¿Alguien se imagina un artículo sobre un libro –o sobre una película- en el que no se cite al autor del producto en cuestión? Seguro que no, porque, si así fuera, los lectores de la publicación que de tal modo procediese se echarían las manos a la cabeza y mucho más ahora que, con las redes sociales de por medio, cualquiera puede opinar sobre lo que otro escribe y enmendarle la plana si hace falta. Esto que tan inconcebible nos parece cuando lo que hay de por medio son novelas, pinturas, series o películas; nos parece completamente normal cuando la obra de arte de la que se trata es un edificio. Ha pasado, y no es la primera vez, con la Biblioteca Gabriel García Márquez de Barcelona.

 

El pan de cada día

¿Sabes de quién es el puente por el que pasas cada día? ¿Tienes claro quién diseñó la escuela a la que van tus hijos? ¿Sabes quién es el responsable del parque o el museo en el que estuviste el fin de semana pasado? Seguro que no, pero no es culpa tuya: la responsabilidad es nuestra, de los periodistas. Nos lo hacía ver esta misma semana la abogada Elena Ramos en su perfil de Linkedin a propósito de un artículo publicado en un digital sobre la biblioteca Gabriel García Márquez, a la que se saludaba como “la joya de la corona de la red de equipamientos de Barcelona”. El edificio, seguían explicando en el texto, es importante por muchas razones: es la tercera biblioteca más grande de la Ciudad Condal, ha sido protagonista durante la reciente campaña electoral, ganó el premio Ciutat de Barcelona de Arquitectura y es finalista del Premio Biblioteca Pública de 2023 que concede la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias.

En la nota de prensa difundida sobre este último particular por el Ayuntamiento de Barcelona; sí que se cita al estudio responsable (Suma Arquitectura), pero no a los autores, que no son otros que Elena Orte y Guillermo Sevillano. Con todo, no es un caso único: la Galería de las Colecciones Reales, nuevo museo de Patrimonio Nacional, abre en Madrid el 25 de julio según contaba en su propia web este organismo el pasado día 9; pero de los responsables de la obra, ni palabra. Fueron, para quien no lo sepa porque no se le ha explicado, Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla, éste último fallecido en 2012. Ellos, entre otras obras, diseñaron también el icónico MUSAC de León, premio Mies van der Rohe en 2007.

 

¿Por qué?

La arquitectura, bien es cierto, es técnica, pero también es arte y, si de arte hablamos, hay que hablar de autores porque si un edificio, un parque o un puente son de una manera y no de otra es porque quien los diseñó fue un profesional (o un equipo concreto) que veía al mundo, a la vida y a las personas desde una perspectiva concreta. Elena misma, en su apunte de Linkedin, lo explicaba este 12 de junio: si se habla de un edificio notable; no se nos puede dejar, decía, “in albis sobre los arquitectos que concibieron ese edificio”. La creación arquitectónica, recuerda Elena, “está protegida por la Ley de Propiedad Intelectual” y, por tanto, “la omisión de la autoría de los edificios es, cuando menos, un error penoso que la mayoría de medios de comunicación llevan arrastrando muchos años”. Pues eso, que ella lo ha explicado divinamente y, como corresponde, la he citado con nombre y apellidos: gracias, Elena; porque lectores como tú son los que hacen falta. Por eso, porque los artistas además de nombre tienen caras, la foto principal de esta noticia es la de los arquitectos que diseñaron la biblioteca que nos ocupa.