Ha empezado él, y lo ha hecho bloqueando en Twitter las cuentas de diferentes periodistas que considera incómodos como, por ejemplo, Aaron Rupar un freelance de Washington al que seguían 800.000 personas, pero Elon Musk no es el único porque, hace nada, Paul Graham, programador e inversor tecnológico, lamentaba que, actualmente y según él, baste con que un periodista cualquiera decida publicar algo que a una gran empresa tecnológica no le interese para que ese algo se publique. “El 100% de las empresas puede tener un artículo negativo escrito sobre ellas”, denunciaba muy solemne y campanudo y, por supuesto, tiene razón, pero sólo a medias, porque olvida algo: para que una empresa tecnológica (o criadora de berberechos) vea cómo se publica un artículo negativo sobre ella, no hay suficiente con que un humilde juntaletras así lo decida. Hace falta, además, que la empresa en cuestión haga algo no del todo claro y que, además, no tenga mucho interés en que se sepa. Graham (y Musk seguramente) no entienden que el periodismo es justo eso: contar cosas que alguien no quiere que se cuenten y hacerlo, además, justo de la manera que más molesta a ese alguien que preferiría no ver publicado nada sobre ese asunto.
Periodismo y publicidad
Da, sinceramente, cierta lástima ver como gente con capacidad sobrada como este par de genios (lo son, sin duda) confunde información y publicidad. La publicidad es, explicándolo de la manera más sencilla, lo que una empresa u organización cuenta de sí misma para intentar se percibida de una manera concreta y la información es, por contra, lo que un profesional adiestrado para entenderla y gestionarla cuenta y elabora a partir de los mensajes que le llegan con el objetivo de que el común de los mortales pueda entender un poco mejor lo que sucede. Así, si Samsung financia un estudio en el que se concluye que la mayoría de dueños de mascotas piensa que la tecnología puede mejorar mucho la vida de los animales de compañía, la noticia no es que Samsung haya elaborado ese estudio: la noticia es que Samsung, y más en concreto sus técnicos de márketing y comunicación, ha buscado una nueva y sutil manera de crear en todos nosotros la necesidad de comprar gadgets para nuestros animales. Eso, justo, es lo que intenté hacer ayer yo y, como dice Graham, es cierto que basta con que alguien que escribe profesionalmente decida escribir algo sobre un tema para que se publique, pero, también, hace falta que una empresa u organización intente hacer pasar churras por merinas.

Las Big Tech
Con todo, a Samsung le va a dar igual lo que yo escriba, por supuesto, pero lo que hace Musk y lo que dice Graham es un síntoma: a las Big Tech les gusta la publicidad, pero les desagrada la información. La tecnología, efectivamente, nos ha cambiado la vida, pero no sólo para bien; así que, a veces, también hace falta que alguien (mejor que yo, por supuesto) lo cuente. Y da igual si Elon Musk le bloquea, porque siempre habrá otro sitio que no sea Twitter donde se puedan contar cosas. Y, sí, los periodistas las contamos mejor y más deprisa gracias a la tecnología pero quienes la fabrican, del mismo modo que nosotros no les decimos a ellos qué deben fabricar, no tienen por qué dictarnos qué debemos explicar o cómo tenemos que contarlo. ¿Saben cómo se llama? Si, exactamente: democracia.