Buscaban oro bajo tierra y acabaron descubriendo un misterio oculto durante millones de años

No son pocos los descubrimientos que surgen “por error”. Muchas veces los científicos están buscando algo y terminan descubriendo otra cosa. Y eso es lo que ha pasado con un grupo de geólogos en Australia. Mientras llevaban a cabo una búsqueda de oro en los desiertos de Australia Occidental, el equipo se topó con algo mucho más importante y de un enorme interés científico.

Un hallazgo que vuelve a demostrar que nuestro planeta todavía guarda grandes secretos bajo su superficie, igual que ocurre con otras investigaciones geológicas recientes que incluso advierten sobre la posibilidad de algunos de los terremotos más intensos de la historia.

El tiempo y la erosión habían ocultado un enorme cráter de una época muy temprana de la Tierra

Todo empezó cuando los investigadores detectaron una extraña anomalía circular en los datos gravimétricos del terreno. Al profundizar sus estudios en la zona, descubrieron señales inequívocas de un enorme impacto: rocas fundidas, cristales deformados y materiales expulsados por la colisión. Bajo el árido paisaje australiano se escondía un cráter prácticamente borrado por la erosión y el paso del tiempo.

La estructura, bautizada provisionalmente como Ora Banda, ha sido estudiada por un equipo liderado por la geóloga Raiza Qintero, de la Universidad de Puerto Rico. Su hallazgo es especialmente importante porque se trata del segundo cráter de impacto confirmado formado íntegramente en cinturones de rocas verdes del Arcaico, algunas de las rocas más antiguas de la Tierra.

Algo increíble estaba oculto por años de erosión
Algo increíble estaba oculto por años de erosión

Las huellas de los impactos de meteoritos suelen desaparecer con el paso de millones de años debido a la erosión y la actividad geológica. En Ora Banda, el cráter había desaparecido por completo de la superficie, por lo que los científicos tuvieron que recurrir a perforaciones y análisis microscópicos para reconstruir su historia.

Entre las pruebas del impacto encontraron conos de fractura, unas estructuras que solo se forman tras ondas de choque extremas, así como brechas con diminutas esférulas de vidrio creadas por las altísimas temperaturas del choque. El análisis químico reveló una elevada presencia de níquel, cobalto y otros metales asociados a meteoritos ricos en hierro. Los investigadores creen que el impacto creó una estructura de unos cuatro kilómetros de diámetro e incluso redistribuyó pequeñas pepitas de oro por la zona.

El hallazgo, publicado en la revista Meteoritics & Planetary Science, sugiere que podrían existir otros cráteres ocultos bajo algunas de las rocas más antiguas de la Tierra, esperando a ser descubiertos.

Este descubrimiento ofrece una ventana única al pasado del planeta. A diferencia de otros impactos más recientes, Ora Banda permite estudiar cómo interactuaban los meteoritos con la corteza primitiva terrestre hace miles de millones de años, e incluso ayuda a comprender mejor cómo pudieron producirse procesos similares en otros mundos rocosos como Marte.