Los resultados del informe encargado por el Ministerio de Agricultura para intentar establecer el origen del brote de peste porcina africana (PPA) que se detectó en jabalíes en Cerdanyola del Vallès a finales del mes pasado descartan que el virus saliera del Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentària (IRTA) y apunta la teoría de la comida contaminada. Vuelve, pues, la 'teoría del bocadillo', que apuntaba que la contaminación por este virus se habría producido a través de comida contaminada procedente de restos alimentarios humanos que se encontrarían en el medio. Según explica el informe inicial del comité científico, los resultados de la secuenciación genética del virus extraídos de los animales infectados no ha permitido establecer "de manera directa" un origen geográfico o epidemiológico concreto del brote, pero sí que ha permitido definir "una firma genómica diferencial" y descartar la relación con focos documentados previamente. 

El documento establece que los resultados obtenidos "no muestran coincidencia genética" entre el virus detectado en Cerdanyola y los virus utilizados en actividades experimentales del IRTA-CReSA, ni a nivel de marcadores parciales ni a escala del genoma completo. Estas conclusiones coinciden con la posición del Instituto de Investigación Biomédica (IRB), que el pasado 30 de diciembre publicó los resultados de su propio informe, encargado por el Govern, donde también descartaba que la secuenciación genómica coincida con las muestras con las que trabaja el Irta-CReSA.

El comité científico para asesoramiento en relación con el brote de PPA consideró "necesario" evaluar diferentes escenarios "plausibles" de introducción del virus. El primero de los escenarios evaluados es la liberación accidental del virus desde un laboratorio de investigación, dado que el virus detectado mostraba una similitud "elevada" con una cepa de referencia utilizada ampliamente en actividades de investigación y se encontró por primera vez en las proximidades de las instalaciones del CRESA-IRTA. Pero las pruebas que se hicieron en torno a este escenario muestran que no hay coincidencia genética entre el virus detectado en los jabalíes contaminados y los que se utilizan en el laboratorio.

La actividad humana, la vía más "coherente"

En cambio, el estudio ve más "coherente" que la introducción del virus fuera "a larga distancia" mediada por actividades humanas, "particularmente a través de productos cárnicos o restos de comida contaminada". El informe asegura que esta vía de introducción constituye el "mecanismo más común de dispersión" de la PPA a grandes distancias. En el caso concreto del brote de Cerdanyola, el escenario coincide con "patrones históricos" de dispersión de la PPA como la aparición "aislada" del foco, la ausencia de focos intermedios en países vecinos, la localización del brote en un entorno "altamente conectado" con movilidad humana "elevada" y con una red de infraestructuras viarias y ferroviarias "densa" o la "divergencia genética" con los linajes dominantes en Europa. En todo caso, el comité subraya que el análisis debe considerarse "estrictamente provisional", por lo que, "resulta improcedente" a estas alturas hacer "afirmaciones o valoraciones" sobre las "probabilidades o posibilidades" de uno u otro origen del virus causante del brote, fundamentalmente por un "criterio de no interferencia" con las investigaciones que se están llevando a cabo, tanto en vía administrativa como judicial.