Las elecciones municipales y autonómicas del Reino Unido, de las que aún no se conoce el resultado definitivo, pese a celebrarse el jueves, pero que ya está muy avanzado, ofrecen varios titulares, todos ellos enormemente llamativos. En primer lugar, la debacle tanto en Gran Bretaña como en Escocia y Gales de los laboristas, el partido del primer ministro Keir Starmer, que ha visto cómo el populista Nigel Farage, al frente de su Reform UK, le avanzaba como un cohete. Gran Bretaña sigue la tendencia de sus vecinos europeos y la derecha populista, también llamada ultraderecha, se convierte en la primera fuerza en concejales y, de los cuatro que tenían, suben a 683, cuando se han escrutado la mitad de los ayuntamientos.
La segunda noticia que afecta a los resultados de Gran Bretaña es cómo ha saltado por los aires el bipartidismo que ha caracterizado allí la política. La eclosión de Reform UK lo cambia todo y deja en mantillas a los laboristas y también a los conservadores. Solo resisten los liberales. Se encamina, por tanto, el Reino Unido hacia un sistema de multipartidos y los votos se dividen entre cinco o seis formaciones, según los sitios. Un escenario absolutamente novedoso en la política británica de los últimos cien años. Starmer, que se las prometía muy felices en el 10 de Downing Street tras las últimas elecciones generales, en que logró la mayoría absoluta en el parlamento de Westminster, hace tan solo dos años se encuentra ahora directamente cuestionado por los resultados.
Los pobres resultados de los laboristas responden a una suma de cosas, pero que se podrían resumir en una ausencia de relato y un colapso en la gestión. Al gobierno tecnocrático de Starmer le falta alma —nada que ver con los tiempos de Tony Blair—, pero también resultados en las políticas concretas. Todo parece demasiado hueco y los problemas en las políticas públicas se acrecientan. Además, su base electoral, que ha ido cambiando en las últimas décadas y a la que se han incorporado sectores universitarios y más cosmopolitas, se siente incómoda con la política de más antiinmigración que nadie. En ese contexto, Farage, que no solo propone un endurecimiento en las políticas contra la inmigración, sino la deportación de los inmigrantes ilegales, ha salido claramente ganador.
Plaid Cymru, el Partido de Gales, de corte independentista y defensor del idioma galés, ha conseguido un hecho histórico al desbancar a los laboristas
En Escocia y Gales, las formaciones independentistas han salido ganadoras. El SNP tendrá una victoria muy clara, aunque por sí solo quedará lejos de la mayoría absoluta. Le jugará a favor que al resto de formaciones, empezando por los laboristas, les ha ido muy mal, y que a los Verdes, que son explícitamente independentistas, también les ha ido bien. En cualquier caso, la propuesta de un nuevo referéndum difícilmente estará en la agenda de los próximos cinco años, ya que ningún gobierno de Londres querrá repetir la experiencia de David Cameron en 2014. Veremos, a partir de ahora, cómo el SNP, que ha tenido que superar escándalos importantes en los últimos tiempos, reconfigura su hoja de ruta y cómo es capaz de mejorar sus resultados.
En Gales, Plaid Cymru, el Partido de Gales, de corte independentista y defensor del idioma galés, ha conseguido un hecho histórico al desbancar a los laboristas, que llevaban en el poder toda la vida y que ahora han caído al tercer lugar, por detrás de Reform. Un auténtico terremoto después de un siglo con los laboristas al frente del timón en Gales. En resumen, cambios históricos en el Reino Unido con contrapesos independentistas en Escocia y Gales.