Era cuestión de tiempo: más tarde o más temprano, algún medio de comunicación tendría la peregrina idea de delegar en un sistema de inteligencia artificial la redacción de artículos sobre cualquier particular. Ha sido, en concreto CNET, un digital estadounidense de información tecnológica que tiene, ahí es nada, 1,7 millones de seguidores en Twitter. El resultado, por lo visto, ha sido pésimo, pero más por el revuelo y la notoriedad negativa generada que por los textos, que tampoco eran tan criminales.

 

Noticias económicas

La materia escogida para proceder al experimento fue la información económica y expertos como Paul Farhi, redactor financiero de The Washington Post, han calificado el resultado como “desastre periodístico”. De hecho, CNET se ha visto obligada hasta a dar explicaciones sobre inexactitudes y errores incluidos en los textos que pergeñaba el sistema de IA. Hasta uno de los sindicatos de periodistas estadounidenses (La Society of Professional Journalists) ha entrado en el debate para pedir que se regule la cuestión.

Artículos elementales

Los artículos generados por el sistema de IA versaban sobre cuestiones elementales, eran de carácter divulgativo y se firmaban con las palabras CNET Money Staff. Al clicar sobre la firma, se informaba de la verdadera identidad del redactor y, para tranquilizar al lector, se señalaba también que un editor del equipo de CNET había verficado “minuciosamente” el contenido antes de su publicación. En total, los artículos así publicados fueron unos 70.

Fallos absurdos

En los textos, y de ahí la polémica, se incluyeron fallos absurdos vinculados, por ejemplo, a algo tan sencillo como calcular la ganancia generada por un depósito de 10.000 dólares si el interés anual ofrecido por el banco era del 3%. Así, el sistema indicó que la ganancia era de 10.300 dólares y no de 300. Como ese fallo, hubo otros muchos y el asunto devino motivo de debate casi nacional. CNET intentó arreglarlo con un artículo en el que informaba de que lo que había hecho eran meros “experimentos con un asistente de IA”. Veremos en qué queda todo esto pero, lo indudable es que más de uno y dos entrevistados estarían felices si, en lugar a de a un periodista, se enfrentasen a un aplicativo de IA. Al poder –y eso incluye a los políticos y a los empresarios- el periodismo nunca le ha gustado en exceso, así que, cuidado, porque la IA avanzará y, cuando no cometa fallos, igual nos resulta imposible recuperar para los humanos los espacios que le hemos dejado ocupar. Una cosa es experimentar y otra, muy distinta, hacerse el harakiri antes de tiempo como han hecho los jefes de sección de CNET. Si se entera Yukio Mishima, que de escribir algo sí que sabía y sólo se decidió por el seppuku cuando ya no había más remedio, los pone a todos a redactar horóscopos.