotros mismos, y de cara al exterior. Hasta ahora la política exterior del Estado español ha conseguido que todo el mundo estuviera haciendo prédicas de una España unida, etc., pero si hacen alguna animalada... Y en cambio es muy probable que la hagan. Eso está en sus manos. Nosotros seguiremos haciendo nuestro trabajo, como hormiguitas, y, si viene un tsunami, pues a subirnos a una hoja y a ver si flotamos.
¿Estará en el Parlament toda la legislatura? ¡Sí! Eso seguro. Desde luego.
