Las redes sociales se han convertido en un espacio donde la gente comparte sus experiencias, quejas y denuncias, a la espera de conocer la opinión de otros usuarios que quizás han vivido una situación similar. Precisamente eso es lo que ha hecho la creadora de contenido Paula Laguno (@paulisls), que acumula más de 189.000 seguidores en Instagram, donde comparte su vida. Laguno, estudiante de Derecho que vive en Barcelona, ha pasado un mes en Los Ángeles, una aventura que ha difundido a través de las redes. Justo al volver de su viaje, ha relatado una de sus peores experiencias en Estados Unidos: el periplo que vivió para pasar los controles de inmigración. "Esto es lo que no te explican de entrar en Estados Unidos", anuncia la influencer.

"Como ya sabéis, he estado un mes en Los Ángeles; he esperado a estar en España para hacer este vídeo porque no quería que me deportaran", dice Paula, que adelanta que ya tenía su visado y "absolutamente todo en regla". "No iba a trabajar, ni a quedarme, ni nada". La joven creadora de contenido detalla que, cuando aterrizó en Los Ángeles después de volar más de 12 horas, sin poder descansar, se "acojonó". El motivo: el control de inmigración que hacen nada más llegar. "Había hecho un vuelo de 12 horas y 30 minutos y prácticamente no dormí en todo el vuelo para no tener jet lag. Error garrafal".

El control de inmigración, "el trauma de mi vida"

Cuando fue a pasar el primer control, le preguntaron si llevaba alcohol y dijo que sí. Había comprado una botella de vino en España para dársela a un amigo de su padre que vivía en Los Ángeles y que la iba a buscar al aeropuerto, como muestra "de agradecimiento". Y aquí aparece el primer problema para Paula, que tiene 20 años: "Pensaba que únicamente no podías comprar alcohol si no tenías 21 años, pero resulta que tampoco lo puedes tener en posesión". Ella se mostró dispuesta a dejar la botella porque no quería ningún problema, así que los oficiales siguieron con las preguntas reglamentarias. "¿Cuánto dinero llevas en efectivo?, ¿por qué viajas a Estados Unidos?, ¿es la primera vez que vienes?, ¿tienes billete de vuelta?, ¿cuántos años tienes?...", recuerda.

"Y después no sé qué le pasó al oficial, que empezó a desconfiar de mí: me preguntó si conocía a alguien en Los Ángeles y dije que sí, que conocía a esta persona, y me preguntó si podía llamarle. Yo quise avisar al amigo de mi padre, pero me dijeron que no, que les diera el móvil". Los mismos agentes hicieron la llamada para preguntar al hombre si esperaba la visita, quien lo confirmó. "Yo pensaba que ya estaba todo en regla y me dijeron: ‘Ahora lo único que tenemos que mirar es el tema de la botella de vino’". Pero, de repente, el agente le retiró el pasaporte y le dijo que la acompañara a una sala "donde no podía tener el móvil".

@paulisls

Quiero recalcar que este vídeo no tiene ningún fin político; simplemente estoy contando mi experiencia personal. Mi estancia en Estados Unidos fue maravillosa. Ha sido un viaje que me ha cambiado la vida, pero también creo oportuno explicar que no todo ha sido de color de rosa y, aunque ahora lo cuente de manera muy calmada y tranquila, fue una situación un poquito desagradable.

♬ sonido original - Paula Laguno

Dentro de la sala, el tiempo pasaba y Paula recuerda fijarse en que "la mayoría de personas que había en aquella sala eran latinoamericanas, menos un chico de Portugal y yo". "Pasa una hora, no me dicen nada y yo sin poder utilizar el móvil. Pasa otra y nada, una hora más y nada; yo solo miraba el techo. Y, pasada la tercera hora, hago el gesto de mirar la hora en mi reloj de agujas y una de las oficiales me grita que deje ‘el puto reloj’. Yo me quedo a cuadros, ¿qué está pasando? Y veo que empiezan a requisar móviles a gente que avisaba a sus familiares de que los tenían retenidos".

Después de cuatro horas dentro de la sala, Paula fue a pedir información al mostrador de los oficiales sobre la retención, pero nadie le dijo nada. "Hablé con un chico latinoamericano que me dijo: ‘que no te vean nerviosa’, porque si lo notan, te putearán más. Yo estaba que no daba crédito; aquello parecía una película".

A la quinta hora, la hicieron pasar a una sala para repetir las preguntas reglamentarias y ella explicó que creía que la habían parado por la botella de vino, pero los agentes, enseguida, le dijeron que no era por eso. "Pregunto por qué me han retenido y me dicen que no me lo pueden decir. Pasamos a otra sala y me sacan el móvil", narra. "Ponme la contraseña, salgo fuera y, en diez minutos, te lo devuelvo", explica que le dijo un agente. Ella, cansada, lo entregó para poner punto final al periplo y así fue: después de revisar el teléfono, le dijeron que ya podía acceder al país.

Tráfico de personas: ¿posible explicación?

Muchos usuarios han señalado que este comportamiento de los agentes podría tratarse de una medida frente a la trata de personas. Por eso, al ver a una chica de 20 años que viajaba sola y a la que esperaba un hombre mucho mayor, saltaron las alarmas. Sea como sea, Paula califica la experiencia como "el trauma de mi vida", si bien después pudo disfrutar del viaje con total normalidad.