El fin de la gratuidad de Rodalies, este sábado, vuelve a poner en el centro del debate la calidad de un servicio que cada día utilizan unos 300.000 catalanes y catalanas. Mientras la consellera de Territorio, Sílvia Paneque, argumentaba esta semana la decisión del Govern por el hecho de haber recuperado el 90% del pasaje habitual desde el accidente de Gelida, desde la plataforma de usuarios Dignitat a les Vies, consideran que “la fiabilidad del servicio está lejos de hacerse realidad” y, por eso, dicen que “retirar ahora la gratuidad es un paso profundamente desacertado”. Según su portavoz, Anna Gómez, en declaraciones a El Nacional, “las mejoras que ha habido no son suficientes” y acusa al Govern de “tomar el pelo” a los usuarios. Aun así, quiere dejar claro que no es una cuestión del precio, sino del servicio: “El usuario quiere pagar por un servicio de calidad y no porque el tren no llegue”, dice. 

Durante estos tres meses y medio de gratuidad, a consecuencia del caos que se desató en Rodalies, la red catalana cerró el primer trimestre de 2026 con 20,9 millones de viajeros frente a los 27,9 millones del mismo período de 2025, es decir, un descenso del 25,2% en solo un año, según datos de Renfe. El accidente ferroviario de Gelida enseñó las vergüenzas de una red dañada por décadas de infrafinanciación y supuso una crisis que derivó en centenares de obras en diferentes puntos del territorio, con incidencias continuas, retrasos y, cancelaciones. Por todo ello, algunos usuarios —que ya venían quemados por un servicio irregular— han dejado de confiar en Rodalies y han buscado (o piensan buscar) alternativas que les aseguren un servicio digno. 

El autobús como alternativa "fiable"

Uno es Nico, un joven de Mataró, que cada día va a trabajar a Barcelona, cerca del Arc de Triomf. Según explica a El Nacional, hace años que decidió que la mejor opción era el autobús interurbano, “aunque me deje más lejos del trabajo”, dice. No es una cuestión de ir más deprisa, ya que el trayecto de autobús es de 40 minutos —igual que el tren–, sino de “fiabilidad”, asegura. “Si me aseguraran que el tren funciona bien, iría en tren a Barcelona”, pero según indica, “por ahora, no me he planteado hacer este cambio”. 

Como él, muchos otros catalanes que han perdido la confianza con Rodalies, hacen uso de los autobuses interurbanos, una alternativa que cada vez va más al alza. En el año 2025 SE registraron 90 millones de viajes, 8 millones más que el año pasado y 30 más que hace tres años. Una tendencia que indica que el autobús interurbano se ha convertido en una pieza esencial de la movilidad del país. La demanda creciente —se espera que este 2026 se llegue a los 100 millones de viajes— ha hecho que los autobuses vayan más llenos y los pasajeros tengan que hacer a menudo los trayectos por autopista de pie, una circunstancia que “antes era puntual”, afirma Nico. 

Los autobuses interurbanos, una tendencia al alza / ACN


Por ello, la Generalitat prevé incrementar la flota hasta 1.900 vehículos —actualmente hay 1.597— antes de finales de 2028 y ya ha anunciado un plan de choque con actuaciones urgentes, cifradas en cerca de 22 millones de euros, que mejorarán un total de 95 corredores: 50 en Barcelona, 13 en Girona, 10 en Lleida y 22 en Tarragona.

Una odisea para ir de las Franquesas a Santa Coloma

Otro usuario que se plantea abandonar Rodalies es Arnau, que coge el tren cada día desde Les Franqueses hasta Sant Andreu (Barcelona) para ir a trabajar a Santa Coloma de Gramenet. Antes de las obras de desdoblamiento de la R3 —desde el martes se ha restablecido el servicio entre la Garriga y Ribes de Freser, mientras que el resto de la línea se tiene que hacer por carretera—, su trayecto duraba poco más de una hora, pero desde entonces, optó por ir con la R2 Nord. “Me queda más lejos de casa y, en total, estoy alrededor de una hora y media”, dice. 

Según Arnau, la regularidad de los trenes se ha ido perdiendo con los años. “Antes de la pandemia solía ir bastante puntual, pero desde entonces lo más normal es que llegue tarde”, comenta con cierta desesperación. Además, “si no viene un tren porque se ha cancelado o llega muy tarde, va muy lleno y es realmente incómodo”, añade. Tampoco entiende, dice, “cómo se ha llegado a esta situación por unas lluvias” y cree que “no se está atacando a la raíz del problema”. Por eso, explica que se plantea hacer el trayecto en coche si después del verano no ha mejorado el servicio, aunque esto le suponga un gasto más elevado. “Estoy harto”, termina.  

Las obras del túnel del Garraf, uno de los puntos calientes

Quien de momento no se plantea cambiar es Maria Antonia, usuaria de Rodalies desde hace 35 años. Cada día coge el tren en Vilanova i la Geltrú hasta la estación de Passeig de Gràcia, en Barcelona, muy cerca de donde trabaja, y explica a El Nacional que ha visto cómo el servicio “empeoraba” durante estos 35 años: “Tardaba 40 minutos en hacer el mismo trayecto que ahora hago con 60 minutos”. Antes, dice, había menos trenes, pero eran semidirectos de Vilanova a Barcelona, en cambio, desde hace años hay más y paran en todos los pueblos. Este aumento de la frecuencia de paso “no ha ido acompañado de una mejora de las infraestructuras”, se queja. 


Precisamente, la línea R2 Sud —una de las principales líneas de Rodalies— es actualmente uno de los puntos calientes de la red catalana. Desde el 16 de marzo y hasta el mes de junio, Adif está llevando a cabo obras de mejora del túnel entre Garraf y Sitges, lo cual implica la circulación en vía única en este trayecto y la modificación de la oferta de los trenes de las líneas que van hacia el sur del país (R2 Sud, R13, R14, R15, R16, R17 y Regionales). Esta semana, el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ha indicado que ya se han llevado a cabo los trabajos en el lado montaña del túnel y que en los próximos días se empezará a trabajar en el lado mar, con la colocación de hormigón. Se trata solo de obras de mantenimiento de un tramo dañado desde hace años por su exposición al oleaje del mar.

Estos dos meses, sin embargo, no han sido sencillos para los usuarios de las líneas afectadas, que han tenido que adaptarse a esta situación. Como Maria Antonia, que asegura que sale desde el inicio de las obras, sale de casa media hora antes y las dos primeras semanas llegó a casa “más tarde de las diez de la noche”. A falta de poco más de un mes para que se reanude la normalidad en este tramo, algunos usuarios han optado por la alternativa por carretera —se han reforzado las líneas de autobús interurbanas hacia el sur—, aunque, “en horas punta solo tardar más por el tráfico de entrada a la ciudad”, asegura. Así, las obras, aunque son necesarias, “es más bien una limpieza de cara y para tapar agujeros después del accidente”, espeta.