El oro siempre ha sido uno de los materiales más valorados por la humanidad, pero su verdadero origen está mucho más lejos de las minas donde lo extraemos. Cada átomo de oro que existe en la Tierra fue creado en uno de los fenómenos más extremos del universo, cuando estrellas de una densidad inimaginable chocaron o explotaron liberando al espacio los elementos más pesados conocidos.
El oro de la Tierra nació en una colisión cósmica hace miles de millones de años
Aunque hoy el oro forma parte de nuestro día a día, lo cierto es que durante los primeros instantes del universo ni siquiera existía. Tras el Big Bang, hace unos 13.800 millones de años, solo se formaron los elementos más ligeros, como el hidrógeno y el helio. Los elementos pesados aparecieron mucho después, cuando nacieron las primeras estrellas.
En el interior de estas estrellas se fueron creando nuevos elementos mediante la fusión nuclear, pero solo hasta llegar al hierro. Durante décadas se pensó que el oro se originaba en las explosiones de supernovas, aunque los modelos actuales indican que ese proceso no basta para explicar su abundancia. Para formar un elemento tan pesado hace falta un entorno con una enorme cantidad de neutrones, algo que solo se produce en fenómenos extremadamente violentos.
La explicación que cuenta con más respaldo científico apunta a las colisiones entre estrellas de neutrones, los restos ultradensos que dejan algunas estrellas tras explotar. Cuando dos de estos objetos chocan se produce una explosión conocida como kilonova, capaz de generar elementos muy pesados como el oro, el platino o el uranio. Esta teoría ganó fuerza en 2017 con la detección del evento GW170817, la primera colisión de estrellas de neutrones observada mediante ondas gravitacionales.
Una vez creado, el oro fue expulsado al espacio y viajó durante millones de años mezclado con gas y polvo interestelar hasta formar parte de la nube que dio origen al Sistema Solar. Cuando la Tierra nació hace unos 4.500 millones de años, ese material ya estaba presente y acabó concentrándose en algunos yacimientos de la corteza terrestre.
Cada pieza de oro que existe hoy es, en realidad, mucho más antigua que nuestro planeta. Sus átomos nacieron en una de las catástrofes más violentas del universo y recorrieron miles de millones de años de historia antes de acabar convertidos en un anillo, una moneda o un lingote que hoy tenemos entre las manos.
